[ELCAMINO] Durante el tiempo de Cuaresma, los fieles católicos solemos realizar el piadoso ejercicio del viacrucis, una antigua y noble devoción que la Iglesia, con su admirable pedagogía, nos propone para mejor acompañar a Jesús en el camino de su pasión y muerte. Se trata de meditar sobre el corazón mismo de nuestra fe: de aquí la importancia de disponer de textos adecuados que expresen, del mejor modo posible, toda la hondura del misterio que se celebra.
Existen numerosos textos, desde los más sencillos a los más profundos en reflexiones teológicas, a menudo acompañados de excelente poesía y de una no menos excelente iconografía. Pero, más allá de la calidad, todos los viacrucis que hemos conocido nos sumergen en el drama del Calvario.
Sin embargo, nos hemos enterado de que, desde hace varios años, circula en ciertos ámbitos católicos una curiosa versión de esta tan querida y apreciada devoción. Se trata de un llamado “viacrucis ecológico”, inspirado en la Encíclica Laudato Si’ del difunto Papa Francisco y promovido por algunas instituciones ecologistas como la denominada Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (REMAM) y el Movimiento Laudato Si’. Católicos por Nuestra Casa Común, este último con filial en Argentina (https://www.instagram.com/vivelaudatosiargentina/).
¿Qué es el viacrucis ecológico? Tal como lo presentan sus promotores se trata de “una propuesta de oración y reflexión cuaresmal que une las estaciones tradicionales de la Pasión de Cristo con el sufrimiento de la tierra y los pobres, fomentando la conversión ecológica y el cuidado de la casa común”. Siempre según sus mentores, su propósito es “pedir perdón por los pecados contra la naturaleza, reflexionar sobre el impacto ambiental (basura, cambio climático, pérdida de biodiversidad) y comprometerse con el desarrollo humano integral”. Por otra parte, “analiza problemáticas como la escasez de agua, la deforestación y la injusticia social que afecta a los más vulnerables, identificando a Jesús en el sufrimiento de la naturaleza”.
















