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miércoles, 6 de abril de 2011

El papa nombró un nuevo obispo para la diócesis de Mar del Plata

El papa nombró un nuevo obispo para la diócesis de Mar del Plata


Buenos Aires, 6 Abr. 11 (AICA).- El Santo Padre Benedicto XVI nombró obispo de la diócesis de Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires, a monseñor Antonio Marino, de 69 años, actualmente obispo auxiliar de La Plata.

La información del nombramiento fue dada esta mañana por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA, en simultáneo con la publicación en Roma.

Desde el 10 de marzo del corriente año, está al frente de la diócesis de Mar del Plata monseñor Armando Nicolás Ledesma, en carácter de Administrador Diocesano, cuando fue elegido por el Colegio de Consultores. Dicho cargo lo ejercerá hasta que monseñor Antonio Marino asuma el gobierno pastoral de esa iglesia diocesana. El anterior obispo de Mar del Plata, monseñor Juan Alberto Puíggari, fue promovido por el papa Benedicto XVI a la sede arzobispal de Paraná, cargo que asumió el pasado 7 de marzo.


Mons. Antonio Marino, obispo electo de Mar del Plata

Nació en la ciudad de Buenos Aires el 11 de marzo de 1942. Fue ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 1971, por el cardenal Juan Carlos Aramburu en la catedral metropolitana de Buenos Aires.

Desde 1973 a 1978 frecuentó los estudios de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Dogmática.

En la Arquidiócesis de Buenos Aires ejerció el ministerio sacerdotal como Vicario en las parroquias San Benito Abad, Nuestra Señora de Monserrat, San José de Flores, Nuestra Señora de Luján Castrense y la Inmaculada Concepción de Belgrano.

Asimismo, ejerció la docencia como profesor en la facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires”.

Desempeñó también los siguientes cargos: Censor arquidiocesano; Director espiritual del seminario mayor metropolitano de Buenos Aires; Asesor teológico y doctrinal de la Comisión de Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina y Juez adjunto del Tribunal Eclesiástico Nacional.

En 1993 Juan Pablo II lo distinguió con el título pontificio de Prelado de Honor de Su Santidad.

El 11 de abril de 2003, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Basti y auxiliar de la arquidiócesis de La Plata. Fue ordenado obispo el 31 de mayo de 2003 en la catedral de La Plata, por monseñor Héctor Aguer como consagrante principal y fueron co-consagrantes Mons. Estanislao Esteban Karlic y Mons. Mario José Serra.

En la Conferencia Episcopal es miembro de las Comisiones de Fe y Cultura y de Ministerios.

jueves, 17 de marzo de 2011

Monseñor Puiggari recibió al gobernador entrerriano

Monseñor Puiggari recibió al gobernador entrerriano


Paraná (Entre Ríos), 15 Mar. 11 (AICA).- El flamante arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, recibió el pasado jueves en la sede de la curia local al gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, ante quien expresó su voluntad de colaborar y se manifestó abierto a todo lo que se pueda aportar desde la Iglesia.

“Tengo el mejor espíritu de colaborar y tengo muchas perspectivas de buen diálogo con el gobernador”, dijo.

El prelado agradeció al mandatario provincial que se haya acercado a saludarlo y consideró que fue un encuentro “muy lindo y grato en el que aprovechamos para conocernos y recordar una época pasada que compartimos”.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Mons. Puiggari asumió como nuevo arzobispo de Paraná

Mons. Puiggari asumió como nuevo arzobispo de Paraná


Paraná (Entre Ríos), 8 Mar. 11 (AICA).- Monseñor Juan Alberto Puiggari, quien en octubre de 2010 fue designado por Benedicto XVI arzobispo de Paraná, tomó ayer posesión de esta jurisdicción eclesiástica al suceder en el cargo a monseñor Mario Maulión.

El prelado llegó al puerto de la ciudad de Paraná, trasladado por una embarcación de la Prefectura Naval. Desde allí se traslado en un automóvil convertible Chevrolet 1947 acompañado por una guardia de honor a cargo de efectivos de la Policía provincial, hasta la 1º de Mayo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Arzobispo se despide con conmovedor pedido a fieles

Arzobispo se despide con conmovedor pedido a fieles


BUENOS AIRES, 25 Feb. 11 (ACI).- El Arzobispo de Paraná (Argentina), Mons. Juan Alberto Puiggari se despidió de la diócesis de Mar del Plata, que dirigió por diez años, pidiendo a los fieles que no dejen de trabajar por la familia y la defensa de la vida.

En una Misa concelebrada por más de 50 sacerdotes el 22 de febrero en la Catedral de Mar del Plata, Mons. Puiggari exhortó a los fieles a que "cuiden a los pobres y a los enfermos, a los que están solos, a los que no tienen fe, que el amor sea un signo distintivo de nuestra Iglesia".

El Prelado dejó en manos de Dios y de los fieles el "balance" de su labor, pues "ante tanto cariño que ustedes me han demostrado en estos días, escucho con insistencia en mi corazón las palabras del Maestro: siervo inútil sólo has cumplido con tu deber".

jueves, 30 de diciembre de 2010

Celebrar la vida asumiendo compromisos concretos - Mons. Juan Alberto Puiggari

Celebrar la vida asumiendo compromisos concretos
Mons. Juan Alberto Puiggari


Mar del Plata (Buenos Aires), 29 Dic. 10 (AICA).- El administrador apostólico de Mar del Plata, monseñor Juan Alberto Puiggari, expresa en su mensaje de Navidad que “la presencia del Hijo de Dios en nuestra carne no viene a hacer violencia, ni a aniquilar lo humano sino a introducirnos en un horizonte de eternidad”, y llama a celebrar “con fe y esperanza la Navidad”, que “es el comienzo de una Vida Nueva, es la certeza de que Dios no abandona al hombre” sino que “viene a su encuentro en Jesucristo para ser su camino y hacerlo partícipe de su misma Vida”.

El prelado llama también a contemplar al Niño de Belén “que nace en una profunda humildad”, y a ofrecerle “un corazón bien dispuesto para que Él nazca también en nuestro interior, en nuestras familias, para que anunciemos con firmeza y amor a todos los hombres de nuestro tiempo el mensaje de vida, de amor y de paz que se manifiesta de modo concreto en la persona y la vida de Jesucristo”.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La diócesis de Mar del Plata celebrará la belleza de la familia

La diócesis de Mar del Plata celebrará la belleza de la familia


Mar del Plata (Buenos Aires), 3 Set. 10 (AICA).- Mañana, sábado 4 de septiembre, el Polideportivo “Islas Malvinas” de Mar del Plata recibirá a miles de personas que realizarán una gran fiesta de la familia.

El acto, que se prevé multitudinario y promete ser un verdadero acontecimiento de música, color y alegría, se iniciará a las 15 y culminará con la misa presidida por el obispo de Mar del Plata, monseñor Juan Alberto Puiggari.

Habrá variados momentos en los que se realzará el valor de la familia. Como invitado especial cantará el folclorista Facundo Saravia.

martes, 10 de agosto de 2010

Mons. Puiggari pidió preservar las fuentes de trabajo

Mons. Puiggari pidió preservar las fuentes de trabajo


Mar del Plata (Buenos Aires), 9 Ago. 10 (AICA).- Una multitud de fieles se acercó el sábado pasado al santuario marplatense de San Cayetano, ubicado en Moreno 6776, para celebrar el día del santo patrono del pan y del trabajo. El obispo de Mar del Plata, monseñor Juan Alberto Puiggari, presidió la procesión y la misa concelebrada con monseñor Armando Nicolás Ledesma, vicario general, y otros sacerdotes de la ciudad.

Durante la homilía y en consonancia con el lema elegido para esta fiesta “San Cayetano, en familia por el pan y el trabajo de la vida", el prelado marplatense pidió por todas las necesidades de las familias.

“Estamos en el bicentenario y queremos con la gracia de Dios una patria mejor; no nos conformamos con las mentiras de hoy, con esta Argentina donde hay tanta injusticia, desigualdad, inseguridad, tanto paganismo, sin descubrir que somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros. Por eso le pedimos a San Cayetano que nos ayude con nuestro trabajo y oración a reconstruir las familias en Jesucristo. La familia necesita del trabajo y el pan para vivir dignamente, no necesitamos de dádivas o de limosnas”, expresó.

martes, 6 de julio de 2010

Embestida de la Iglesia contra el proyecto de matrimonio gay

Embestida de la Iglesia contra el proyecto de matrimonio gay


El obispo Puiggari dijo que cambios como la ley de matrimonio no se pueden hacer "tan a la ligera". Y afirmó que está desilusionado con la decisión que tomaron los legisladores.


El obispo de Mar del Plata, Juan Alberto Puiggari, advirtió que cambios como la reforma de la legislación sobre matrimonio "no se pueden hacer tan a la ligera" y dijo estar "desilusionado de los representantes" que votó porque presentaron el proyecto de casamiento gay.

El prelado señaló que "cuando se pretende cambiar algo tan esencial a una sociedad, que es incluso muy anterior a la misma patria, no se puede hacer tan a la ligera sin una reflexión seria, como la han hecho todos los países del mundo".

Según la visión de Puiggari, "si se ve como una urgencia, es lícito que la población se exprese porque en la campaña electoral ningún candidato nos dijo que tenía entre sus proyectos esta iniciativa".

viernes, 28 de mayo de 2010

Recuperar sentido auténtico del amor en familias, alienta congreso en Argentina

Recuperar sentido auténtico del amor en familias, alienta congreso en Argentina


MAR DE PLATA, 26 May. 10 (ACI).- El Congreso Diocesano de la Familia, realizado este fin de semana en Mar del Plata (Argentina), subrayó la necesidad de recuperar el sentido auténtico del amor, como clave para construir matrimonios estables y duraderos, sobre los cuales se sostengan adecuadamente las familias.

Según informa la Oficina de Prensa del Obispado de Mar del Plata, el congreso congregó a 800 representantes de parroquias, capillas, movimientos y colegios.

Durante su intervención, el Obispo de Mar del Plata, Mons. Juan Alberto Puiggari, señaló que aunque la "cultura relativista y secularista" de hoy "afecta muy seriamente a la familia", realza, por contraste, la importancia de la misma y su valor para la sociedad, enmarcándonos en "la hora de la familia".

jueves, 27 de mayo de 2010

Reconciliación es tarea impostergable en Argentina, recuerda Obispo

Reconciliación es tarea impostergable en Argentina, recuerda Obispo


MAR DE PLATA, 25 May. 10 (ACI).- El Obispo de Mar de Plata, Mons. Juan Alberto Puiggari, alentó a construir una Argentina justa y solidaria, teniendo en cuenta que la reconciliación es la primera tarea que debe realizarse, en la homilía del Te Deum que presidió en la Catedral local esta mañana al celebrarse el Bicentenario de la independencia del país.

En la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, el Prelado se refirió a las raíces cristianas de Argentina y resaltó que "es necesario respetar y honrar nuestros orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin mirar el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia".

Exhortando a los argentinos a trabajar hacia "un camino de grandeza, digno del sueño de nuestros próceres", el Obispo resaltó que "la primera tarea que no puede ser postergada es la reconciliación, nos duele la diferencia y el enfrentamiento entre los argentinos. Urge recrear las condiciones políticas institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males, la situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todo los argentinos, en particular de los dirigentes".

jueves, 20 de mayo de 2010

La Iglesia en Mar del Plata realizará su congreso de la familia

La Iglesia en Mar del Plata realizará su congreso de la familia


Mar del Plata (Buenos Aires), 20 May. 10 (AICA).- Los días 21, 22 y 23 de mayo, en las instalaciones del Colegio Santa Cecilia, de Mar del Plata, se desarrollará el Congreso Diocesano de la Familia, que reunirá a 700 delegados de capillas, colegios, movimientos e instituciones de Miramar, Necochea, Lobería, Balcarce, Mar Chiquita, Villa Gesell, General Madariaga y Pinamar, que conforman la diócesis de Mar del Plata.

La familia es un tema central para la vida de cada persona. El ser humano, hombre y mujer, crece y se desarrolla en todas sus dimensiones -espiritual, afectiva, humana, corporal, etc.- en el seno de una familia que debe cuidar y acompañar ese crecimiento. Por eso como Iglesia de Mar del Plata queremos reflexionar sobre esta temática”, explicó el presbítero Gabriel Mestre, presidente de la comisión ejecutiva del Congreso.

Las jornadas se enmarcan en el Año Diocesano de la Familia, que comenzó en diciembre y se extenderá hasta fines de 2010.

Tendrá como oradores al Obispo de Mar del Plata, Monseñor Juan Alberto Puiggari, y Paola y Héctor Delbosco, filósofos y pedagogos provenientes de Buenos Aires.

martes, 23 de marzo de 2010

Ciencia no puede olvidar centralidad del ser humano, dice Obispo de Mar del Plata

Ciencia no puede olvidar centralidad del ser humano,
dice Obispo de Mar del Plata


BUENOS AIRES, 18 Mar. 10 (ACI).- El Obispo de Mar del Plata, Mons. Juan Alberto Puiggari, señaló que la ciencia y la técnica no pueden olvidar nunca la centralidad del ser humano, concretamente en el campo de la medicina, en donde las personas han de recibir siempre un trato acorde a su dignidad.

Así lo indicó el Prelado al presidir la Eucaristía con motivo del comienzo de la carrera de medicina en la Universidad de Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA).

El Obispo alentó a que "se instruya a los jóvenes con un concepto donde la ciencia esté centrada en el hombre. Tal vez uno de los problemas más serios de la ciencia y de la técnica es el olvido del hombre".

Luego el prelado le pidió a Dios que "ilumine y bendiga esta iniciativa, a los profesores, a los alumnos para poder formar a médicos que descubran en el paciente, a una persona en su integralidad, cuerpo y alma; que no sólo necesita que le tomen la presión o le den algún parámetro médico, sino que necesita ser reconocido como persona".

Asimismo pidió especialmente a todos los alumnos que comienzan la carrera de medicina, y que en el futuro serán médicos, que no sólo apliquen sus conocimientos sino que también puedan mantenerse cercanos espiritualmente a las personas.

"Qué distinto es cuando el médico pasa como un observador de la tecnología de hoy casi sin dirigir una palabra al enfermo, a que el médico sea capaz de ver en el enfermo a un hermano, en el que una palabra, un gesto de cercanía logrará mucho más que la curación del cuerpo", dijo el Obispo de Mar del Plata.

Finalmente insistió que "al final es Dios quien decide la vida o la muerte de una persona, pero ahí están los médicos, ayudando a sobrellevar esas dificultades. Que sean conscientes, los que se formen en esta casa, del momento privilegiado para hacer sentir al enfermo todo el afecto, la fraternidad y la humanidad que hay que poner en este mundo que se desangra por el olvido del hombre y de Dios".



domingo, 3 de enero de 2010

Carta Pastoral con ocasión de la celebración del Año de la Familia - Mons. Juan Alberto Puiggari

 Carta Pastoral con ocasión de la celebración del Año de la Familia
Mons. Juan Alberto Puiggari
Mar del Plata 2010


La familia, comunidad de amor al servicio de la vida

Queridos hermanos y hermanas:

El adviento marca el inicio de un nuevo año litúrgico y nos sitúa ante la historia en la perspectiva de la salvación. La gracia de Dios da fecundidad al esfuerzo cotidiano que cada uno de ustedes realiza en la gran familia diocesana. Doy gracias al Señor por todos los frutos que nos ha concedido durante el año por la vida y los convoco a proyectar las actividades de nuestras comunidades en el marco de la pastoral orgánica dedicando el año 2010 a la familia.

Al inicio de su pontificado, el Siervo de Dios Juan Pablo II, decía: “El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social -en el ámbito de la propia familia, en el ámbito de la sociedad y de contextos tan diversos- es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo, vía que inmutablemente conduce a través del misterio de la Encarnación y de la Redención.”[1]

Nuestra opción pastoral, centrada en la llamada a la santidad, quiere poner su mirada en el camino, que por encargo del Señor, recorre la Iglesia: el hombre y la mujer, de manera particular, en esta dimensión fundamental de su existencia que es la familia. “Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas” [2] proponíamos los Obispos de la Argentina en este camino hacia el Bicentenario. Les pido a todos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, fieles laicos, comunidades, instituciones educativas y movimientos que proyecten acciones pastorales concretas para que este tema sea una prioridad en la reflexión, en el estudio, en la catequesis, en la oración, en la celebración, que permitan un renovado paso del Señor por todas las familias de nuestra diócesis.


1. La familia, un gran tesoro




Este año ha de ser una oportunidad para que anunciemos con renovado ardor y valoremos con compromiso efectivo el tesoro de la familia. Contemplemos el misterio de amor que se manifiesta en la Navidad. El Hijo unigénito de Dios asume nuestra carne, entra en nuestra historia y, desde dentro mismo de nuestra humanidad, nos abre las puertas de la intimidad de la vida divina, que es Trinidad. El Dios todopoderoso se hace pequeño y vulnerable, asume la aventura de la vida humana desde el momento de la concepción en el seno de la Virgen María. La encarnación redentora acontece en una familia. El Hijo de Dios asume las alegrías y las dificultades, los esfuerzos y los sacrificios, semejantes a los que viven nuestras familias. De este modo nos muestra que la familia es un tesoro para Dios.

“El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”.[4] Estas palabras del Concilio nos recuerdan la íntima vinculación de Jesucristo con cada persona, que es “alcanzada” por su amor en el seno mismo de la familia. La familia, lugar originario donde el hombre y la mujer conforman una comunidad de amor al servicio de la vida, es elegida por Dios como lugar de salvación. En ella cada persona puede, con ayuda de la Gracia divina, alcanzar la madurez integral. Dios nos llama a acoger su Vida en nuestras familias. Solo su presencia puede hacer de cada familia lugar de realización plena y santuario de la vida. Por eso los invito a dejarse guiar por la Sagrada Familia. Jesús, José y María nos enseñan a ser familia, nos muestran el modo en que debemos vivir este tesoro. La Navidad nos dará la oportunidad de volver a meditar los relatos del Evangelio donde aparece el testimonio luminoso de la Familia que nos acompaña y nos enseña hoy a ser familia. Les pido, entonces, déjense guiar por ellos y, por medio de la reflexión, la lectura orante de la Palabra, y una renovada vida sacramental, adéntrense en la escuela de la Sagrada Familia para cultivar las virtudes de la vida familiar.[5]

A lo largo de este año escucharemos muchas veces la palabra familia. No es tan solo un concepto, sino que evoca una multiplicidad de vivencias y recuerdos, que hacen presente la alegría, la emoción e incluso la tristeza por dolores que han signado la historia o son parte, hoy, de la realidad familiar. La familia implica la vida de todo hombre y de toda mujer, se despliega en unas coordenadas precisas de espacio y de tiempo, hace presentes rostros concretos de hijos e hijas, de papá y de mamá. Sé que muchas familias atraviesan hoy momentos de dificultad, que sufren el drama de la división, de la enfermedad, de la falta de trabajo, de la separación. Comprendo la especial situación de quienes han formado una nueva pareja y la de aquellos que se encuentran solos y no tienen hoy una familia. A todos les recuerdo que el Señor los acompaña, que somos parte de la familia de la Iglesia, que estamos llamados a crecer como comunidad de amor. Por cada uno de ustedes elevo mi oración. Asimismo, los invito a contemplar la propia realidad familiar, a redescubrir el gran tesoro que es la familia en cada vínculo, en cada rostro y asumir con valor y espíritu de conversión la renovación profunda de sus familias a la luz del Evangelio.




2. La hora de la familia


En el discurso antes citado, Benedicto XVI continua: “Sin embargo, [la familia] en la actualidad sufre situaciones adversas provocadas por el secularismo y el relativismo ético, por los diversos flujos migratorios internos y externos, por la pobreza, por la inestabilidad social y por legislaciones civiles contrarias al matrimonio…”[6]

Las palabras del santo Padre reflejan la compleja realidad actual que constituye un gran desafío para la familia. El secularismo, el relativismo ético, el hedonismo, el primado de la libertad individual deficientemente comprendida, han dado lugar a líneas de reflexión y de acción cultural contrarias a la naturaleza de la familia. Sobre estos fundamentos se han desarrollado visiones inadecuadas de la persona, de su corporeidad y de la sexualidad, por ejemplo en la llamada “perspectiva del genero”. Los “nuevos modos” de concebir los vínculos afectivos entre las personas llegan a cuestionar la institución matrimonial y la familia, alcanzando incluso dimensión legislativa. Estos y otros elementos, unidos a la desvalorización de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, son algunos de los rasgos culturales que ponen de manifiesto la urgente necesidad de una formación de la conciencia en la verdad sobre el bien de la persona y de la familia.[7]

“Pero a pesar de todo, percibimos que la familia es un valor apreciado por nuestro pueblo. El hogar sigue siendo un lugar de encuentro de las personas y en las pruebas cotidianas se recrea el sentido de pertenencia. Gracias a los afectos auténticos de paternidad, filiación, fraternidad y nupcialidad, aprendemos a sostenernos mutuamente en las dificultades, a comprendernos y perdonarnos, a corregir a los niños y a los jóvenes, a tener en cuenta, valorar y querer a los abuelos y a las personas con capacidades diferentes. Cuando hay familia, se expresan verdaderamente el amor y la ternura, se comparten las alegrías haciendo fiesta y se solidarizan sus miembros ante la angustia del desempleo y ante el dolor que provoca la enfermedad y la muerte”. [8]

Por este motivo los invito a reflexionar y discernir con atención los rasgos de la cultura contemporánea que afectan a la concepción y dignidad de la persona y de la familia. Accesibles a la razón, por estar contenida en la ley natural, a la luz de la Palabra de Dios y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia debemos redescubrir la verdad de la familia. Soy consciente de que enfrentamos grandes desafíos. Sin embargo, estoy convencido de que esta es la hora de la familia. Nuestra preocupación por la vida, por los niños y los jóvenes, por la patria bicentenaria, por la paz y el desarrollo, por la cultura solo hallarán respuesta en la familia. Somos conscientes de la necesidad de toma de decisiones y aplicación de medidas a nivel internacional y nacional para reconducir las cosas desde el orden moral objetivo. No obstante, quiero que valoren cada una de las acciones que a nivel de las familias, de las comunidades e instituciones, estamos poniendo en marcha y fortaleceremos a lo largo de este año. La necesidad de una transformación profunda nos interpela y es un llamado a cada familia, para que como comunidad de amor al servicio de la vida, asuma este desafío de transformación cultural.




3. Celebremos y anunciemos la belleza de la familia


¡Familia ábrele las puertas a Cristo!


El primer llamado que quiero hacer a las familias es el de recuperar y fortalecer la dimensión religiosa. La conocida escena evangélica de Zaqueo (Cf. Lc 19,1-10) nos invita a abrir las puertas del corazón y del hogar a Jesucristo. Zaqueo se deja encontrar por el Hijo de Dios que lo busca, lo mira con ternura y va a su casa. El encuentro con el Señor cambia la vida de este hombre y de su familia. Déjense encontrar por Jesucristo, dejen entrar al Señor a su casa, permítanle sentarse a la mesa familiar. ¡Ábranle a Jesucristo las puertas del corazón y del hogar! Sólo El tiene palabras de vida eterna, sólo Él puede darles el verdadero alimento (Cf. Jn 6), sólo Él puede iluminar el camino de la familia y sostener los vínculos, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Cf. Jn 14,6).

Esta apertura del corazón y del hogar a Jesucristo se tiene que cristalizar en gestos y actitudes concretas y cotidianas. Tienen que animarse a hacer experiencia familiar de Cristo en la oración común, en la bendición de los padres a los hijos, en la celebración del domingo en familia que alcanza su cumbre en la participación en la Misa. No esperen a que se manifiesten los problemas para acudir a Dios, más bien, fundamenten en Él la vida familiar para lograr la fortaleza y la madurez para enfrentar los desafíos. Lean y mediten el Evangelio en familia con frecuencia para que la Palabra de Dios sea cimiento del hogar. El ámbito privilegiado y la escuela donde se encarnan las actitudes que nos enseña el Señor es la familia. En la hora de la prueba y del dolor acudan a Él, recordando el llamado del Señor a cargar con la cruz cotidiana (Cf. Mt 16,24). Al contemplar en familia el misterio del amor de Dios también ustedes dirán conmovidos “Señor a quien iremos si tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Cultivar la religiosidad familiar es el mejor antídoto contra la hegemonía de la televisión, la discusión o la indiferencia. La religiosidad no es algo ajeno a la familia, es más bien su “ambiente vital”. De este modo el Señor puede morar con nosotros y hacer del hogar una verdadera comunidad de amor al servicio de la vida. La familia que reza unida permanece unida[9].

Permítanme insistir en la importancia del domingo. Debemos recuperar el día del Señor y de la familia. La familia, iglesia doméstica, ve coronada su comunión de amor en la participación viva en la mesa de la familia eclesial. Participando en la mesa de Cristo se nutre con el alimento que da origen a la verdadera comunión y el Señor vive en el corazón de la familia. El sacrificio de amor de Cristo es modelo y fuerza que suscita y sostiene cada sacrificio familiar. La presencia real de Cristo, adorado en familia, saca del individualismo a cada uno de sus integrantes y lo ayuda a crecer en la alteridad y en el servicio. Todas las parroquias y las comunidades educativas deben asumir el desafío de una profunda renovación, que tenga su fuente y culminación en la Eucaristía y que debe tener como horizonte la inserción y, el acompañamiento de las familias.[10] La parroquia debe ser familia de familias.


¡Familia cuida, ama y promueve la vida!


El evangelio de la vida que hemos anunciado y meditado el año pasado está íntimamente unido a la familia. La familia es el santuario de la vida. Es en la familia, comunidad de amor de los esposos, donde debe ser engendrada, cuidada y protegida la vida. La vida humana reviste siempre una particular fragilidad, es especialmente vulnerable en su inicio y en su final. La familia es garante y custodio de la vida, a ella ha sido confiada y reviste una grave responsabilidad de los padres asumir este servicio. Ninguna instancia social, política o económica, puede arrebatarle este derecho y este deber. Por el contrario, debemos exigir a dichas instancias el desempeño subsidiario y solidario de su función. Recordemos la gravedad particular que reviste el aborto. Es un “no” a la vida y al mismo tiempo un “no” a la familia. Es una mutilación de la familia en el seno de la mujer. El amor y la vida no son dos realidades independientes y manejables según las conveniencias o gustos subjetivos. Amor y vida son dos dimensiones inseparables que solo se pueden vivir integralmente en el horizonte de la dignidad de la persona.


¡Familia educa en la verdad!


La familia es el ámbito originario de la educación. Qué es la educación sino un proceso de maduración integral de la persona a la luz de la verdad. En el hogar se forman los cimientos de la personalidad, de la conciencia y se desarrollan las virtudes que permiten guiar a la persona a una madurez plena e integrada. La familia es el ámbito para descubrir, aceptar y madurar la propia identidad, como varón o como mujer. Es, también, el espacio en el que se puede descubrir la propia vocación como camino de plenitud. En la familia cada miembro puede vivir, en su sentido más genuino, la libertad como capacidad para de realizar el proyecto de vida. La dinámica del amor vivido en la familia se vuelve, en los hijos, proyecto de amor que da lugar a nuevas familias, consagrados y sacerdotes, hombres y mujeres gestores de un cultura del amor y de la vida. Queridos padres acompañen incondicionalmente a sus hijos en este proceso y no los dejen a merced de propuestas e idolologías que llevan a una “construcción subjetivista y arbitraria” de la identidad y del proyecto de vida. “Como muchas veces hemos dicho, el diálogo es esencial en la vida de toda familia y de cualquier construcción comunitaria. El que acepta este camino amplía sus perspectivas. Gracias a la opinión constructiva del otro, descubre nuevos aspectos y dimensiones de la realidad, que no alcanzaría a reconocer en el aislamiento y la obstinación[11]. Les pido que participen activamente en las comunidades educativas donde se forman sus hijos y que sean protagonistas de su formación.


¡Familia, despliega la creatividad del amor!


Los animo a desplegar la creatividad el amor que asume el desafío del perdón, de la misericordia, de la reconciliación. Se trata de la respuesta adecuada a los conflictos y enfrentamientos, a las divisiones y rencores, a las diferencias generacionales y a los resentimientos. San Pablo la expresa con esta exhortación: “No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien” (Rm 12,21). La creatividad del amor nos inserta en un horizonte más amplio que el de los propios intereses moviéndonos a comprender al otro en su complejidad y realidad. Nos vuelve más sensibles y atentos a los hermanos más necesitados y débiles, comenzando por los miembros de la propia familia. Sostenida por la caridad divina nos impulsa más allá de todo límite impuesto por el cálculo y la conveniencia. En esta creatividad, el amor se caracteriza por no tener medida y se nutre en su fuente que es Dios. El amor es la fuerza creadora en la que tiene origen cada vida humana, que ha revelado y comunicado Jesucristo y que se ha manifestado en la cruz como amor hasta el extremo (Cf. Jn 13,1). Se trata, en definitiva, de la creatividad de la gracia divina que se vale de signos, palabras y personas, consagradas al servicio de la comunicación de la vida divina en los sacramentos, y que asume, de manera particular, a la familia para que sea su santuario.

Para finalizar, los convoco a celebrar y anunciar con gozo la belleza de la familia. A lo largo del año habrá propuestas diocesanas, nos reuniremos en un congreso para estudiar la problemática de la familia en nuestra diócesis, nos reuniremos para celebrar este don de Dios, pero les pido a todos que acompañen y sostengan las acciones que cada comunidad ponga en práctica. Los invito a entronizar en el hogar el ícono que acompaña nuestro camino pastoral. Con su ayuda, cada día, volvamos la mirada a la Sagrada Familia, permanezcamos en su escuela y asumamos con compromiso la hora de la familia, tesoro que Dios ha regalado a la humanidad y que es responsabilidad nuestra cuidar.

Quédate con nosotros Señor.
Quédate en nuestra familia,
ilumínanos en la noche de la duda,
sé sostén en nuestras dificultades,
consuélanos en nuestros sufrimientos y
haz fecunda la fatiga de cada día.
Aleja de nuestro hogar todo mal y
afirma nuestros pasos en el bien y en el amor.
Te pedimos por las familias de nuestra comunidad,
de nuestra diócesis y de nuestra Patria.
Ayúdanos a trabajar unidos,
a cultivar los valores, a defender con pasión la vida.
En esta hora de la familia te pedimos la gracia
de anunciar y valorar el tesoro de la familia,
cuando en torno a ella se acumulan sombras que amenazan su unidad y su naturaleza.
Tú que eres la Vida, quédate en nuestros hogares, para que sigan siendo nidos
donde nazca la vida humana, se la acoja, se la ame y se la respete,
desde su concepción hasta su término natural. Amén
[12]

Queridos hermanos y hermanas, El Evangelio de Jesús nos ofrece motivos de sobra para alentar este espíritu misionero, al que nos convoca Aparecida. Su mensaje es el que necesitamos escuchar para alcanzar una vida mejor, restaurando la familia en Cristo, como salió del corazón de Dios a imagen de la Trinidad Santísima, teniendo como modelo la Sagrada familia de Nazaret. “No hay excusas que justifiquen la dejadez y las demoras. El Espíritu Santo puede infundirnos toda la fuerza y el impulso que nos hace falta. María es el signo de esperanza más bello que podemos pedir. Naveguemos mar adentro nutridos por la Palabra y reconfortados en el banquete de la Eucaristía.”[13]

Con mi aprecio y bendición.




+ Juan Alberto Puiggari
Obispo de Mar del Plata




_______
Notas:
[1] Juan Pablo II, Carta Encíclica “Redemptor Hominis” 14.
[2] 96º ASAMBLE PLENARIA C.E.A., “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad” 32.
[3] Benedicto XVI, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Discurso Inaugural 5.
[4] GS 22.
[5] Cf. Benedicto XVI, Discurso al final del rezo del Santo Rosario en el Santuario de Nuestra Señora
Aparecida, 12 de mayo de 2007.
[6] Ibíd.
[7] Cf. VS 64
[8] C.E.A., “Navega Mar Adentro” 43.
[9] Juan Pablo II, Carta Apostolica “Rosarium Viriginis Mariae” 41.
[10] Cf. Ap 170. También 99.169.
[11] 96º ASAMBLEA PLENARIA C.E.A., “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad” 16
[12] Cf. Benedicto XVI, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Discurso Inaugural 6.
[13] C.E.A., “Navega Mar Adentro” 100












En Aparecida, el Santo Padre ha recordado con vigor: “La familia, «patrimonio de la humanidad», constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente.”[3]

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Los invito a tener la grandeza que nos exige el momento - Mons. Juan Alberto Puiggari

Los invito a tener la grandeza que nos exige el momento
Mons. Juan Alberto Puiggari
Obispo de Mar del Plata


BUENOS AIRES, 07 Dic. 09 / 11:48 pm (ACI): Una multitud de fieles se congregó este sábado en la puerta de la Gruta de Lourdes para caminar hasta la catedral de los Santos Pedro y Cecilia, junto a la imagen de la Virgen de Luján, en la 36° edición de la tradicional Marcha de la Esperanza que se realizó en Mar de Plata, Argentina.

Los miles de participantes, que llegaron a colmar 12 cuadras, marcharon bajo el lema "Madre, a tu corazón confiamos la causa por la vida" y fueron acompañados por el Obispo de Mar de Plata, Mons. Juan Alberto Puiggari, quien presidió una Eucaristía al finalizar el concurrido evento.

Tras esta intensa marcha, el Prelado presidió una Misa con la que se inauguró el Año Diocesano de la Familia. En su homilía señaló: "es difícil agregar palabras a todo lo que hemos escuchado, orado, cantado, a todo lo que seguramente está en el corazón de cada uno de ustedes. Por eso llenos de gratitud y alegría estamos culminando con esta Eucaristía. Esta Marcha, como todos los años, ha sido una manifestación del amor de ustedes a nuestra Madre Santísima".

"Ante tantos signos de muerte, tantas víctimas inocentes, tanto dolor, tanta violencia e injusticia no hemos reaccionado por el derrotismo o por el «no te metás». Por el contrario, hemos querido comprometernos y por eso estamos acá, para ser discípulos de Aquel que es la vida y misioneros de esa vida plena que nos vino por María, con la seguridad de que le estamos ofreciendo a este mundo la salvación y la felicidad que tanto ansía" expresó.

Al finalizar la Eucaristía se dio inicio al Año Diocesano de la Familia y se repartieron unos pesebres que luego fueron bendecidos por Mons. Puiggari, quien recordó las palabras del Papa Benedicto XVI en Aparecida: "la familia, patrimonio de la humanidad, constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos, es y ha sido escuela de fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente".

El Prelado alentó a los fieles a trabajar en la familia "como salió del corazón de Dios, no como pretenden imponernos algunos hombres o la cultura de hoy".


Video 1



Video 2




¡Gracias Mons. Puiggari por sus palabras!




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