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jueves, 28 de diciembre de 2017

Los Santos Inocentes Mártires. Todavía No Hablan y Ya Confiesan a Cristo - San Quodvultdeus

Los Santos Inocentes Mártires
Todavía No Hablan y Ya Confiesan a Cristo
San Quodvultdeus


Quodvultdeus es un Padre de la Iglesia del Siglo V y Obispo de Cartago (norte de África). Discípulo de San Agustín, fue exiliado con sus Sacerdotes de Cartago cuando los vándalos Arrianos capturaron la ciudad en el año 439. Continuó su Ministerio en Nápoles y luchó contra el Pelagianismo. Murió en Nápoles, no pudiendo regresar al África por causa de los Arrianos. 


Nace un Niño pequeño, un gran Rey. Los Magos son atraídos desde lejos; vienen para Adorar al que todavía yace en el Pesebre, pero que Reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los Magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.

Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.

jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Feliz y Santa Navidad!

¡Feliz y Santa Navidad!
FVN / Multiespacio Cultural EL CAMINO


La Asociación "Fraternidad de Vida Nueva" y el "Multiespacio Cultural EL CAMINO" desean una feliz y santa Navidad a todos los visitantes de este Blog.

Les dejamos a continuación un video con una lúcida reflexión de Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, sobre "El Verdadero Sentido de la Navidad" que esperamos sea de provecho espiritual para todos los que lo vean.

domingo, 30 de marzo de 2014

¿Divorciados Vueltos a Casar en la Iglesia Antigua? - Mons. Antonio Grappone

¿Divorciados Vueltos a Casar en la Iglesia Antigua?
Mons. Antonio Grappone


Resurge de la mano del Cardenal Kasper –principalmente, pero no exclusivamente– una superada tesis historiográfica según la cual en la Iglesia primitiva se consentía la vuelta a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, después de un periodo penitencial. Monseñor Antonio Grappone, de la Secretaría del Pontificio Consejo para los Laicos, sostiene en este artículo –originalmente publicado por ZENIT en dos partes– que se trata de “una hipótesis sugerente pero lejos de ser probada”.


Recientemente, en el ámbito de la discusión sobre la posible readmisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, de distintas partes se ha hecho un llamamiento a la praxis de la Iglesia antigua, la cual, según algunos, habría consentido habitualmente la vuelta a los sacramentos de los fieles en tal situación después de un periodo de penitencia, según la modalidad de la penitencia pública. Se trata en realidad de una tesis de ningún modo compartida y ya rechazada en el pasado por los estudiosos; como sucede no pocas veces, sin embargo, algunas tesis historiográficas que parecían superadas emergen periódicamente para ser utilizadas como «evidencias de apoyo» en polémicas de nuestros días.

Se ha subrayado, por no pocos comentaristas, cómo el argumento se apoya principalmente sobre el canon VIII del Concilio de Nicea, del año 325, por tanto un texto muy autoritario. El canon trata de la readmisión de los llamados “catharoi” (puros), que en la Iglesia antigua se identifican con los «novacianos», una secta de tendencia rigurosa que trajo el cisma de Novaciano, sacerdote romano que a mitad del siglo III había roto la comunión con el Obispo Romano Cornelio haciéndose ordenar a su vez Obispo, justificándose con motivaciones de tipo disciplinar que nuestro canon indirectamente recuerda. Novaciano rechazaba la readmisión a la comunión de la Iglesia de los apóstatas y de los adúlteros, también después de la penitencia pública. Por tanto, el canon Niceno dispone que el «puro» para ser readmitido debe «prometer por escrito, aceptar y seguir las enseñanzas de la Iglesia católica y apostólica, es decir de permanecer en comunión sea con quien se ha casado dos veces (digamos en griego), sea con quien ha fallado durante la persecución, pero tiene en cuenta el tiempo y las circunstancias de la penitencia».

Según la interpretación que estamos discutiendo, la Iglesia antigua habría readmitido a los sacramentos a los divorciados vueltos a casar después de un tiempo de penitencia, una elección rechazada por los novacianos rigurosos, pero praxis habitual para toda la Iglesia de entonces, lo suficiente para ser llamada en un canon del primer Concilio Ecuménico, un procedimiento destinado sin embargo a sobrevivir solo en la Iglesia oriental. En occidente habrían prevalecido precisamente las tendencias rigurosas condenadas por el canon.

jueves, 1 de septiembre de 2011

“Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti” - Mons. Antonio Marino

Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”
(San Agustín Obispo, Confesiones)
Mons. Antonio Marino


Homilía del Sr. Obispo de Mar del Plata correspondiente al Domingo 28 de Agosto del 2011, fiesta de san Agustín de Hipona, en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos.


Queridos hermanos:

La Orden de los Padres Agustinos Recoletos festeja hoy con santo regocijo a su padre y patrono, San Agustín. Es por esta razón que en esta parroquia regida por estos religiosos, celebramos la Misa propia del santo, pese a la coincidencia con el día del Señor. Agradezco al P. Darío Quintana (querido exalumno) y al P. Alejandro por su cordial invitación.

San Agustín es un verdadero gigante en la historia de la Iglesia. Más aún, podemos decir en la historia de occidente. Sin duda, el más grande entre los Padres de la Iglesia latina. Un gigante que sigue teniendo mucho para decirnos a nosotros, tan alejados de él por el tiempo transcurrido. Al leer el libro de sus Confesiones, descubrimos que, a pesar de los siglos que nos separan de él, sigue siendo una personalidad entrañable, a quien sentimos bien próxima a nosotros y casi atemporal.

En él se dio una conjunción admirable del artista, del intelectual, del pastor de almas y del santo. Fue, en efecto, el artista sensible, para quien la belleza suprema era un poderoso imán; el intelectual de “corazón inquieto” y de pasmosa agudeza, sediento de verdad, que supo remontarse hasta el Dios uno y trino, fuente primera de toda verdad, para descansar finalmente en ella. Fue igualmente el pastor de almas, modelo de caridad pastoral y celo apostólico, cuyo ejemplo nos sigue estimulando. En su vida y en sus obras, se nos muestra como el santo enamorado de Dios, o más bien vencido por su amor. Su santidad personal se nutre de una búsqueda incesante de la verdad y la belleza, de cuya contemplación vive, y que él convierte en alimento de sus fieles.

viernes, 11 de marzo de 2011

Los signos externos de devoción del celebrante - P. Nicola Bux

Los signos externos de devoción del celebrante
Nicola Bux *


ROMA, jueves 10 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- La fe en la presencia del Señor, en especial la eucarística, la expresa el sacerdote ejemplarmente con la adoración que se muestra en la reverencia profunda de las genuflexiones durante la Santa Misa y fuera de ella. En la liturgia postconciliar se reducen al mínimo: la razón aducida es la sobriedad; el resultado es que se han convertido en raras, o incluso apenas se esbozan. Nos hemos hecho avaros en gestos hacia el Señor; pero elogiamos a judíos y musulmanes por su fervor en el modo de rezar.

La genuflexión manifiesta más que las palabras la humildad del sacerdote, que sabe que sólo es un ministro, y su dignidad por el poder de hacer presente al Señor en el sacramento. Pero hay otros signos de devoción. Las manos elevadas en alto por el sacerdote son para indicar la súplica del pobre y del humilde: “Te pedimos humildemente”, se subraya en las plegarias eucarísticas II y III del misal de Pablo VI. El Ordenamiento General del Misal Romano (OGMR) establece que el sacerdote, “cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y, en la forma de comportarse y de pronunciar las palabras divinas, debe hacer percibir a los fieles la presencia viva de Cristo” (n. 93). La humildad de la actitud y de la palabra es consonante con el propio Cristo, manso y humilde de corazón. Él debe crecer y yo disminuir.

Al pasar al altar, el sacerdote debe ser humilde, no ostentoso, sin complacerse mirando a derecha e izquierda, casi buscando el aplauso. En cambio, debe mirar a Jesucristo crucificado y presente en el tabernáculo: a Él se le hacen la inclinación y la genuflexión; después, a las imágenes sagradas expuestas en el ábside detrás o a los lados del altar, la Virgen, el santo titular, los demás santos. ¿Están allí para ser contemplados o sólo para decorar? Es en síntesis la presencia divina. Sigue el beso reverente del altar y, eventualmente, la incensación; el segundo acto es el signo de la cruz y el saludo sobrio a los fieles; el tercero es el acto penitencial, que hay que realizar profundamente y con los ojos bajos, mientras los fieles podrían arrodillarse – ¿por qué no? – como en la forma extraordinaria, imitando al publicano grato al Señor.

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