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martes, 18 de enero de 2011

El arte como instrumento de la espiritualidad: la perspectiva - Rodolfo Papa

El arte como instrumento de la espiritualidad: la perspectiva
Rodolfo Papa *


ROMA, martes 18 de enero de 2011 (ZENIT.org) .- La gran mística de San Francisco, al inicio del siglo XIII, realiza una gran contribución también en la parte artística, revalorizando de fuerte y original manera, la experiencia de la visión como una auténtica experiencia espiritual. Esta innovación forma parte de la renovación generalizada vivida y alcanzada por el Santo de Asís. De hecho en el contexto de la sobriedad austera de la vida monacal, san Bernardo de Chiaravalle, a mitades del siglo precedente, sabiamente exponía su preocupación de que la belleza de las imágenes esculpidas, expuestas en las iglesias, pudiera distraer a los monjes de la meditación sobre las escrituras.

San Francisco, sin embargo, escribe y predica dirigiéndose a todos, cultos e incultos. Propone un tipo de meditación que parte de la contemplación de la creación para llegar a los dolores de la Cruz. Exactamente en tal meditación, aparece la gran innovación artística y espiritual, de la sagrada representación de la Natividad: el Presepe di Greccio. La propuesta litúrgico-espiritual del Presepe coloca en el centro de la experiencia espiritual, el sentido de la vista, como medio eficaz para la contemplación. Además el realismo representativo se convierte en una forma de participación afectiva de los fieles a los hechos narrados en los Evangelios. La vista viene exaltada como un sentido espiritual y la representación artística como un instrumento de espiritualidad.

La cuestión de las imágenes se afronta explícitamente en el Capítulo general de la orden franciscana, presidido por Bonaventura da Bagnoregio, en Narbona en 1260; en las Constituciones viene afirmado que las pinturas y las esculturas que decoran las iglesias no deben poseer elementos “superfluos” o “insólitos”. La imagen no debe, por tanto, incitar a la fantasía, o servir al sentimentalismo, sino que debe ser sobrio instrumento de devoción, de meditación y de formación. Como confirmación de esto, asistimos a la floritura, en el interior de las iglesias de toda la orden, de obras artísticas del lenguaje narrativo, rico en detalles realistas: las imágenes, así como el Presepe di Greccio, deben hacer presente el suceso evangélico y, sobre todo, deben ayudar al fiel a estar presente, él mismo, en el sagrado evento.

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