lunes, 27 de abril de 2009

Los templarios: más allá de la leyenda - Fernando Pascual

Los templarios: más allá de la leyenda
P. Fernando Pascual, LC


Estas líneas quieren ofrecer una ágil presentación del proceso al que fueron sometidos los templarios en los primeros años del siglo XIV, proceso que culminó con la supresión de la Orden en una página dramática de la historia de la Iglesia. A través de los datos analizados quedan al descubierto mecanismos profundos del mal que destruyen corazones y que llevan a injusticias sin nombre, pero que no son capaces de aniquilar la bondad y el heroísmo de quienes son capaces de dar su vida por la verdad y la justicia.

A. La Orden del Temple

1. Los templarios surgieron a inicios del siglo XII, tras la conquista de numerosos lugares de Tierra Santa y de Jerusalén por parte de la I cruzada (1095-1099). Los cruzados organizaron un reino propio, en el que Balduino I fue declarado rey de Jerusalén (1100-1118). Con el nuevo rey, muchos cruzados decidieron quedarse en las zonas conquistadas para evitar que los sarracenos las conquistasen de nuevo.

Entre quienes se ofrecieron a permanecer en la zona, encontramos a Hugo (Hugues) de Payens, un caballero que deseaba unir en su vida dos ideales: los de la caballería y los de la vida monástica. Con 8 compañeros fundó en 1118 ó 1120, en la ciudad de Jerusalén, una Orden militar de caballeros (poco antes había sido fundada la primera, la Orden de San Juan de Jerusalén u hospitalarios).

Parece que se autodenominaron “pobres caballeros del Cristo”, aunque también fueron conocidos con otros nombres: “Christi milites” (soldados de Cristo), “Milites Templi” (soldados del Templo, o del “Temple”, como todavía hoy se les conoce).

Los templarios emitían, además de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, un voto especial de defender y escoltar a los peregrinos y viajeros que se trasladaban en Tierra Santa. Les fue dado, como lugar de residencia, una parte del edificio que ocupaba el segundo rey de Jerusalén, Balduino II (1118-1131) que, según se creía, estaba situado donde había sido levantado el templo del rey Salomón.

2. La Orden de los templarios tuvo como insigne amigo y promotor a san Bernardo de Claraval, por cuyo influjo adoptó una regla similar a la benedictina. Consiguió pronto el reconocimiento pontificio por parte del Papa Inocencio II, con la bula “Omne datum optimum” del año 1139: desde ese momento los templarios dependían únicamente del Papa.

El hábito que les distinguía era blanco (como el usado por los cistercienses) con una visible cruz roja. Entre sus miembros, existía una especie de jerarquía. Estaban, por un lado, los caballeros, que solían ser nobles o de familia noble, y se dedicaban a las artes militares. Había también un grupo reducido de sacerdotes o capellanes, para las misas y demás celebraciones litúrgicas. Además, había un numeroso grupo de escuderos, normalmente de la clase media, y de hermanos legos, dedicados al servicio doméstico. La dirección suprema de la orden corría a cargo de un Maestre que fungía como una especie de abad.

3. Durante los siguientes decenios, la Orden del Temple tuvo un amplio crecimiento y expansión. Había templarios en Tierra Santa, Chipre, Francia, los reinos de España, Italia, Inglaterra, Alemania. En el año 1300 se calcula que había unos 4000 caballeros de la Orden, a los que habría que sumar un buen número de servidores.

Los templarios habían conseguido una fama merecida, sobre todo por el valor mostrado en acciones de combate. Sus gestas fueron cantadas por la poesía medieval, lo cual muestra el aprecio que recibieron de sus contemporáneos. Una de las últimas hazañas militares por la que se les distingue fue la defensa de la postrera plaza cristiana en Tierra Santa, Tolemaida (San Juan de Acre), que cayó en 1291 bajo el ataque de un numeroso ejército sarraceno, y que implicó la muerte, entre tantos otros templarios, del Maestre de la Orden, Guillermo de Beaujeu. Por sus conocidos gestos de heroísmo, el Papa Bonifacio VIII no dudó de hablar de los templarios como de “atletas del Señor” y de “guerreros intrépidos”.

No faltaron, sin embargo, momentos de tensión y de lucha entre las Órdenes de caballería, en los que los templarios se mostraron inclinados más a defender sus propias ideas e intereses que a colaborar con los demás cristianos de Tierra Santa. Es triste tener que recordar que incluso hubo una sangrienta “guerra civil” entre los templarios y los hospitalarios, con miles de muertes por ambas partes, en la segunda mitad del siglo XIII.

Otro aspecto a destacar es que la Orden del Temple, nacida con ideales de pobreza, fue adquiriendo un importante poder económico. Los templarios llegaron a ser importantes prestamistas y acaudalados “banqueros”, con lo que es comprensible que no faltasen envidias y críticas ante su ventajosa situación financiera.

4. La pérdida de Tolemaida (Acre) implicó el inicio de una nueva fase en la vida de la Orden. Si los templarios habían nacido en función de la defensa de Tierra Santa, tenían ahora que asumir nuevas tareas en la vida de la sociedad y de la Iglesia católica, y tal vez no tenían una clara idea de lo podían hacer por la cristiandad. Organizaron su cuartel general en la isla de Chipre, una especie de vanguardia cristiana en espera de la “reconquista” de Palestina; pero muchos templarios marcharon a vivir a Francia, una de las naciones que más vocaciones había dado a la Orden.

Su actividad como “banqueros” aumentó en esos años, y no faltaron voces malévolas que los acusaban de enriquecerse excesivamente. Pero algunos estudiosos afirman que no practicaban la usura, y ello explica que la gente recurriese a ellos con más confianza que respecto a otros que sí pedían intereses muy elevados por los préstamos. Otros expertos han mostrado que no eran tan ricos como se sigue repitiendo una y otra vez: según algunos estudios, tenían muchos menos bienes inmuebles que los poseídos por los “austeros” cistercienses...

5. En este nuevo contexto aumentaron las envidias, y no faltaron quienes empezaron a hacer circular dicherías o calumnias de diversa gravedad, en especial sobre los ritos secretos con los que eran admitidos los nuevos caballeros. Pero la fama y la integridad de los templarios era tan ampliamente reconocida, que esas primeras críticas no fueron prácticamente tenidas en consideración.


B. La preparación del drama

6. Los problemas inician a partir de la serie de intrigas, maquinaciones, calumnias, y, como veremos, abusos que llegaron hasta niveles de injusticia y violencia insospechados, por parte del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso (1268-1314), y de su fiel servidor y hábil jurista Guillermo (Guillaume) de Nogaret (ca. 1260-1313).

Felipe IV promovió una política de tipo absolutista y participó en numerosas guerras con momentos de victoria y con importantes derrotas. Para financiar sus enormes gastos militares no dudó en usar métodos “extraordinarios”. Decidió imponer impuestos a los clérigos y controlar en parte los asuntos eclesiásticos, lo que le llevó a un fuerte enfrentamiento con el Papa de entonces, Bonifacio VIII (Benedicto Caetani o Gaetani, 1235-1303).

Felipe el Hermoso mostró su astucia y su malignidad en diversos momentos de su choque con el Papa. Por ejemplo, cuando Bonifacio VIII envió una bula, “Ausculta fili carissime” (5 de diciembre de 1301) para pedir al rey que se presentase en Roma y respondiese a diversas acusaciones de tiranía y de abuso sobre el clero, Felipe IV mandó quemar el texto papal y lo sustituyó por otro texto falso en el que hacía decir al Papa cosas absurdas que no había afirmado. De este modo, pretendía provocar una reacción de la gente y de parte del clero a su favor, como si fuese víctima de la “malignidad” de Bonifacio VIII.

El rey francés pudo contar, además, con aliados de peso en Italia: dos cardenales de la potente familia Colonna defendían la idea de que Bonifacio VIII era un Papa ilegítimo. Los cardenales Colonna fueron excomulgados, pero consiguieron huir a Francia para pedir la protección de Felipe IV, mientras que algunos de sus familiares en Italia continuaban sus intrigas contra el Papa.

7. En este contexto de tensiones se produjo la tristemente famosa afrenta de Anagni. Cuando el Papa se disponía a emanar, el 8 de septiembre de 1303, el decreto de excomunión contra el rey francés, el día anterior Guillermo de Nogaret consiguió entrar por la fuerza en la ciudad de Anagni (donde residía el Papa), con la ayuda de un grupo de mercenarios y el apoyo de la familia Colonna. Allí apresó al pontífice y buscó maneras de obligarle a la renuncia y a la convocatoria de un concilio. Sólo una revuelta popular de la gente de Anagni pudo liberar a Bonifacio VIII. Pero la salud del Papa quedó seriamente quebrantada: moría el 11 de octubre de ese mismo año.

8. Tras la muerte de Bonifacio VIII, los cardenales eligieron Papa a Nicolás (Niccolò) Boccasini (1240-1304), que tomó el nombre de Benedicto XI y sólo gobernó la Iglesia por un año (1303-1304). En ese breve tiempo hizo importantes concesiones a Felipe el Hermoso y absolvió a los Colonna, pero no a Nogaret, a quien mantuvo la excomunión por la afrenta de Anagni.

9. El cónclave de 1304-1305 fue especialmente difícil y largo, pues en él se enfrentaron, de una parte, los partidarios del rey de Francia y de la familia Colonna, y de otra, los defensores del legado de Bonifacio VIII. Al final, los cardenales eligieron a Bertrand de Got (ca. 1264-1314), arzobispo de Bordeaux, que se encontraba en esos momentos en Francia.

El nuevo Papa tomó el nombre de Clemente V y fue coronado en Lyon. Gobernó la Iglesia de 1305 a 1314. Aunque inicialmente mostró el deseo de partir hacia Italia, por diversos motivos fue posponiendo el viaje, hasta que al final fijó la residencia papal en Aviñón. De este modo, quedó expuesto notablemente a las intrigas del rey y de su fiel ministro Nogaret. Además, contribuyó a que la curia papal fuese cada vez más “francesa”, al nombrar a numerosos cardenales de Francia.

Clemente V estaba aquejado por diversas enfermedades que limitaban no poco su servicio a la Iglesia. Era, además, un hombre muy apegado a su tierra y a su familia, a la que favoreció enormemente. También tenía no poco aprecio por el dinero: llegó a acumular más de 1 millón de florines, de los cuales una importante cantidad pasó a sus familiares, 200 mil florines fueron dedicados a obras pías, y sólo quedaron 70 mil florines para su sucesor.

Con los nombres de Felipe IV el Hermoso, Guillermo de Nogaret y Clemente V estamos ya ante los principales protagonistas de la condena de los templarios, que vamos a presentar en sus momentos más importantes. Conviene, antes de presentar la historia de una tragedia, hacer mención del “proceso” contra Bonifacio VIII, pues nos ayudará a comprender hasta qué punto el rey francés era capaz de inventar calumnias y de suscitar “testigos” en pos de sus ambiciones de poder y de venganza.

10. El “proceso” contra la persona del Papa Bonifacio VIII venía siendo organizado ya desde 1303, y llegó a tomar cuerpo a causa de las numerosas presiones y amenazas que ejercieron Felipe IV y Nogaret (que seguía excomulgado precisamente por haber encarcelado al Papa) sobre Clemente V. Éste intentó de diversos modos eludir el asunto, pues conocía la honradez de su predecesor. Al final accedió a escuchar a los acusadores que se presentasen contra Bonifacio VIII, y luego permitió que se abriese el proceso en Aviñón (1310).

Contra el Papa Caetani no sólo testimonió su agresor, Nogaret, sino una serie de personajes turbios, entre los que no faltaron monjes o sacerdotes indignos, que llegaron a inventar calumnias de lo más pintoresco y absurdo. Alguno acusó a Bonifacio VIII de hereje; otro, de haber asesinado al anterior Papa, Celestino V (ca. 1210-1296); otro, de no mirar a la hostia durante la consagración; otro, de haber dicho que la religión cristiana estaba llena de falsedades; otro, de proferir que las religiones judía, mahometana y cristiana eran invenciones humanas; otro, que no quiso recibir la Eucaristía antes de morir. No es difícil comprender que tal cúmulo de acusaciones, ofrecidas “espontáneamente” y con lujo de detalles, no podrían sino ser motivadas e incitadas por alguna mente resentida y perversa como la de Nogaret. No hay que olvidar esto, para comprender el tenor de las acusaciones y la astucia casi diabólica que se hizo patente en el esfuerzo por destruir a los templarios, también con la mano y la mente de aquel “fiel ministro” de Felipe IV.


C. Acusaciones y procesos contra los templarios

11. No creemos que la historia sea el resultado de fuerzas ciegas ni de factores anónimos que dirigen, como marionetas, a sus protagonistas. Esto se hace patente en el tema de la disolución de los templarios: el drama de esta Orden militar no acaeció como resultado de una fatalidad inevitable, sino como consecuencia de ambiciones profundas, de odios encendidos, de voluntades maquiavélicas, de miedos y de torturas usadas con astucia calculada hasta el detalle.

Conviene subrayar, como ya dijimos en el punto 4, que la identidad de los templarios estaba en parte en entredicho por la desaparición de los enclaves cristianos en Tierra Santa. Ello llevó, por ejemplo, a que uno de sus enemigos, Pedro Dubois, en una obra titulada “De recuperatione Terrae Sanctae” (1305-1307), propusiese la supresión de la Orden del Temple o su fusión con la Orden de San Juan. ¿Motivos? Pedro Dubois no señala ningún escándalo ni acusación como las que serán inventadas en Francia, sino simplemente señala que los templarios han perdido su razón de ser, pues no tienen peregrinos a los que escoltar...

12. El drama inicia, como ya insinuamos, con las ambiciones económicas, las envidias y los odios de Felipe IV el Hermoso. ¿De dónde nacieron estas actitudes? No es fácil saberlo, sobre todo si señalamos que los templarios (de origen francés) apoyaron al rey en sus disputas contra Bonifacio VIII, y que el mismo rey confirmó, el año 1304, todos los privilegios dados en Francia a la Orden militar.

Pudo haber influido en Felipe IV un hecho personal: en 1306, tras una sublevación ocurrida en París, el rey encontró protección segura al refugiarse en la fortaleza (el Templo) que tenían los templarios de la ciudad. Quizá este hecho hizo pensar al monarca en el “peligro” que implicaba la existencia de un grupo de hombres tan poderosos, y le llevó a poner en marcha la idea de destruirlos. Una vez más la historia muestra cómo la gratitud es una virtud muy extraña entre los hombres, pues el que los templarios hubiesen defendido y salvado la vida del rey debería haber sido un motivo suficiente para refrenar las ambiciones del monarca...

Hemos de recordar, además, que la Orden del Temple era famosa por sus riquezas, y que fungía en muchos lugares como si se tratase de una especie de “banco”, capaz de dar préstamos, de custodiar bienes de valor, etc. Según parece, cuando Felipe el Hermoso estuvo en el Templo de París, fue llevado a contemplar el abundante tesoro custodiado por los templarios. La ambición se despierta de modo muy intenso a través de la vista, máxime cuando eran cuantiosas las deudas que agobiaban al rey francés.

13. Había que conseguir dinero, de modo rápido y sin intereses. Una primera acción de Felipe IV consistió en arrestar y exiliar a todos los judíos de su reino el 21 de julio de 1306, lo que le permitió apropiarse de todos sus bienes. Más tarde, en 1311, haría algo parecido con los mercaderes italianos. En 1307 les llegaba el turno a los templarios. Para acaparar sus riquezas, sin embargo, habría que anular su poder, su prestigio y, sobre todo, su dependencia directa del Papado.

14. La primera fase consistió en buscar y reunir acusaciones contra los templarios. Entre los primeros “testigos” encontramos a un personaje turbio, Esquiu de Floyran, que decía haber sido templario y que había cometido diversos delitos que le llevaron a la cárcel. Una vez en libertad, se dirigió primero a la corte del rey de Aragón, Jaime II, con una serie de graves acusaciones contra la Orden del Temple que habría obtenido, supuestamente, de un templario apóstata conocido en la cárcel. El rey aragonés no hizo ningún caso de estas acusaciones, y entonces Esquiu marchó a Francia. No es fácil imaginar que alguien dirigía los pasos y las acusaciones de este hombre, como antes alguien había coordinado e incitado a tantas personas, incluso eclesiásticos, a proferir acusaciones absurdas contra Bonifacio VIII...

Las calumnias de Esquiu fueron, obviamente, muy bien acogidas por Felipe el Hermoso, y no falta quien insinúa que detrás de Esquiu estaba la astucia y la imaginación de Guillermo de Nogaret. El rey pudo también “reunir informaciones” de algunos templarios que habían dejado la orden o habían sido expulsados por su mala conducta (lo cual ya los hace testigos poco fiables). Incluso el rey instigó a doce falsarios para entrar en la Orden y actuar como espías, para poder testificar así contra los templarios.

Felipe IV iba informando de las distintas críticas y acusaciones al Papa para preparar el terreno a la hora de presionarle a iniciar un proceso contra la Orden del Temple. Clemente V empezó a dudar de la inocencia de los templarios y llegó a pensar en la necesidad de una investigación, una idea que barruntaba ya en el verano de 1307.

15. Previamente, el rey había realizado una maniobra que resultó vital para su proyecto. El Maestre de los templarios, Jacobo (Jacques) de Molay (ca. 1243-1314), residía en Chipre (que, como dijimos, era la sede central de la Orden) y habría que atraerlo a Francia. El Papa lo llamó, quizá en parte con la idea de que había que analizar ciertos proyectos para preparar la conquista de Tierra Santa, quizá también para pedirle una defensa de la Orden. Jacobo no intuyó el peligro al que iba a exponerse, y partió hacia Francia con un nutrido grupo de caballeros. El rey, de manera cínica, lo agasajó grandemente en París, e incluso le permitió ser padrino de uno de sus hijos. La víctima había caído, sin saberlo, en una complejísima telaraña de la que sólo lograría librarse con la muerte.

Mientras, Felipe IV terminaba de mover las últimas piezas para que el plan fuese perfecto. Tenía como confesor a Guillermo Imbert, que era, además, el gran inquisidor del reino. Con su apoyo, en nombre de la Inquisición, el rey podía echar mano a los templarios bajo la falsa acusación de herejía, con lo que evitaba el problema de la invulnerabilidad de una Orden que dependía directamente del Papa.

16. Empieza el drama. El 14 de septiembre de 1307, el rey envía órdenes secretas para que la mañana del día 13 de octubre se proceda al arresto de los templarios presentes en su reino y a la incautación de todos sus bienes. La ejecución del mandato real cogió de sorpresa a Jacobo de Molay (que se encontraba en París, preparando un viaje a la corte papal para defender a la Orden de las acusaciones que corrían ya por todas partes) y a los más de 1000 templarios (tal vez 2000) residentes en Francia. Para tal arresto masivo, el rey contó con un eficaz ejército privado y una especie de policía, que ya habían mostrado su destreza a la hora de arrestar y expulsar a los judíos. La “conquista” de la fortaleza (el Templo) que los templarios tenían en París corrió a cargo del mismo Nogaret, que convirtió a aquel recinto en la cárcel de los que antes eran sus propietarios...

El golpe fue tan inesperado que el mismo Papa Clemente V tuvo que protestar ante el abuso real, con una carta fechada el 27 de octubre de ese mismo año 1307. Envió, además, a dos cardenales, Berenguer Fredol y Esteban de Siuzy, para conminar al rey a que pusiese en sus manos las personas y los bienes de los templarios. Veremos en seguida cómo maniobró el rey ante esta petición papal.

17. Antes de la llegada de los dos cardenales, el rey empezó a conseguir “resultados” muy favorables a sus planes. Los comisarios reales torturaban a los templarios y les obligaban a confesar sus delitos. Cuando éstos cedían psicológicamente, llamaban a los inquisidores que recogían las “confesiones” de los presuntos culpables. Muchos templarios sucumbieron y se acusaron de delitos contra la fe y contra la moral (normalmente de aquellos delitos sobre los que se les preguntaba según una lista previamente preparada por los inquisidores).

Jacobo de Molay, que tenía unos 64 años, cedió a la presión psicológica, si bien parece que no fue torturado físicamente. El 24 de octubre de 1307 declaró, ante el inquisidor Imbert y varios testigos, haber renegado de Cristo y haber escupido sobre la cruz. Más aún, envió una carta a todos los templarios de Francia para que confesasen, por mandato suyo, aquellos delitos de los que fuesen acusados. No es el momento de juzgar este gesto de debilidad. Quizá lo comprenderíamos mejor si dejásemos de pensar que los héroes son impasibles, cuando en realidad son tan humanos que también pueden tener sus momentos de flaqueza. Jacobo no soportó la presión psicológica y firmó una falsa confesión de delitos. Veremos que, en el decurso de los hechos, aumentará su entereza moral y llegará a dar, con su muerte, testimonio de amor a la verdad y de la inocencia de su Orden.

18. Los dos cardenales enviados por el Papa fueron recibidos con bastante retraso. El rey los acogió con benevolencia. Renovó sus promesas, llenas de no poca hipocresía, de fidelidad a la Iglesia, y manifestó su disponibilidad de entregarles las personas de los templarios, pero sin liberar, por el momento, a ninguno. Poco tiempo después los cardenales consiguieron entrevistar a Jacobo de Molay y a varios templarios en la cárcel, y éstos hicieron sus primeras retractaciones.

El Papa, por su parte, estaba indignado por el papel que la Inquisición había jugado en Francia contra los templarios. Por eso, a inicios de 1308, suspendió de su cargo a Guillermo Imbert. Además, privó a la Inquisición francesa de competencias en el asunto de los templarios, y pasó el proceso a los tribunales diocesanos. Por desgracia, el Papa no mantuvo estos gestos de valor, pues más adelante, bajo las presiones del rey, confirmó a Imbert como juez para el caso de los templarios.

19. Mientras, Felipe IV había enviado una pregunta a la facultad teológica de París: ¿tenía el rey de Francia la facultad de apresar, juzgar y condenar a los herejes? La facultad le dio una respuesta negativa. Entonces empezó a promover, a través de Pedro Dubois (jurista francés rico en ardides y precursor de la “propaganda” panfletaria, al que ya mencionamos por un primer escrito contra los templarios), una serie de ataques contra Clemente V, al que acusaba de poca firmeza para gobernar la Iglesia y de haberse dejado sobornar por los templarios. En uno de sus escritos, Dubois le recuerda al rey cómo Moisés conminó a los israelitas para que asesinasen a los infieles del pueblo, sin pedir permiso a Aarón: también el rey podría actuar así, sin tener que avisar al Papa...

Para aumentar su presión sobre Clemente V, Felipe IV convocó los estados generales para el 5 de mayo de 1308, en la ciudad de Tours. Allí recibió un apoyo casi unánime: los templarios merecían la pena de muerte por ser herejes y por haber cometidos crímenes nefandos. Las calumnias y las presiones del rey habían logrado una nueva victoria, y todavía quedaba uno de los puntos más difíciles: doblegar la voluntad del Papa.

20. El rey quiso encontrarse con Clemente V en la ciudad de Poitiers (que fue durante bastante tiempo residencia provisional del Papa), de mayo a julio de 1308. El rey reconoció al Papa su competencia para juzgar a la Orden del Temple, si bien “se ofrecía”, para “ayudar” al Papa, a mantener en arresto a la mayor parte de los templarios. Permitió, además, que un grupo de templarios, bien seleccionados, se presentasen ante el pontífice, al mismo tiempo que inventaba excusas absurdas para impedir que Jacobo de Molay y otros jefes insignes de la Orden pudiesen ser interrogados por el Papa. Los prisioneros seleccionados se acusaron de tales delitos y con tanto descaro que Clemente V quedó muy impresionado.

21. Fue entonces cuando el Papa se decidió del todo a iniciar el proceso, llevado a cabo en un doble binario. Por un lado, habría un proceso pontificio, en el que se analizasen los eventuales delitos de la Orden en su conjunto; por otro, los obispos realizarían procesos diocesanos para analizar los presuntos delitos de los templarios en cuanto personas particulares.

Además, y siempre bajo las presiones del rey, el 22 de noviembre de 1308 Clemente V pidió que fuesen arrestados y juzgados los templarios de las demás naciones cristianas, y que sus bienes pasasen bajo el control de la Iglesia. Aludiremos un poco más adelante a cómo fue acogida y aplicada la orden papal.

22. Hubo que esperar a noviembre de 1309 para que diese inicio el proceso pontificio contra la Orden del Temple. Fue llamado a declarar Jacobo de Molay. Después de unos momentos de vacilación, defendió públicamente la inocencia de la Orden, y declaró su fe católica, lo cual era una importante retractación pública de lo que había firmado bajo las presiones psicológicas durante los primeros meses. Las palabras de Molay debieron de sentar muy mal a uno de los personajes presentes en la comisión y que ya nos es suficientemente conocido: Nogaret. Con permiso del obispo que presidía el tribunal, Nogaret empezó a interrogar a Molay y éste le desmintió sus acusaciones llenas de veneno. Al final, Jacobo de Molay pidió que se le concediese la gracia de escuchar misa, lo cual no pediría alguien que fuese verdaderamente hereje...

Durante el proceso, otros caballeros templarios empezaron a retractar sus “autoacusaciones”. Uno de ellos, Ponsard de Gisi, tuvo la osadía de exponer a qué torturas había sido sometido para ser obligado a declararse culpable:

Tres meses antes de mi confesión me ataron las manos a la espalda tan apretadamente que saltaba la sangre por las uñas, y sujeto con una correa me metieron en una fosa. Si me vuelven a someter a tales torturas, yo negaré todo lo que ahora digo y diré todo lo que quieran. Estoy dispuesto a sufrir cualquier suplicio con tal de que sea breve; que me corten la cabeza o me hagan hervir por el honor de la Orden, pero yo no puedo soportar suplicios a fuego lento como los que he padecido en estos dos años de prisión”.

23. Cada vez eran más los templarios que retractaban lo firmado bajo torturas y que se mostraban dispuestos a defender a su Orden. Entre febrero y abril de 1310, más de 500 templarios quisieron dar este paso y se ofrecieron para hablar ante los jueces en París. Muchos de ellos sabían a qué se estaban arriesgando: en aquel tiempo, el hereje que primero confesaba sus errores y luego se retractaba, podía ser condenado a la hoguera.

Ante tal multitud de hombres dispuestos a defender a la Orden, los jueces determinaron que los templarios escogiesen a algunos representantes que pudieran hablar en nombre de todos. Fueron elegidos Pedro de Bolonia (Pietro di Bologna) y otros tres templarios. El 1 de abril de 1310 entregaron un primer escrito de defensa, en el que negaban como absurdas las acusaciones, recordaban que muchos templarios habían confesado a causa de las torturas y del miedo a la muerte, y pedían, finalmente, lo siguiente:

Imploramos la misericordia divina, que se haga justicia, puesto que ya por un tiempo excesivo hemos padecido una persecución injusta. Como cristianos fieles y fervorosos pedimos la recepción de los sacramentos de la Iglesia”.

No faltaron, hay que reconocerlo, algunos ex-templarios que renovaron las acusaciones contra la Orden, así como otros prisioneros que ratificaron sus confesiones acusatorias. Pero las contradicciones sobre algunos puntos eran tan manifiestas que los jueces no consiguieron mucho de estas declaraciones.

24. La valentía recobrada por las víctimas ponía al rey en graves problemas, y tuvo que pensar, con sus ministros, un golpe de mano que asustase a muchos y produjese un fuerte impacto en la “opinión pública”. Para ello, el rey contó con la complacencia del nuevo arzobispo de Sens, Felipe (Philippe) de Marigny, hermano de uno de los ministros de Felipe IV, que tenía la competencia de juzgar a los templarios encarcelados en la zona de París. Preparó un tribunal eclesiástico apresurado para juzgar a algunos templarios que habían retractado las acusaciones anteriores. Los procuradores de los templarios, apenas conocieron la noticia, avisaron a la comisión pontificia de lo que estaba por ocurrir; incluso Pedro de Bolonia entregó un documento de apelación al Papa. Pero sus peticiones no fueron atendidas.

Así, el 11 de mayo de 1310, 54 templarios acusados como “relapsos” (es decir, acusados del “delito” de haberse retractado y de haber querido defender a la Orden ante una comisión pontificia que debería guardar secreto de sus interrogatorios), fueron condenados a muerte, sin que se les dejase ningún margen de defensa. Al día siguiente, 12 de mayo de 1310, los 54 condenados entonaron el “Te Deum” (himno de acción de gracias), antes de que el fuego los consumiese vivos.

Poco tiempo después, otros 15 templarios, en diversos lugares, fueron asesinados en la hoguera. En las cárceles, sea por las torturas, sea por la misma insalubridad de las prisiones, la muerte había causado ya no pocas víctimas entre los templarios que mendigaban un poco de justicia humana. A muchos de los que morían en las cárceles les fueron negados los sacramentos y la sepultura en un cementerio cristiano.

25. El rey imponía, de este modo, el sistema del terror. Muchos templarios dispuestos antes a retractarse dejaron ahora de hablar en favor de su Orden. Otros, como el mismo Pedro de Bolonia, escaparon, pues se dieron cuenta de que la maquinación contra la Orden era más poderosa que las más elementales normas de justicia, y que no había ningún margen de defensa ecuánime. No faltaron algunos que continuaron en su empeño por defender al Temple. Como aquel templario que, el día 13 de mayo de 1310 (un día después de la muerte de sus 54 compañeros), se atrevió a declarar ante la comisión pontificia:

Yo he confesado algunos artículos a causa de las torturas que me infligieron Guillermo de Marcilli y Hugo de la Celle, caballeros del rey, pero todos los errores atribuidos a la Orden son falsos. Al mirar ayer cómo eran conducidos a la hoguera 54 freyres por no reconocer sus supuestos crímenes, he pensado que yo no podré resistir al espanto del fuego. Lo confesaré todo si quieren, incluso que he matado a Cristo”.

26. ¿Qué ocurría, mientras, en otras naciones? No nos detenemos ahora para hablar de lo que ocurrió en tantos lugares entre 1307 y 1312. Podemos decir, en modo de resumen, que hubo reyes, como Jaime II de Aragón y Eduardo II de Inglaterra, que inicialmente defendieron a los templarios por su fama y los nobles servicios prestados a los reinos cristianos. Pero cuando se hizo pública la orden papal de arrestar a los templarios y “poner a salvo” sus bienes, la catástrofe fue inevitable.

En algunos lugares, los templarios fueron sometidos a tormentos, pero ello no les llevó a declararse culpables, mientras que en otros, algunos de los torturados confesaron aquellos delitos que no habían cometido. Hubo también varios procesos diocesanos en los que se declaró la inocencia de los caballeros del Temple. No faltaron monarcas que aprovecharon la situación para expropiar a los templarios de sus bienes, a pesar del disgusto de Clemente V.

El caso de Aragón fue especialmente interesante, pues los templarios fueron declarados inocentes en el proceso inquisitorial. El rey, sin embargo, decidió apoderarse de sus bienes, y los templarios se alzaron en armas. Fue el único lugar donde ofrecieron una resistencia militar en toda regla. Jaime II tuvo que conquistar, uno por uno, los castillos de la Orden presentes en su reino.

En Portugal, en cambio, los templarios gozaron del favor del monarca reinante, don Diniz. Éste los tomó bajo su custodia y dejó que el proceso diocesano siguiese su curso normal. Terminadas las averiguaciones, los templarios fueron declarados inocentes, y el rey quiso “fundar” de nuevo a la Orden (ya suprimida por el Papa) con el nombre de Caballeros de Cristo. En Alemania los procesos canónicos mostraron también la inocencia de los templarios.

Es oportuno notar que en Chipre, la sede central de los templarios, fue organizado un proceso contra los miembros de la Orden (unos 180 en la isla). De entre ellos, muchos eran franceses y de otros lugares de Europa, y ninguno admitió conocer delito alguno de aquellos caballeros que habían sido antes compañeros en el Temple y que ahora confesaban culpas absurdas en las prisiones de Francia.

D. La disolución de la Orden del Temple

27. El golpe final contra los templarios sólo podía darlo el Papa, y Clemente V pensó hacerlo con el apoyo de un concilio. Así, se convocó el concilio de Vienne (1311-1312), que tenía ante sí tres asuntos centrales: el “problema” de los templarios, la organización de una cruzada en Tierra Santa, y la reforma de la Iglesia. Mientras se organizaba el concilio siguieron los interrogatorios individuales de templarios por parte del obispo de París, en los que los miembros de la Orden mostraron su debilidad con retractaciones y autoacusaciones que se sucedían continuamente.

Las presiones del rey, para proceder al concilio, eran muy fuertes, y supo combinarlas con una carta escondida que mostraba los momentos difíciles: cuando intuía que el Papa podía tomar una actitud más favorable a los templarios, “resucitaba” el tema del proceso contra Bonifacio VIII (que había quedado un poco entre paréntesis) para dar a entender que si el Papa no accedía a los deseos del rey podría volver a encontrarse con nuevas presiones para juzgar la memoria del Papa Caetani, esta vez en un concilio universal.

Además, el tema de la cruzada influía no poco en Clemente V. En efecto, el Papa veía que al contentar a Felipe el Hermoso con la supresión de los templarios, podría facilitar luego el apoyo francés para encabezar un poderoso ejército al que se unieran los demás reyes cristianos.

28. El concilio inició el 16 de octubre de 1311. La curia papal había reunido un enorme material con las actas y procesos preparados en las comisiones pontificia y diocesanas. En una consulta secreta que se tuvo en diciembre de ese mismo año 1311, Clemente V preguntó si era conveniente dar opción de defensa a los templarios, y la mayor parte de los obispos respondió afirmativamente. Pero, como veremos, tal defensa no tuvo lugar, pues el concilio dejó de lado el proceso para “cerrar” el tema con una decisión más de oportunidad política que de respeto a la justicia.

En una comisión interna que se dedicó a analizar las actas, muchos hicieron notar que no cabía, en justicia, una condena contra la Orden del Temple. No faltaron voces prestigiosas, sin embargo, que se alzaron a favor de la supresión de los templarios.

Por su parte, el rey francés volvió a jugar la baza de la presión política: convocó unos nuevos estados generales en Lyon, en febrero de 1312, y volvió a hacer presentes los muchos crímenes cometidos por los templarios. Además, envió a Nogaret y a otros embajadores a la sede del concilio, Vienne, para ejercer una mayor presión sobre el Papa. Hizo llegar un poco más tarde una carta, fechada el 2 de marzo de 1312, donde pedía insistentemente a Clemente V que suprimiese a los templarios y diese sus bienes a otra orden. El 20 de marzo, el rey llegaba a la ciudad del concilio acompañado de un nutrido séquito.

29. Dos días después de la llegada de Felipe V, el Papa reunió un consistorio particular para dirimir la cuestión. La mayoría de los participantes votaron a favor de la supresión de los templarios, no por vía judicial (lo cual evitaba el hacer un juicio público en el que sería posible que los templarios se defendiesen) sino por vía “de provisión apostólica” (por una decisión administrativa).

El Papa quedó tranquilo. Preparó la bula “Vox in excelso” (que lleva la fecha de 22 de marzo de 1312), y la presentó al concilio el 3 de abril de 1312. El concilio no puso objeciones a la decisión papal. En la sesión solemne, junto al Papa, estaba sentado el rey francés: había triunfado, al menos a los ojos de quien ve la historia sólo como un conjunto de intrigas y maniobras humanas.

Los templarios fueron suprimidos, explicó el Papa, no como consecuencia de un juicio condenatorio, sino como provisión apostólica en virtud de los poderes papales. ¿Qué motivos se adujeron para tal decisión? El Papa reconoció que no había sido probada la culpabilidad de la Orden; pero, como la Orden se encontraba tan fuertemente difamada, y algunos de sus dirigentes habían dado confesión espontánea (así dijo Clemente V) de sus crímenes y delitos, ya no podía cumplir su fin propio (servir y defender la Tierra Santa), y era algo casi seguro que ya nadie querría ingresar en la misma.

Podemos decir, por tanto, que los templarios no fueron suprimidos en cuanto culpables: los delitos no habían sido suficientemente probados, ni eran válidas las declaraciones firmadas bajo las torturas, ni se había dado espacio a una defensa digna de tal nombre, ni se habían respetado numerosos aspectos necesarios para un mínimo respeto a la justicia. Fueron suprimidos simplemente porque así lo decidió un Papa sometido a la presión injusta de un rey ambicioso.

30. Quedaban dos asuntos pendientes en todo este largo proceso. El primero se refería a los bienes de los templarios. ¿Qué hacer con ellos? Felipe IV el Hermoso, a través de sus ministros, ya había echado mano a buena parte del tesoro de la Orden del Temple en París, pues desde 1307 mejoró notablemente su economía. Pero había que tomar una decisión que fuese aceptada por el Papa. Aunque el rey manifestaba su deseo de que los bienes fuesen entregados a una nueva Orden militar, el Papa determinó, con la bula “Ad providam Christi Vicarii” (2 de mayo de 1312) que los bienes confiscados (los que quedaban...) fuesen destinados a la Orden de San Juan de Jerusalén, menos aquellos bienes que se encontraban en los reinos hispánicos, sobre cuyo reparto hubo que esperar diversos años.

Según parece, el rey francés tenía planeado, con su fiel Nogaret, iniciar también un proceso contra los Hospitalarios, pero la muerte les detuvo en sus ambiciones. De todos modos, el rey se vio libre de sus no pequeñas deudas con los templarios, y recibió importantes sumas de dinero por diversos conceptos relacionados con el largo proceso, con lo que en parte su ambición quedó satisfecha.

31. El segundo asunto era más delicado. ¿Qué hacer con las personas de los templarios? Clemente V determinó, el 6 de mayo de 1312, que continuasen los procesos diocesanos, mientras que el juicio sobre el Maestre y otros dirigentes de la Orden quedaría reservado al Papa (cosa que, en realidad, delegó a una comisión de eclesiásticos). Estableció asimismo que se asegurase la devolución de sus bienes a los templarios inocentes, y que fuesen tratados benignamente aquellos que confesasen sus culpas.

Los dirigentes de los templarios fueron juzgados por dos cardenales y el arzobispo de Sens, Felipe de Marigny (que ya conocemos por sus arbitrariedades), según una decisión del Papa en diciembre de 1313. El 18 de marzo de 1314, sin haber dejado espacio a la defensa de los acusados, se emitió la sentencia en una sesión pública que se tuvo en la misma París: cadena perpetua a los culpables. Jacobo de Molay y Godofredo (Geoffroy) de Charney (que era preceptor de Normandía), sin que nadie les preguntase, tomaron la palabra y declararon ante los presentes su inocencia.

Nosotros no somos culpables de los crímenes que nos imputan; nuestro gran crimen consiste en haber traicionado, por miedo de la muerte, a nuestra Orden, que es inocente y santa; todas las acusaciones son absurdas, y falsas todas las confesiones”. Este gesto de valor impresionó profundamente a los presentes. Los jueces decidieron tener al día siguiente una nueva sesión para decidir qué hacer después de lo ocurrido. Pero la noticia llegó con rapidez al rey, que no quiso esperar más tiempo. Ordenó por su cuenta que los dos templarios fuesen quemados vivos ese mismo día. Jacobo de Molay y Godofredo de Charney morían bajo las llamas, pocas horas después, en una isla del río Sena. Algunos dicen que Jacobo, antes de morir, pidió que le aflojasen las cadenas para poder unir sus manos como gesto de un caballero que quiere rezar a Dios. No se dio sepultura a los cuerpos de las víctimas: sus cenizas fueron arrojadas a las aguas del río, testigo mudo de una injusticia absurda.

La muerte nos iguala a todos. Pocos meses antes de la muerte de Jacobo de Molay, en 1313, Guillermo de Nogaret dejó este mundo para presentarse al juicio verdadero, el que se produce ante Dios. El Papa Clemente V, con el agravarse de sus enfermedades, quiso salir de Aviñón para dirigirse a su tierra natal, pero falleció antes de llegar a su meta, el 20 de abril de 1314. Felipe IV pudo saborear pocos meses su “victoria”, pues moría en el otoño de ese mismo año.


E. Algunas reflexiones conclusivas

32. Los hechos presentados hasta ahora suscitan, en nosotros, reacciones vivas de dolor ante tal cúmulo de injusticias. Nos faltan, desde luego, elementos de contextualización de una época en la que las injerencias políticas en asuntos religiosos eran tristemente frecuentes, si es que no eran defendidas incluso a través de pseudorazonamientos teológicos o de escritores panfletarios. El mundo europeo vivía, además, unos momentos de convulsión, en el que las luchas internas entre los nobles de los reinos, entre las naciones y los pueblos, entre el papado y algunos monarcas, se combinaban con las presiones que, de diverso modo, ejercían algunos pueblos dominados principalmente por grupos musulmanes que querían conquistar nuevas tierras “cristianas”.

Los sistemas jurídicos permitían, además, un complicado juego de interacciones entre tribunales eclesiásticos y tribunales civiles. El uso de la tortura, algo normal en los reinos medievales, era también admitido como “método” para obtener la confesión de culpables que no “serían capaces” de confesar sus delitos y herejías sin una presión “proporcionada” al grado de su nivel de perversiones.

Tenemos que reconocer, sin embargo, que la tortura era suficiente para amedrentar incluso a caballeros y soldados que se distinguían por su valor en la guerra, como lo habían sido los templarios. Pero un momento de miedo o de abatimiento no puede ser motivo suficiente para descalificar completamente a una persona. Jacobo de Molay y otros templarios firmaron, bajo tortura, confesiones de delitos falsos, y ello puede ser interpretado ciertamente como un gesto de debilidad. Pero la historia de cualquier caballero (de cualquier ser humano) no queda circunscrita sólo a una parte de su vida, por muy oscura y triste que pueda aparecer, sino que abarca la totalidad de sus gestos y el nivel de su adhesión sincera y perseverante a la fe y al amor.

Podemos recordar aquí lo que fue afirmado en un concilio provincial que tuvo lugar en Ravena, en junio de 1311 (es decir, en medio de la tempestad contra los templarios): debían ser considerados inocentes quienes, después de haber declarado su culpabilidad bajo torturas, luego se retractaban. Es, por tanto, legítimo decir que las autoacusaciones firmadas por los templarios tras las torturas no valen nada. Como hemos podido constatar, tristemente, en numerosos procesos organizados por los sistemas totalitarios del siglo XX, procesos en los que miles de inocentes se declaraban culpables de crímenes que nunca habían cometido.

Por lo mismo, Jacobo de Molay merece, como tantos otros templarios, un homenaje. Su último gesto de heroísmo le convierte en un auténtico testigo de la verdad y la justicia. La historia debe reconocer que se enfrentó a fuerzas poderosas y a intrigas profundas, capaces de destrozar, ayer como hoy, incluso a los temperamentos más robustos. Jacobo sucumbió al inicio de la prueba. Pero supo alzarse desde sus cenizas para defender, hasta el último gesto de su vida, la inocencia de la Orden del Temple.

33. Muy distinto, en cambio, debería ser nuestro juicio sobre el rey Felipe IV el Hermoso, un triste esclavo de su propio poder, un hombre capaz de ampararse hipócritamente en su “amor a la Iglesia” para destruir y aniquilar a inocentes a través del uso de todo tipo de argucias y de fechorías, con la mirada puesta solamente en sus ambiciones de grandeza y dinero; un tirano capaz de todo con tal de dar rienda suelta a odios profundos o a envidias despreciables.

34. Quedaría, ciertamente, ofrecer alguna reflexión sobre las numerosas y a veces absurdas leyendas que giran en torno a los templarios. Intentar una respuesta acerca de las mismas llevaría un trabajo arduo para ver cómo y por qué han sido inventadas, aceptadas y difundidas narraciones llenas de fantasía y errores que muestran muy poco sentido histórico y, en no pocas situaciones, mala fe y deseo de engañar al gran público.

Sería, sin embargo, una pérdida de tiempo luchar contra una nube de mentiras y calumnias. El camino más correcto a seguir, en el estudio de cualquier asunto del pasado, es confrontarse con los documentos y dejar de lado suposiciones que se difunden con facilidad pero que carecen de apoyos sólidos. Es lo que hemos pretendido con estas reflexiones que, desde luego, habrá que corregir si nuevos documentos auténticos (la misma historia nos ha mostrado que existen documentos falsos y que a veces tienen una acogida enorme) ofrezcan elementos de juicio que lleven a modificar lo que los estudiosos actuales nos dicen sobre el tema en cuestión.

En este sentido podemos señalar que, a inicios del año 2006, fue dado a la luz un documento reencontrado en los archivos vaticanos en el que se recoge la absolución del Papa Clemente V a Jacobo de Molay y a los dirigentes de los templarios, documento que lleva la fecha de 17-20 de agosto de 1308 y que está firmado por varios cardenales. El documento, conocido como "folio de Chinon", puede ser visualizado en la página del Vaticano (cf. http://asv.vatican.va/es/doc/1308.htm). Posteriormente, cuando se cumplían los 700 años del inicio del drama de los templarios (octubre de 2007) vio la luz el volumen histórico “Processus contra Templarios”, que recoge los originales de las actas del proceso oficial contra los templarios (desde junio de 1308 hasta el año 1311).

35. La historia de los templarios nos pone, como cada historia humana, ante el misterio del ser humano. Grande por ser amado por Dios, por haber recibido un alma inmortal, por haber sido redimido por Cristo. Pequeño por las heridas que el pecado original deja en todos. También en caballeros como los templarios, humillados ante la fuerza de un rey, sometidos ante un Papa que se vio aprisionado en un absurdo juego de intereses humanos, víctimas de la codicia de un rey asesino.

Los templarios fueron derrotados: dejaron de existir como institución al servicio de la Iglesia en su marcha temporal. Cuentan, sin embargo, con un lugar en el corazón de Dios según la medida de su amor y de su confianza en Cristo, Salvador del mundo y Señor de la historia, Juez que conoce los corazones y que descubre verdades que escapan a los ojos del más atento investigador, pero no de quien nos ha creado por amor y para el amor.


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Bibliografía:

A. BECK, El fin de los templarios: un extermino en nombre de la legalidad (título original, Der Untergang der Templer), Península, Barcelona 2002, 2ª ed.

BERNARDO DE CLARAVAL, Elogio de la nueva milicia templaria; R. PERNOUD, Los Templarios, Siruela, Madrid 2005.

K. BILHLMEYER - H. TUECHLE, Storia della chiesa. III. L’epoca delle riforme, Morcelliana, Brescia 2001, 10 ed. (edición italiana por Iginio rogger de la edición alemana Kirchengeschichte. III. Mittelalter).

R. GARCÍA-VILLOSLADA, Historia de la Iglesia Católica. II. Edad Media (800-1303), BAC, Madrid 2003, 7ª ed.

R. GARCÍA-VILLOSLADA - B. LLORCA, Historia de la Iglesia Católica. III. Edad Nueva, BAC, Madrid 1999, 4ª ed.

P. LEVILLAIN (ED.), Dizionario storico del Papato, 2 tomos, Bompiani, Milano 1996.

PONTIFICIA ADMINISTRACIÓN DE LA PATRIARCAL BASÍLICA DE SAN PEDRO, Los Papas. Veinte Siglos de Historia, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2002.

(Tomado de Catholic.net)

martes, 21 de abril de 2009

Reiki, ¿compatible con la fe cristiana? - Entrevista a Miguel Pastorino


Reiki, ¿compatible con la fe cristiana?
Entrevista con el sacerdote y experto Miguel Pastorino


MONTEVIDEO, domingo, 19 abril 2009 (ZENIT.org).- Recientemente los obispos norteamericanos publicaron un documento sobre la incompatibilidad de la fe cristiana con la práctica del Reiki. Para profundizar en este tema, ZENIT ha entrevistado al sacerdote Miguel Pastorino, quien participó de la Consulta Internacional sobre New Age realizada en la Santa Sede en 2004, dedicada especialmente a las nuevas terapias promovidas por este movimiento.

El padre Miguel Pastorino es miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y actualmente es Director del Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Montevideo (Uruguay).

-¿Qué es propiamente el Reiki?

-Miguel Pastorino: No es simplemente una terapia, sino una cosmovisión religiosa, con ritos iniciáticos y una espiritualidad panteísta que se amalgama con elementos cristianos, y con no pocos principios esotéricos y gnósticos, según las diversas escuelas o sistemas.
El Reiki es definido como "camino espiritual" o "sistema de crecimiento espiritual" por varios de sus maestros. Como un "método natural de curación por medio de la energía universal, cósmica. "Rei Ki" es un término de origen japonés que se refiere a la "energía vital (ki) universal (rei)" que fluye a través de una persona que ha sido sintonizada en Reiki.
"Rei" describe el ser universal, impersonal, omnisciente, que otorga vida, como los rayos del sol a los seres vivos. "Ki" es lo que emana del "rei", es la energía o fuerza vital que pasa a través de todo lo que vive. Usualmente traducen "ReiKi" como: "Energía Universal guiada espiritualmente.
El Reiki afirma que las enfermedades son siempre ocasionadas por un "desequilibrio" en la "energía vital". Por ello hay que encontrar "la armonía", "el equilibrio" de la energía existente en los diferentes centros energéticos del cuerpo (chakras), mediante la imposición de manos. Muchos de sus practicantes prometen un gran alivio al que lo recibe, en el plano físico y espiritual, una gran relajación y una plena sensación de paz interior... una nueva vida.
Los centros de Reiki otorgan cursos de hasta tres y cuatro niveles: En el primer nivel se abren los cuatro chakras inferiores, que funcionan como canales receptivos de energía (otros autores hablan de "aprender a sintonizar la energía" y no hablan de apertura de chakras), mediante unas ceremonias establecidas y se aprende a usar las manos para la curación; en el segundo grado se dan otros pasos iniciáticos y se dan a conocer los símbolos que caracterizan la terapia Reiki, se pueden hacer curaciones a distancia (3º símbolo). En el tercer nivel se alcanza la maduración y se llega a la maestría, aunque actualmente hay para ello un cuarto nivel.

-¿Qué son los Chakras?

-Miguel Pastorino: Si bien no todos los sistemas de Reiki utilizan el recurso a los chakras, la new age ha dispersado en distintas terapias alternativas el uso de los mismos y con pretensiones de veracidad científica, que obviamente no tienen.
Chakra es una palabra sánscrita de género masculino que significa "rueda, círculo", es decir, los chakras son vórtices o centros muy activos, como un torbellino, de energía cósmica que existen en el cuerpo humano (7 principales en el hinduismo, 4 según el budismo). Es una creencia de origen hinduista, relacionada con los 7 cuerpos (etéreo, físico, mental, astral, etéreo, sutil, anímico). Son reflejo del cuerpo sutil, se encuentran en el cuerpo físico, y subsisten después de la muerte y contribuyen a la animación del feto en el instante de la reencarnación del alma en otro cuerpo. O sea, son una creencia religiosa.

-¿Cuál es el origen de este sistema?

-Miguel Pastorino: La curación por el uso de "energía" tiene una antigüedad milenaria en Asia, pero el Reiki surgió a principios del siglo XIX con Mikao Usui (1865-1927), decano de una pequeña universidad en Kyoto (Japón), persona noble, virtuosa y admirada. Un maestro con carisma de gurú, quien tuvo visiones místicas y creó este nuevo sistema curativo, que no es sólo una técnica, sino un camino espiritual.
Cuentan que subió al monte Kurama de Kyoto y que, en el curso de una meditación, recibió la capacidad de canalizar la energía universal. Usui denominó Reiki al sistema de sanación natural que comenzó a divulgar desde entonces. Funda así en Tokio la "Usui Reiki Rioho Gakkai", donde estableció ceremonias de iniciación para sus discípulos.
En sus inicios el Reiki surge como una secta (Energía Vital Universal), luego es traída a occidente (no del todo secularizada) como una práctica curativa. Luego en 1980 se instituyó la American International Reiki Association (AIRA), que contribuye a su difusión en los países occidentales. El mismo nombre (Reiki) lo llevan la secta de Usui, y la práctica presentada como "terapia alternativa o complementaria", de ahí la no poca confusión de muchos.
Al igual que tantos otros maestros del oriente, Usui reedita algunos principios éticos del confucionismo y de otras tradiciones asiáticas. En la actualidad existen diversas y variadas escuelas y sistemas de entrenamiento de Reiki, por las naturales escisiones que tuvo la versión original al llegar a Occidente, razón por la cual es difícil hablar de un único sistema de Reiki.
Si bien existen maestros de Reiki que lo enseñan en fidelidad a Mikao Usui, y no tienen intenciones de engañar a nadie, no pueden ignorar los cristianos, la incompatibilidad doctrinal de sus doctrinas con la fe cristiana, aunque se presente como una inocua terapia.
Es sabido lo difícil que es delinear la frontera entre lo terapéutico y lo espiritual en las disciplinas orientales. Al sostener trabajos sobre la espiritualidad de la persona, se está incluyendo siempre un contenido religioso implícito, aunque no se llame religión.

-En rasgos generales, ¿cuáles son los principales elementos de la cosmovisión del Reiki incompatibles con la fe cristiana?

-Miguel Pastorino: En primer lugar un dualismo cósmico. De origen taoísta, la teoría de los opuestos (Yin - Yang), viviendo en una constante "guerra espiritual" contra las energías negativas, de las cuales se protegen con símbolos protectores ("escudos"), que son simples amuletos, que promueven una mentalidad mágica y supersticiosa. Y por otra parte, subyace en sus escritos un panteísmo que reduce a Dios a una energía que se puede canalizar si uno se concentra y aprende las técnicas para ello.
El sincretismo es tal, que en sus oraciones al "Padre", lo llaman "Ser universal superior" y al "Espíritu Santo" lo igualan al "Ki" o "Chi", es decir, a la energía que pasa a través de nosotros y que recibiríamos del universo, con lo cual Dios ya no es persona, sino una energía que podemos "sintonizar". En algunos casos recurren a un lenguaje pseudocientífico para explicar que a Dios no lo vemos simplemente porque es una energía a otro nivel de frecuencia. Con esto basta para entender que están muy lejos de la fe cristiana y empapados de la New Age.
Semejante a algunas antropologías gnósticas sus manuales nos hablan de una "chispa divina" atrapada en nuestra carne, y el 90% de sus adherentes creen en la reencarnación.
Por otra parte, el mismo Jesús es nombrado como un gran maestro sanador que imponía manos, y hasta graciosamente lo proponen como un maestro Reiki muy antiguo. Incluyen una doctrina sobre Jesús que desfigura su identidad como Dios hecho hombre y como único salvador, quedando como un sanador entre tantos. El sentido cristiano de la imposición de manos no tiene nada que ver con el uso que se hace de ese gesto en el Reiki.
Con esto bastaría para decir que nadie puede llamarse cristiano y tener una visión así de Dios, del mundo, del ser humano y de la vida después de la muerte.
No tengo nada en contra de las terapias de origen japonés, pero advierto siempre a los católicos de la incompatibilidad de esta doctrina que se presenta como simple "terapia", con la fe cristiana.

-Siendo tan complejo el mundo de las nuevas terapias alternativas, ¿Cómo discernir cuando nos alejan de la f e cristiana?

-Miguel Pastorino: Es necesario un serio discernimiento frente a la multitud de disciplinas orientales importadas en occidente, ya que en el caso de que pudieran no ser perjudiciales en sí mismas, es preciso no caer ni en un rechazo a lo diferente por ser desconocido, ni en un concordismo ingenuo por falta de sentido crítico y coherencia en la fe.
La mayoría de las disciplinas orientales traídas a occidente en la segunda mitad del siglo XX (Yoga, Artes Marciales, Meditación Zen, Tai Chi Chuan, Chi Kung, etc.) gozan del testimonio benéfico que han dejado a sus practicantes. Y es que, practicadas dentro de una buena purificación en contenidos y un serio discernimiento, no le es problema a un cristiano practicar cualquiera de ellas, salvo cuando se incluye en el aprendizaje elementos doctrinales y espirituales. Una dificultad en la actualidad es que muchas de ellas están siendo reencantadas con espiritualidades esotéricas promovidas por la Nueva Era. Hay que discernir caso por caso, y una importante "vacuna" para un buen discernimiento es una profunda experiencia de fe en Jesucristo y una sólida formación cristiana.

-Los obispos norteamericanos declaran la invalidez científica del Reiki. ¿Qué opina al respecto?

-Miguel Pastorino: Es claro que no tiene validación científica, al igual que muchas otras terapias importadas de Oriente, y mucho menos lo tienen las pseudoterapias promovidas por la Nueva Era.
Creo que se da una situación peligrosa cuando una persona abandona un tratamiento médico por sumergirse en un sinfín de terapias extrañas y sin validación científica. Uno de los problemas ocasionados por algunos maestros del Reiki, es que prometen curarlo todo, y es obvio que no es cierto.
El Reiki contradice todos los adelantos científicos en materia médica. Cree encontrar las causas de todo lo malo en desequilibrios energéticos, espirituales y psicosomáticos. En este sentido hay mucho de dogmatismo, falta de seriedad, de discernimiento y honestidad en este tipo de afirmaciones.
Las llamadas "terapias complementarias", entre las que hoy se incluye el Reiki gozan de buena propaganda, pero no todas son igualmente serias y además no siempre son tan "efectivas" como prometen. Es verdad que la medicina tradicional no se ha abierto demasiado a nuevos paradigmas en su campo, pero también es verdad que hoy cualquiera se proclama "terapeuta" y no se sabe ni de qué disciplina, ni dónde se graduó, ni si es veraz lo que dice.
Con todos los avances científicos y la presencia de nuevas formas de religiosidad desinstitucionalizada se vuelve difícil la delimitación conceptual, y así, la frontera entre la ciencia, lo mágico, lo paranormal y lo religioso parece diluirse en un magma gnóstico. Muchos se confunden por la gran desinformación que hay al respecto de todo este tema.

-Usted es uruguayo. ¿Cómo es la situación en su país?

-Miguel Pastorino: La moda sociocultural de Nueva Era es el principal distribuidor de Reiki en nuestro país, y la mayoría de sus centros de curación son verdaderos centros de espiritualidad oriental, sincréticos, donde sus practicantes terminan creyendo en la reencarnación, y que forman parte del gran ser universal, impersonal y energético. En lugar de dar fe a la gracia de Dios, dan fe a la energía que todo lo invade y cuya ausencia deteriora los seres. Jesucristo aparece relativizado como un sanador más dentro de la historia de la humanidad al ser igualado a "otros" Budas (iluminados), y se ve alterada su identidad al no ser reconocido como Dios mismo entre nosotros.
Al igual que muchas de las disciplinas promovidas por la New Age, el Reiki va acompañado de una serie de manuales, y materiales teóricos que van minando el cristianismo con un sincretismo que relativiza las bases de la fe cristiana detrás de una fascinación búdica y hasta esotérica. Por su propia modalidad se presenta como "no religioso", cuando todos los temas que toca y sobre los que pretende traer una novedad son medularmente religiosos.
Muchos cristianos sedientos de paz, de armonía, de seguridad, de sanación interior y física han salido a buscar en oriente (cuando no en la caricatura consumista que ha hecho la New Age de las milenarias tradiciones orientales), lo que no han encontrado en un occidente más frío, racionalista, resecado por el secularismo, y vacío de espiritualidad. Las iglesias históricas han quedado a veces presas del paradigma moderno y de una teología secularizada, volviéndose incapaces en la práctica de dar respuesta a la sed espiritual de nuestro tiempo. Por otra parte, el mercado religioso está en "la última" novelería para el ansioso consumidor de nuevas experiencias espirituales disfrazadas de "terapias", llevando así la delantera en la pugna por ofrecer respuestas a las necesidades "espirituales" más urgentes.
No puedo tampoco generalizar, porque hay muchos católicos, que ignorando las incompatibilidades doctrinales, se aventuran en caminos espirituales que creen complementarios, y han encontrado allí algo de paz y bienestar espiritual. Esto es cierto, pero no hay que dejar de decir que tarde o temprano por esos caminos se alejan del Evangelio.
Esta situación nos interpela en cuanto a nuestra misión evangelizadora. ¿Por qué tienen que ir a buscar a otros pozos de agua lo que en Jesucristo colmaría toda su sed de plenitud?

-Algunos incluyen el Reiki dentro de las sectas. ¿Qué opinión le merece?

-Miguel Pastorino: No es una secta, pero el tema es complejo. Las personas que lo practican tienen muy buenas intenciones: mejorar su vida y la de los demás, ser canales del "amor" (cósmico y divino), ser instrumentos de "sanación". Y muchos otorgan sus sesiones gratuitamente porque la bondad no se cobra, lo cual es un signo de la renovación ética y espiritual que se produce en muchos de estos ambientes, lo cual es algo muy positivo.
Pero por otra parte, como todo lo vinculado a la New Age, se está convirtiendo en nuevo negocio religioso para muchos. Nos estamos plagando de maestros Reiki que cobran hasta dos mil dólares un nivel superior, cursos carísimos que gozan de buena reputación en centros de Fitness. Si uno mira las propagandas de varios centros en Montevideo tienen testimonios de lo que el Reiki ha hecho en su vida, su búsqueda espiritual y el Reiki aparece como la respuesta, hasta venden amuletos con signos que atraen energía... También dicen "es compatible con cualquier religión", porque todo sincretismo religioso así se presenta: "todo es complementario", aunque estén frente a lo opuesto. Muchos nuevos movimientos religiosos sincréticos se presentan como "complementarios", cuando en realidad se pretenden sucedáneos de las religiones tradicionales.
Muchos son los que detrás de la fachada de una simple terapia han encontrado un maestro espiritual que los escucha, una comunidad que los acoge, un ambiente de paz y armonía, una nueva religión que por no ser institucional dicen que no es religión. En todo caso habría que decir que no es una Iglesia, o una secta, pero alcanza con leer los manuales para ver que una cosmovisión como ésta es una propuesta religiosa con doctrina, culto y espiritualidad. Es así como podemos ver en un practicante de Reiki los rasgos psicológicos de un "recién convertido": el fanatismo, el deslumbramiento y la paranoia persecutoria hacia quienes quieren cuestionar "algunos aspectos" de su nuevo descubrimiento. Cuando uno los escucha hablar no hablan de cuestiones terapéuticas sino espirituales.
No hemos de condenar las buenas intenciones de tanta gente que quiere mejorar su calidad de vida, pero los cristianos podemos caer en la tentación de pedir prestada la espiritualidad o importarla de Asia, por haber secado nuestro propio pozo. No en vano la Santa Sede ha llamado al documento sobre el New Age: "Jesucristo portador del agua viva", llamándonos frente a la Nueva Era a redescubrir nuestra propia espiritualidad genuinamente cristiana, que no siempre hemos cultivado en profundidad.
Además con los grandes problemas en los que estamos sumergidos, en el angustiante y alienante anonimato en que vivimos, muchos pagan a cualquier precio sentirse importantes, sentirse especiales, siendo un maestro energético o un sanador... Ahora todos quieren ser un gurú.

-¿Qué desafíos presenta a la Iglesia este tipo de terapias promovidas dentro de los mismos creyentes?

-Miguel Pastorino: La respuesta a muchos de estos problemas dentro de nuestra Iglesia se solucionan con una renovación espiritual, con una conversión verdadera, y hoy es un tiempo propicio para el primer anuncio y para un catecumenado de adultos que inicie realmente a los católicos en la vida de Cristo y en los misterios de nuestra fe. Porque como afirmaron los Obispos Latinoamericanos en Aparecida, una fe católica reducida a bagaje cultural, a elenco de normas morales y practicas devocionales, a una practica ocasional en algunos sacramentos... no resistirá los embates del tiempo. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la Iglesia en la cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando.
La respuesta a muchos de los problemas actuales es tener un verdadero encuentro profundo y existencial con Jesucristo vivo, que cambia las vidas de las personas y centrar la vida pastoral en la fuente inagotable de la vida cristiana que es Jesucristo mismo. Es necesaria una verdadera conversión pastoral, que nos haga caer en la cuenta que no podemos descuidar lo esencial.
Tal vez como cristianos hemos hablado poco y casi nada a nuestros hermanos sobre el amor que Dios nos tiene, sobre nuestra realidad de seres únicos e irrepetibles, sobre la gracia, sobre la vida de Dios que se derrama en nosotros, sobre la necesidad de ser sanados de nuestras heridas espirituales, psíquicas y físicas; y tal vez este tipo de cosas nos digan que hemos dejado unos cuantos espacios vacíos que otros vinieron a llenar.
Hoy son muchos los que manifiestan su hambre y sed de crecimiento espiritual, especialmente en países de secularización avanzada. Estoy muy feliz de ver como en muchos lugares del mundo se esta despertando una renovación espiritual dentro de la Iglesia, que sin lugar a dudas es la mejor vacuna para muchos de los desafíos actuales.

lunes, 13 de abril de 2009

El Reiki es anticristiano


Los obispos de Estados Unidos declaran no cristiana la terapia Reiki
Denuncian su utilización en instituciones católicas



WASHINGTON, domingo, 10 abril 2009 (ZENIT.org).- El Reiki, medicina alternativa japonesa, carece de credibilidad científica y está fuera de la fe cristiana, haciéndola inaceptable para las instituciones sanitarias católicas, indicaba la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

El 29 de marzo, la Conferencia publicaba las "Directrices para la Evaluación del Reiki como Terapia Alternativa", desarrolladas por su comité doctrinal, presidido por el obispo de Bridgeport, Connecticut, Mons. William Lori, y aprobadas por el comité administrativo el viernes 28 de marzo.

El documento observa que "la Iglesia reconoce dos clases de curación: la curación por la gracia divina y la curación que utiliza los poderes de la naturaleza", que "no se excluyen una a otra".

El Reiki, sin embargo, "no encuentra apoyo ni en los descubrimientos de la ciencia natural ni en la fe cristiana", explicaba.

Las directrices indican que esta técnica de curación "fue inventada en Japón a finales del ochocientos por Mikao Usui, que estudiaba los textos budistas".

El documento añade: "Según las enseñanzas del Reiki, la enfermedad es causada por alguna clase de disfunción o desequilibrio en la ‘energía vital' de uno. Un médico Reiki efectúa la curación colocando sus manos en ciertas posiciones sobre el cuerpo del paciente para facilitar el flujo del Reiki, la ‘energía vital universal', del médico Reiki al paciente".

Curación espiritual

Explica más adelante que la terapia tiene algunos aspectos de religión, siendo "descrita como una clase de curación ‘espiritual'", con sus propios preceptos éticos o "forma de vida".

El Reiki "no ha sido aceptado por las comunidades científica y médica como una terapia eficaz", observaban las directrices. "Estudios científicos serios atestiguan que el Reiki carece de eficacia, así como de una explicación científica plausible sobre cómo pudiera llegar a ser eficaz".

Tampoco la fe puede ser la base de esta terapia, afirmaban los obispos, puesto que el Reiki es diferente de la "curación divina conocida por los cristianos".

Explicaban que "la diferencia radical se puede ver de forma inmediata en el hecho de que el poder de curación del médico Reiki está a disposición del ser humano". Para los cristianos, afirmaban, "el acceso a la curación divina se hace a través de la oración a Cristo como Señor y Salvador", mientras que el Reiki es una técnica que se transmite de "maestro" a alumno, un método que "según parece producirá los resultados previstos".

Problemas insolubles

Las directrices establecen: "Para un católico creer en la terapia Reiki presenta problemas insolubles. En términos de curación de la salud física propia o de los demás, emplear una técnica que no tiene apoyo científico - ni incluso verosimilitud - es, por lo general, imprudente".

A nivel espiritual, el documento indica que "existen peligros importantes". Y explica: "Para usar el Reiki habría que aceptar, al menos de forma implícita, elementos centrales de la visión del mundo que subyace tras la teoría Reiki, elementos que no pertenecen ni a la fe cristiana ni a la ciencia natural".

"Sin justificación ni de la fe cristiana ni de la ciencia natural, por tanto, un católico que ponga su confianza en el Reiki estaría actuando dentro del ámbito de la superstición, esa tierra de nadie que no es ni fe ni ciencia".

"La superstición corrompe el culto a Dios volviendo hacia una dirección falsa los sentimientos y la práctica religiosa. Aunque en ocasiones la gente cae en la superstición por ignorancia, es responsabilidad de todos los que enseñan en nombre de la Iglesia eliminar tal ignorancia tanto como les sea posible".

El documento concluye, "puesto que la terapia Reiki no es compatible ni con la enseñanza cristiana ni con la evidencia científica, no sería apropiado que instituciones católicas, como establecimientos sanitarios católicos y centros de retiros, o personas que representan a la Iglesia, como capellanes católicos, promuevan o proporcionen terapia Reiki".

En la red: Directrices: http://www.usccb.org/dpp/doctrine.htm

domingo, 12 de abril de 2009

La resurrección de Jesús no es una teoría - Benedicto XVI


La resurrección de Jesús no es una teoría
Papa Benedicto XVI en su mensaje pascual
Pronunciado desde el balcón de la Basílica de San Pedro antes unos 200 mil peregrinos


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 12 abril 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI dedicó el mensaje de Pascua que pronunció desde el balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano a mostrar cómo la resurrección de Jesús no es una teoría o un mito, sino el hecho más significativo de la historia.

Ante los doscientos mil fieles que llenaban la plaza de San Pedro y calles adyacentes, el Papa consideró, por este motivo, que el anuncio de la Pascua despeja las zonas oscuras del "materialismo" y del "nihilismo", que parecen extenderse en las sociedades modernas.

En una mañana de cielo cubierto, el Santo Padre recogió "una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre": "¿qué hay después de la muerte?".

La celebración de la Pascua, respondió, "nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa".

La resurrección de Jesús, aseguró, "no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su "pascua", su "paso", que ha abierto una "nueva vía" entre la tierra y el Cielo".

"No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba", subrayó.

El obispo de Roma explicó que "el anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos", refiriéndose en particular "al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana".

En efecto, aseguró, "si Cristo no hubiera resucitado, el 'vacío' acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria".

Con la resurrección de Cristo, subrayó, "ya no es la nada la que envuelve todo, sino la presencia amorosa de Dios".

Ahora bien, siguió diciendo, si bien es verdad que la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, sin embargo "quedan todavía muchos, demasiados signos de su antiguo dominio".

Por este motivo, recalcó el Papa, Cristo "necesita no obstante hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor".

viernes, 10 de abril de 2009

Crux Fidelis - Venantius Fortunatus


Crux Fidelis
Venantius Fortunatus


Es un himno litúrgico tomado del poema de Venancio Fortunato (siglo VI) que comienza con el verso Pange lingua gloriosi. Por cierto, este poema fue el que inspiró a Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) el otro Pange lingua, más popular, de contenido eucarístico. Este poema galicano está dedicado a la Santa Cruz. En la liturgia romana se canta durante el tiempo de Pasión y el día de Viernes Santo.
Les dejamos este Video para que, a través de la música y la imagen, podamos meditar en la Cruz de Jesucristo.







viernes, 3 de abril de 2009

Bella: En busca del orden - Flavio Mateos


BELLA: En busca del orden
Flavio Mateos


"Llamo a ustedes la atención sobre este punto tan importante: consideren, de un lado, el esfuerzo consciente y la paciente organización que exige la composición de una obra de arte, y, del otro, el carácter prematuro del juicio, necesariamente improvisado, que sigue a su presentación. Entre los deberes de quien compone y los derechos de quienes juzgan, la desproporción es notoria, puesto que la obra ofrecida al público, cualquiera sea su valor, es siempre el fruto de estudios, de razonamientos y de cálculos que involucran todo lo contrario de una improvisación." Igor Stravinsky – Poética musical. Resulta insólito, en estos tiempos, que se nos presente una película cuya moral sea inobjetable, con indicios ciertos de que hay detrás una sincera conversión y, por lo tanto, alguien molesto que desea dar pelea contra este mundo. Encontramos entonces un escollo menos a la hora de sentarnos a pensar sobre la misma, por lo que vamos a atender a la forma de la película, evitando en lo posible la improvisación.

Las intenciones que han movido a los responsables de esta película se nos aparecen con palpable claridad tras una primera mirada. El deseo puesto en acción del católico converso Verástegui busca, a través de lo estético, y por sobre ello, elevar al espectador a una consideración sobre la vida distinta de la que propone el mundo. Por eso en una declaración suya leemos algo que este film ratifica: "Espero que la gente salga del cine queriendo amar más y juzgar menos, queriendo perdonar más y quejarse menos, con un espíritu lleno de gratitud, con una vela prendida en el corazón, con el deseo de ser mejores personas. Quiero que salgan entretenidos, pero también tocados, incluso llenos de esperanza, de fe y de amor." Semejante declaración apuntala lo que es para nosotros una dificultad de este film: demasiadas buenas intenciones para una sola y primeriza película. El acierto está en el inmenso deseo de hacer algo que se destaque por sobre el resto del cine, pero en su ambición Verástegui debe llegar a entender que la segunda intención debe por un momento someterse a la primera, para llegar a concretarse. Es como decía Hitchcock: "Las emociones son universales, y el arte es emoción. Por lo tanto, concebir y crear una película capaz de producir algún efecto en el público es, a mi juicio, la principal función del cine y mi mayor fuente de satisfacciones. De lo contrario, el cine no es más que un registro de acontecimientos." Ese fuego que mueve el corazón de Verástegui, actor y productor, puede llevarlo alto si la prudencia gobierna su hacer y la audacia recibe como plus la sensibilidad artística y la paciencia necesarias para llegar a ser todo un artista. Vamos a recorrer las virtudes y los errores de una obra diferente y única en el panorama del cine actual. Intentaremos comprender el "porqué" del "cómo" de la misma y distinguir los logros y los despistes que se suceden.


Orden y desorden

El converso católico hace un gran descubrimiento, a través de la fe. Y lo hace en y a partir de sí mismo. Ese descubrimiento es el sentido que adquiere del pecado y de lo que éste significa: es un desorden, una deliberada afrenta que instala el desorden en el orden querido y establecido por Dios, primero en el orden sobrenatural y luego en el orden natural. Al volverse cristiano, el hombre es restablecido a un orden y, por lo tanto, debe mantenerse en ese orden manteniendo en orden su vida. Verdad y libertad se concilian entonces mediante la aceptación de la cruz. Tras el regreso a casa, Verástegui decidió volcar eso inefable, bello y alegre que alberga ahora su corazón y su vida, a sus obras. Y seguramente el primer tema, el más claramente delimitado de esta película, es el de la lucha entre el orden y el desorden. Pero, para que haya finalmente un orden, antes se debe regresar a casa. Esto es lo que inteligentemente se plantea en la historia que cuenta Bella. Las cosas malas suceden en el desorden:

a) Al comienzo, José (Eduardo Verástegui) es un frívolo futbolista que sólo piensa en ganar fama y dinero. Lleva dentro una alegría que no es mala en sí (manifestada por el baile) pero que puede ser derrochada inútilmente en un contexto espúreo (éste lo representa, entonces, el inescrupuloso manager del jugador, un argentino, lamentablemente).

b) José conduce un auto costoso con total desatención, mientras su manager le llena la cabeza sobre el futuro contrato.

c) La madre que juega con su hijita, la descuida porque prefiere mediatizar su relación, y lo que más le interesa es registrarla con su cámara de video. Allí también hay desatención y desorden.

d) La ciudad de Nueva York nos es presentada como un lugar ruidoso y caótico, donde, lejos de reinar la armonía, priman las disputas agresivas (supermercado chino), las máquinas que rompen las calles y el subterráneo con un grupo que hace sonar unos tambores (poniendo en evidencia, además, la turbación interior de Nina).

e) Cuando José deja el restaurante, aparece el desorden y salen a la luz diversos conflictos internos e injusticias varias; es a raíz de estas cosas que termina todo volviéndose un caos, y no al revés.

f) Por supuesto, la vida desordenada de Nina sale a la superficie cuando descubre que está embarazada. Pero, precisamente, la solución a ello no está en el aborto, sino en establecer un nuevo orden; esto es lo que se quiere comunicar a partir de la segunda parte de la película.

En el orden, en cambio, aparecen las soluciones (o, mejor dicho: "La solución está en el Orden", como dice un amigo nuestro):

a) El atribulado José encuentra en Nina una razón para volver a casa, a la casa de sus padres. Mientras que antes viajaron en subterráneo –escena oscura y ruidosa- ahora la escena es sobre tierra y luminosa: van dejando atrás el desorden de la ciudad y de sus propias vidas.

b) En su casa José encuentra un orden vivo, un orden evidente: su padre cuida un jardín, al que llama su "Paraíso". Se evidencia más que nunca –aunque sin énfasis y más bien con demasiado optimismo- una influencia católica en ese orden familiar, donde la imagen de la Virgen de Guadalupe lo viene a signar.

c) Pero ese orden, desde luego, no es perfecto. El hermano menor de José muestra la frivolidad e irresponsabilidad que José tuviera años atrás.

d) Ese orden que se busca es cimentado cuando los personajes en su desvalimiento se sientan en la arena, respetuosos de frente al mar, cada uno con su pequeña luz (las linternas), que apenas los ilumina pero que, cuando al fin el orden sea del todo restaurado, ya no las necesitarán. Por eso se repite la escena frente al mar, pero de día y en un día a pleno sol.


No al romanticismo

El gran mérito de esta película, tal vez sea haber evitado caer en la "asquerosidad romántica", como la llamaba Anzoátegui. El vacuo sentimentalismo o la grandilocuencia melodramática que, ya en estos tiempos, es imposible de llevar a cabo con éxito. Si es cierto que algunos ripios de telenovelas aparecen en la segunda parte de la película, ello aparece siempre matizado por el tono apagado, como en sordina con que se muestran los personajes. Tal vez un mayor protagonismo a las cosas, y éstas como representantes de los personajes o las situaciones que los involucran, habría evitado esas lagunas. Pero logra evitarse lo melodramático –lo cual hubiera sido inevitable con semejante historia- porque la mirada sobre todo es católica. Agregaría: recientemente católica, por eso el uso de los símbolos parece incipiente, como el descubrimiento feliz de un chico con juguete nuevo. Hay sí algunas lágrimas en primeros planos, pero no hay gritos histéricos ni sollozos espasmódicos. Es probable que la forma de hablar de los actores mejicanos y la falta de fuerza de algunos diálogos den una impresión que no termina de concretarse.

Bella es una historia de amor donde no hay besos ni palabras de amor, ni largas miradas deseosas ni, desde luego, alusiones sexuales. Deliberadamente se han querido evitar esos lugares comunes. He allí una probable razón para la barba tupida que cubre el rostro de Verástegui: es demasiado apuesto y resultaría sospechoso que Nina no le prestara la debida atención. Y es probablemente, también, un efecto deseado sobre la platea femenina que siguió e idolatró a Verástegui antes de su conversión, cuando era un exitoso "latin-lover".

En uno de sus ensayos, Chesterton refuta una afirmación muy extendida, la de que "cierto tipo de amor romántico constituye la existencia entera de una mujer". Precisamente Chesterton rescata los muchísimos otros intereses y convicciones que han tenido las mujeres a lo largo de la Historia. Esta película es, en algún sentido, y si se mira bien, lo contrario de la tan promocionada –y por cierto, muy bien realizada- Titanic, donde se pone en escena una historia "romántica" y los personajes no piensan jamás –como tampoco el director- en las consecuencias de sus actos. Bella lo hace sin contundencia, pero, también, sin exaltación. Y en esto también lo seguimos a Anzoátegui: "(Mármol) estaba convencido de que la exaltación patriótica bastaba para justificar cualquier cosa: no sabía que la exaltación es la madre de todas las importunidades."


Los amores de Verástegui

Hemos visto que, lejos de desmerecer a la mujer, lejos de considerarla un objeto suntuoso de apropiación masculina, este film la eleva y dignifica, fundamentalmente por su rol de madre –no sólo en el caso de Nina, sino también en el de la madre de José y, si vamos al fondo del asunto, en relación a la Santísima Virgen María, allí presente. En tiempos como éstos en que se degrada a la mujer y se combate la maternidad (el diario Clarín tiene un suplemento llamado Mujer que se dedica especialmente a tal fin; el domingo anterior el matutino destaca un reportaje a una "psiquiatra y psicoanalista experta en criminología y perversiones sexuales" cuya fisonomía parece hacerla experta en tales asuntos pero por propia experiencia, que dice:"El problema es creer que la maternidad es un estado que merece ser glorificado"), esto es algo hoy día políticamente incorrecto. Pero también se ocupa Bella, esto tal vez en forma más evidente, de la comunidad de hispanos –o latinos- en los Estados Unidos, para romper con ese papel estereotipado de criminal o imbécil, amante latino o narcotraficante, siempre inferior al "americano". Destaca entonces determinados valores como la familia, la maternidad, las costumbres y hasta el humor de los hispanos, ajenos al ideario norteamericano (recuérdese: el padre se niega a hablar en inglés; la lengua es algo fundamental para mantener esa identidad). Creemos que si estos amores están bien cursados y delimitados, nos parece que un amor falta para que aquellos se integren mejor a lo que se cuenta: nos referimos al amor por el cine. De qué manera se dé en lo futuro, ya lo veremos, pero, sin esa afinidad e intimidad con los recursos y formas de este arte, las buenas intenciones quedarán a mitad de camino.


Sobre los símbolos

El director y/o los guionistas de este film (el hecho de que haya tantas manos detrás aún no nos permite asegurar quién ha sido el verdadero autor, si es que lo hubo) han acertado en buscar por momentos una forma de contar a través de diversos símbolos, con diferente fortuna. Ya esta búsqueda es un buen indicio de una pretensión de ir más allá de un simple panfleto pro-vida. Puede verse que estos símbolos funcionan en escenas simétricas:

a) Ya mencionamos el mar: abre con él y luego el flash-back que es todo el film. Escenario en la noche y de día al final. Resulta evidente pensar lo que para un converso significa el agua, que remite al bautismo. Quizás Verástegui haya querido mostrar la inmensidad de la gracia divina ante los personajes que se acercan al mar. En todo caso, es evidente el sentido de repetición que, además, muestra de manera por demás obvia otro símbolo, el de la mariposa.

b) La mariposa con la que juega la niña que atropella José, vuelve a volar al final, cuando un barrilete en forma de mariposa se eleva frente a la playa. Símbolo de una historia que se cierra y un orden que se restaura.

c) Nos referimos a dos viajes en tren, uno bajo tierra y ruidoso; otro sobre tierra y donde los protagonistas pueden conversar.

d) José se sienta dos veces al volante del mismo auto: la primera vez éste se mueve veloz pero no lo conduce al éxito sino al drama. Está mal acompañado por su manager. La segunda vez el auto está detenido dentro de un garage y lo acompaña Nina. No anda pero a partir de ahí ambos llegarán muy lejos.

e) Hay dos ollas en el restaurant de Manny: la primera está vieja y podrida, y es una muestra de lo mal que andan las cosas en el restaurant. La segunda es nueva, y muestra el llamado al orden que ha atendido el hermano de José.

f) Hay dos personajes similares que intervienen en la vida de José: su hermano Manny y su manager Francisco. Ambos viven en el desorden porque no piensan más que en los negocios, en volverse ricos a toda costa. Por esa codicia se produce el primer accidente, y por ella José se termina yendo del restaurant.

g) Hay dos niñas en dos momentos diferentes: en la primera escena José le arrebata la niña a su madre; en la segunda se la devuelve a su madre, Nina.

h) José se sienta en la vereda a esperar a Nina, que ha entrado a comprar algo a un negocio. Alguien lo confunde con un pordiosero y le da una limosna. Luego, José y Nina encontrarán a un viejo pordiosero que parecerá ver mucho más que todos ellos. Parece evidente que desde ese lugar pueden llegar a verse mejor las cosas, es decir, desde un lugar humilde (desde abajo) que no desde la soberbia altanera (como Manny o Francisco, que desean seguir trepando).

i) Otro símbolo muy obvio pero que viene a reforzar esa idea de completa reparación que es toda la película: el osito que se le cae a Nina luego de ser despedida, y que fue lo último que le regaló su padre. Vuelve en la escena final, cuando ella se lo regala a su hija Bella.

j) Hay una pelota de fútbol al comienzo, pelota que José no llega a tocar con sus pies, como anticipo del final inmediato de su carrera. Tiene su autógrafo, y sólo éste quedará estampado en ella. Aparece en el garage, cuando José se la lanza a Nina, compartiendo de esa forma su pasado con ella (acaba de contarle la historia de su accidente).

k) José y Nina se pasan casi toda la película con sus ropas de trabajo. El primero con su delantal blanco de cocinero (¿acaso blanco como antiguamente los catecúmenos en la Iglesia o blanco como un fantasma que no termina de dejar atrás su pasado?). Nina lleva puesto un vestido floreado mejicano (el cual le es elogiado dos veces; tal vez ella misma no se da cuenta de que está destinada a recibir una alegría que no esté sólo en sus ropas). A ambos sus ropas los distinguen de la gente, pero, también, los identifica con una situación de falta de resolución en sus vidas. Finalmente: en la escena en la clínica abortiva, Nina lleva pantalones. En la escena del final, lleva un vestido.


El crimen del aborto

"Grande o pequeña, buena o mala, inteligente o estúpida –escribió Chesterton- una novela moral significa casi siempre una novela de crimen." El crimen del aborto, en este caso, es un componente que queda sumergido en la película por la historia familiar o el pasado de José. Entiendo que no cobra la fuerza que se requiere para que podamos detestarlo sabiendo lo que es, o no aparece como una amenaza para terminar de destruir la vida de Nina, además de la de su bebé. Es conocida la sentencia hitchcocquiana: "Cuanto mejor es el malo, mejor es el film." Y esto, por supuesto, no sólo en referencia a los films policiales o de intriga, sino a todo el cine. En Bella le falta encarnadura al mal, una encarnadura, además, que realce el Bien. Por eso Mel Gibson puso frente a Jesucristo a Satanás, a Judas, a Caifás, a Herodes, a Pilato, a los fariseos, a las muchedumbres, a los soldados romanos. Precisamente el Bien trasciende cuando su triunfo parece a todas luces imposible y resultaría muy fácil defeccionar. Verástegui debe saber que la vida es "milicia contra la malicia", entonces debe ahora mostrar la cara de ese mal que se sirve de las criaturas y las estructuras de poder. ¿Puede explicarse esta actitud de la película? La actitud de la película es la misma que sostiene José para con Nina. En ningún momento la sermonea ni intenta asustarla ante lo que puede ocurrirle. Simplemente la acompaña, le muestra su desacuerdo con su decisión, pero le muestra su afecto y el apoyo a su persona. Por eso descubrimos el pasado de José a la par que Nina, y no antes. Si esto es así, la película parece estar hecha, antes que nada, para las mujeres como Nina, perdidas y confundidas y faltas de afecto, con un fuerte sentimiento de fidelidad pero desarraigado. Por eso si se mostró brevemente a Nina en su departamento –ni siquiera en éste, sino en un baño oscuro y derruido-, José la llevará a una casa y una familia, es decir, a desear una casa y una familia. El film tiene el tacto de no atacar a la mujer, sino al aborto. De allí que antes que mostrar lo horrible del aborto, se muestran situaciones y valores positivos para contrarrestar la idea de matar a una criatura inocente. Bella es un film anti-aborto porque es antes un film pro-vida; y no un film pro-vida porque es anti-aborto. Al hacer hincapié en los valores positivos demuestra entender que la primacía le corresponde al Bien, y que el mal es una privación de ese Bien. Al mostrar todo lo que se perdería con ese crimen, busca ir más allá de oponerse al aborto. Busca antes que nada apostar a la vida, una vida que triunfa sobre ese crimen: la de la caridad, que, bien entendida, empieza por casa. Comprendido lo anterior, entendemos que eso mismo puede y debe ser reforzado mediante el contraste con un antagonismo activo, para no correr el riesgo de ver la vida color de rosa, sino en su justa dimensión, aquella donde la gracia lucha y vence a la naturaleza caída y el pecado tras una fragorosa y extenuante batalla.


El efecto sobre el espectador

Hay cuestiones que todo buen guionista debe saber. Aceptándolas y ciñéndose a ellas, recién entonces puede dar rienda suelta a toda su inspiración creativa. Bien sabe esto Mel Gibson, cuyos films están bien estructurados, con una férrea armazón y una sabia dosificación de los diversos componentes de un relato cinematográfico. Como escribió Eugene Vale: "Las reacciones del espectador no son impredecibles ni inciertas, ya que éste reacciona de cierta forma en ciertas partes. Sabiendo esto el escritor puede obtener las reacciones deseadas en el espectador. (...)Una construcción dramática correcta presenta el contenido del relato de la forma más efectiva. Debe evitarle al espectador los sentimientos de aburrimiento, fatiga, insatisfacción y lentitud. Debe causar sorpresa, esperanza, temor, suspenso y moverse hacia adelante." Técnicas del guión para cine y televisión). Curiosamente, encontramos coincidencia en este escrito de San Agustín: "Ocurre con frecuencia que al principio el oyente nos escuchaba de buena gana; pero cansado de escuchar o de estar de pie, cesa de alabarnos, y abriendo la boca, empieza a bostezar. Con eso nos demuestra, a pesar suyo, el deseo de marcharse. En cuanto se observe ese fastidio, fuerza es despertar su atención con algún discurso, que sin ser inconveniente, sea por el contrario motivo de alegría y responda al objeto tratado; esto puede corregirse representando a su imaginación algo admirable o sorprendente, o mediante algún rasgo que excite el dolor y las lágrimas, y le conmueva personalmente, a fin de que el interés propio sostenga su atención. Al contrario, esforcémonos por conquistarle y atraerle por el tono amistoso de nuestras palabras." (De la enseñanza de los catecúmenos, cap. XIII, 19)

No queremos decir con esto que nos hemos aburrido, pero hay un momento en que empezamos a pensar que las situaciones se estiran sin que ocurra nada significativo. Tal vez porque por momentos se confía más en el diálogo que en la imagen, y si destacamos lo anterior es para señalar las distintas características que hay entre el oyente y el espectador. Destaquemos estos detalles que conciernen a este último: 1) que lo que ve "le conmueva personalmente" 2) que "el interés propio sostenga su atención". Así somos y por eso un film funciona más o menos. Conseguida la identificación con uno o más personajes, "debemos construir un relato que despierte, sostenga y vaya incrementando el interés del espectador. Para lograrlo debemos valernos de su capacidad de anticipación. La anticipación es la capacidad del espectador de prever algo que sucederá en el futuro" (E. Vale). Participando del deseo o el temor de los personajes se incrementan las emociones -que son una forma diferente del conocer-. El suspenso no es otra cosa que una reacción del espectador ante la duda de si se cumplirá o no la intención del personaje (cosa que nos ocurre permanentemente en la vida). José quiere evitar a toda costa que Nina aborte, ¿lo conseguirá? ¿logrará convencerla? ¿se producirá el milagro de su conversión? Ese debió ser el motivo conductor de la trama sobre la cual debieran articularse el resto de los conflictos y relaciones. Esa intención de José que chocaría con la intención de Nina sería lo que haría avanzar con más fluidez la historia hacia adelante. Por eso la película es más descriptiva que dramática: en su intento de innovar y evitar lo melodramático, evita mostrar una lucha en la que hubiera tenido que recurrir a situaciones o escenas más jugadas y al borde de la exageración si no les hubiese encontrado el tono adecuado.

Por otro lado, le falta a Bella el clímax, ese momento anterior al epílogo donde se concentran y resuelven los conflictos; es el momento de mayor emoción de una película. Ese momento debió haber sido, quizá, aquel de la decisión en la sala donde se practican los abortos, anticipado en hermosa y temprana escena en la película, pero que debió mostrársenos completa antes del final. En vez, el momento culminante se sustrae, y, siendo que Nina vuelve a la ciudad aun con la determinación de abortar, la música que acompaña las imágenes del regreso es todo lo contrario de dramática, como si allí en la playa se hubiese resuelto todo. Y aun más, para confusión nuestra, hay una elipsis de algunos años, mediante la cual se logra hacer coincidir la simetría antes apuntada de las dos niñas en la vida de José. Esto, según se ve, excede la sutileza y ya nos parece un error, por todo lo antes señalado. Inseguridades de un director inexperto, como en la escena en que José y Nina hablan con el pordiosero. Al terminar el diálogo se inserta un plano muy breve de un cartel con una inscripción muy ingeniosa junto al viejo ciego. Sin embargo, la escena anterior fue realizada en función del punto de vista de los dos protagonistas, y, por lo tanto, esa última toma debió haberse incluido antes, como subjetiva, por ej., de José. Ubicada al final resulta condescendiente y fuera de lugar. No es lo mismo que incluir planos fijos de diversos lugares de la ciudad, como enlaces entre escenas o para ubicarnos espacialmente.

En Bella el interés se dispersa porque el director ha querido abarcar demasiado: el tema de la "conversión" de José (que entronca con la verdadera conversión de Eduardo Verástegui, cuyo primer nombre es precisamente José); el drama personal de Nina; el aborto; la adopción; la familia; los hispanos en Estados Unidos; el catolicismo de José y su familia; Nueva York. La realidad del dolor y la angustia humana se insinúan muy bien en ambos protagonistas, pero no llegan a mostrarse, tal vez por falta de escenas íntimas y desarrollo argumental. Apuntamos los errores de la película con la salvedad de que cuanto menos se usan los esquemas ya establecidos (entre nosotros, los géneros cinematográficos) como soportes, más difícil resulta desplegar una historia. No queremos dejar de destacar que se ha querido poner el arte por sobre cualquier interés mezquino o frívolo, por sobre cualquier miseria ideológica o nihilismo diluyente, algo infrecuente en el cine de hoy. Y es precisamente con este cine de hoy con quien se debe comparar este film, no con los grandes clásicos, con las obras acabadas. Los opinadores de cine vernáculos, una vez más, han hecho muy mal su trabajo, con la desidia propia de la comodidad a que aspiran los mediocres. Tanto al escriba de La Nación como al de Crítica, uno más torpe que el otro, les llama la atención el que José abandone su trabajo para ir a rescatar a Nina. Ambos miran el film desde el punto de vista egoísta de Manny, para quien sólo importan los negocios. Cuando echa a Nina él le habla de justicia, pero sin siquiera conocer la verdad de los hechos. Es José quien se torna incomprensible para él porque va más allá de la justicia, recurriendo a la caridad. Y es esta actitud probablemente la más noble y que mejor nos presenta la película. No hay horarios para la caridad, Dios puede llamarnos en cualquier momento. Como dice la frase que abre el film: "Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes." Pero además, es a partir de la caridad que llega a realizarse la justicia. "La justicia es la madre del orden" escribió Castellani, y también: "Una injusticia mientras no es reparada destruye la convivencia". La caridad de la verdad le dice a Manny a través de José que está manejando muy mal su negocio. Afortunadamente Manny lo entiende, no así los ciegos que no quieren ver de la prensa argentina, que no le hacen justicia a esta película. Esto me hace acordar a un periodista llamado Abel Posadas, que decía que en la película I confess, de Hitchcock, no podía creerse que el protagonista –quien luego iba a ser sacerdote y al que llama "un laico cualquiera"– no se acostara con su novia cuando debieron refugiarse una noche de una tormenta en el campo. Es claro: el sucio todo lo ve sucio. El necio no comprende un acto de generosidad o entrega sin que haya a cambio una inmediata recompensa. Su castigo es quedarse ciegos para toda verdad. "El artista –escribió Ernest Hello–, el artista digno de este nombre, da aliento al alma humana. El Arte, en cierta medida y en cierto momento, es la fuerza que hace estallar la bóveda del subterráneo en el cual nos ahogamos." Bella consigue por momentos hacernos atisbar esa luz que es una esperanza cierta, prometedora de mayores goces tras esta ardua pelea.


Flavio Mateos





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