martes, 26 de mayo de 2009

El deseo del Espíritu Santo - San Juan de Ávila

El deseo del Espíritu Santo
San Juan de Ávila


Acercándonos a la fiesta de Pentecostés, bueno es meditar en este breve y bello extracto de un Sermón de San Juan de Ávila

No vendrá el Espíritu Santo a ti si no tienes hambre de Él, si no tienes deseo de Él. Y los deseos que tienes de Dios, aposentadores son de Dios, y señal es que si tienes deseos de Dios, que presto vendrá a ti. No te canses de desearlo, que, aunque te parezca que lo esperas y no viene y aunque te parezca que lo llamas y no te responde, persevera siempre en el deseo y no te faltará.

Hermano, ten confianza en Él. Porque debes, hermano mío, asentar en tu corazón que, si estás desconsolado y llamas al Espíritu Santo y no viene, es porque aún no tienes el deseo que conviene para recibir tal Huésped. Y si no viene, no es porque no quiere venir, no es porque lo tiene olvidado, sino para que perseveres en el deseo, y perseverando hacerte capaz de Él, ensancharte ese corazón, hacer que crezca la confianza, que de Su parte te certifico que nadie lo llama que se salga vacío de Su consolación.

¡Y cómo dice esto el real profeta David! El deseo de los pobres no lo menospreció Dios, oyólo el Señor (Sal 21,25) ¿Quién es pobre? Pobre es aquél que desconfía de sí mismo y confía sólo en Dios; pobre es aquel que desconfía de su parecer propio y fuerzas, de su hacienda, de su saber, de su poder; aquel es pobre que conoce su bajeza, su gran poquedad; que conoce ser un gusano, una podredumbre, y pone juntamente con esto su arrimo en sólo Dios y confía que es tanta Su Misericordia, que no le dejará vacío de Su consolación. Los deseos de estos tales oye Dios.


***
San Juan de Ávila, “Sermones del Espíritu Santo” (Primer sermón, Domingo infraoctava de la Ascensión).





domingo, 24 de mayo de 2009

Alma de Cristo - Fernando Moser

Alma de Cristo
Fernando Moser


El "Alma de Cristo" es una oracion Eucaristíca atribuída a San Ignacio de Loyola, cantada por Fernando Moser en vivo en el canal 21 - Buenos Aires, Argentina.

Para mayor información: http://www.fernandomoser.com.ar/






Fuego Suave - Ziza Fernandes

Fuego Suave
Ziza Fernandes


Ziza Fernandes, católica y música brasilera, ya bien conocida en América Latina, canta “Fuego Suave”. Una dulce música al Espíritu Santo cuya composición de su autoría.

Véala y escúchela aqui, en esta versión acústica, realizada exclusivamente en los estudios webTVCN de Canción Nueva.

“Tus dedos tocan mi pensar,
cariño en mi alma,
sosiega y calma, mi vida agitada.
Hoy tu presencia me abraza,
Me quedo en ella.
Es tuya esta hora, estoy naciendo.
Adoraré, Espíritu Santo,
Fuego suave, abrasador.
Dulce huésped del alma”






viernes, 22 de mayo de 2009

Id y enseñad al mundo... a través de la web - Benedicto XVI

Id y enseñad al mundo... a través de la web
Benedicto XVI


Al finalizar la audiencia general, Benedicto XVI recordó, en inglés, que el domingo 24 de mayo la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones. Las nuevas tecnologías, explicó el Papa, han cambiado el modo en que las informaciones son difundidas en el mundo y "el modo en que las personas comunican y se relacionan con los demás". Por esto Benedicto XVI animó a los que tienen acceso al ciberespacio a "estar atento y mantener a promover una cultura de respeto, de diálogo y amistad auténtica, en donde los valores de la verdad, de la armonía y la comprensión puedan prosperar".

Además el Papa invitó a los jóvenes a usar las nuevas tecnologías para la Evangelización. Dijo, hablando en inglés: "¡Testimoniad la fe a través del mundo digital! ¡Emplead esas nuevas tecnologías para dar a conocer el Evangelio de modo que la Buena Nueva del amor infinito de Dios por todos resuene de maneras diferentes en nuestro mundo cada vez más tecnológico!".






martes, 19 de mayo de 2009

Sigue - Martín Valverde

Sigue
Martín Valverde


Dios te ama mas de lo que te puedas imaginar.
Él te espera con los brazos abiertos y su misericordia es infinita.
Después de la tormenta , llega la paz.
Recuérdalo.






lunes, 18 de mayo de 2009

El Caballero de Asís - Dibujos Animados

El Caballero de Asís
Dibujos Animados

San Francisco de Asís en dibujos animados.


Video 1



Video 2



Video 3

domingo, 17 de mayo de 2009

Ave Maria - Hayley Westenra

Ave María
Hayley Westenra

Una bellísima versión del Ave María, cantada con todo el corazón.



miércoles, 13 de mayo de 2009

La tienda raída - Briege McKenna

La tienda raída
Hna. Briege McKenna

Como joven religiosa, a menudo oía pláticas acerca de vivir en la presencia de Dios. En la sociedad actual, a causa de tanto ruido y de la dificultad de encontrar lugares de silencio, la gente dice que encuentra difícil estar conscientes de Jesús.

Hace algunos años, en mi retiro anual, me vi sometida a tentaciones terribles y al desaliento. Cada tentación que ustedes puedan pensar, yo las tuve esa noche. Camino a Misa a la mañana siguiente, me sentía abatida y deprimida por los ataques y tentaciones de la noche anterior.

Al enfilarme a recibir la Comunión, hice un acto de fe, dije: "Jesús, yo sé que Te estoy recibiendo, pero me siento tan desalentada, tan destrozada y tan indigna de recibirte."

Fue así como yo me sentí al comulgar. Al recibir la Hostia Sagrada y volver a mi lugar, recibí una clara imagen de una tienda. Recuerdo haber mirado la tienda y pensar: "Vaya, esa pobre tienda está muy maltratada". Recuerdo haberla examinado y decir: "Debe haber pasado por una tormenta terrible."

Al llegar a mi banca y arrodillarme, vi que un hombre entraba en la tienda. Me vi a mí misma en la imagen y cómo le decía yo al hombre: "Oh, no, no puede usted entrar ahí, es un desorden. Está toda estropeada. Tiene agujeros muy grandes."

El hombre me miró, me sonrió y me dijo: "¿Qué quieres decir con eso? Yo vivo aquí adentro."

En ese momento, entendí que yo era la tienda raída, que había sido estropeada por las tentaciones a pecar, el desaliento y todas esas cosas que me amenazaron durante la noche. Ahora, Jesús me mostraba que, estropeada y todo, Él seguía haciendo Su morada en mí y que acababa de venir nuevamente a mí bajo la apariencia de la Sagrada Hostia.

Fue algo muy humillante: ¡nunca había pensado en mí misma como una tienda raída! Luego sentí como si Jesús me llevara de nuevo al interior de la tienda. Lo vi sentarse a Su mesa y también yo me senté frente a Él. Él me tomó ambas manos y me habló desde el otro lado de la mesa.

Mientras me hablaba, yo miraba la tienda y decía: "¡Dios mío, mira nada más esta tienda! ¿Qué pensará la gente? ¡Mira esta tienda en tan mal estado!"

Me disculpé y aparté mis manos de las manos de Jesús. Empujé la silla, me levanté y comencé a reparar los agujeros de la tienda. Yo pensaba: "¿Qué dirá la gente si ve estos agujeros?" Me puse inmediatamente a hacer que la tienda se viera bien ante los ojos de otras personas.

Fue entonces cuando sentí que Jesús, muy gentilmente, me obligaba a sentarme de nuevo, y me decía: "Briege, si te preocupas por esos agujeros y por tu tarea de repararlos, vas a olvidarte de Mí. Pero si te preocupas por Mí, Yo repararé tu tienda."

Entendí que estaba pasando mucho tiempo preocupándome por las tentaciones y por mis pecados, por cómo les iba a hacer frente y por lo que las demás personas pensaban. El Señor me mostró que la conversión y el arrepentimiento tienen lugar cuando sólo nos preocupamos de Jesús y nos volvemos a Él. Y es que si nos preocupamos de Jesús, automáticamente nos apartamos del pecado. No podemos prestar toda nuestra atención a Jesús y al mismo tiempo volver a pecar.

Esto es lo que le sucedió a todos los grandes Santos de la Iglesia: ellos se volvieron a Jesús, apartándose del pecado. Tomemos, por ejemplo, a San Francisco de Asís. Él hizo de Jesús su única preocupación y se olvidó completamente de todo lo que estaba mal en su vida. Dios se hizo cargo de eso. Lo mismo le ocurrió a San Pablo, a San Pedro, a San Ignacio, a Santa María Magdalena y a Santo Tomás de Aquino, para nombrar tan solo a unos cuantos.

Todos tenemos que recordar que cuando pecamos, no debemos obsesionarnos con el pecado y seguir pensando en él, sino volvernos a Jesús. Cuando comenzamos a tratar de complacer a Jesús y vivir por Él, entonces Él cambia nuestra vida.

El Señor me enseñó esta segunda lección usando la imagen de la tienda de campaña. De nuevo, me encontraba sentada a la mesa con Él. Me asomé fuera de la tienda y vi que personas con muchos problemas, enfermedades y dificultades se acercaban a la tienda. Yo dije: "Señor, tengo que irme, porque todas esas personas me necesitan." Me levanté de un salto y dije: "Dios mío, ¿pero cómo voy a manejar todos esos problemas, a tantas personas y con tantos problemas?"

Mientras estaba parada a la entrada de la tienda tratando de pensar cómo iba a ayudarlas, de nuevo sentí la mano de Jesús haciéndome regresar a Él. Moviendo su dedo índice me dijo con una pequeña sonrisa: "Ellas no vienen a ti para que les resuelvas sus problemas. Ellas sólo vienen a ti porque Yo vivo en ti. Si te levantas y dices: 'Tengo que hacerlo', entonces olvidarás que Yo soy quien sana y quien da la paz. Yo soy quien sana a los enfermos. Lo único que necesito de ti es que seas un instrumento. Así que ahora siéntate y déjame a Mí ir a la puerta."

Me vi a mí misma sonreír al decirle a Jesús: "Sí, ahora sé por qué me dijiste que cuando alguien confía en Ti no fracasa. Pero si trato de hacer las cosas por mí misma, fracasaré."

A partir de esa experiencia, fui más consciente de que es Jesús quien tiene el poder y quien realiza toda la obra. Como dice San Pablo: "... ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20). Frecuentemente, cuando recibo invitaciones para ir por todo el mundo a hablarles a toda clase de personas -obispos, sacerdotes, médicos- suelo pensar: "Yo no puedo hacerlo". Y escucho a Jesús decirme: "No, tú no puedes, pero Yo sí. Déjame hacerlo a través de ti".

Es cierto. Yo no puedo hacerlo. El día que yo crea que puedo, será porque me he escapado y lo he dejado a Él sentado solo en la mesa, en la tienda raída.

El día que yo trate de hacerlo por mí misma, será un día en que quedaré frustrada y cometeré muchos errores. Será el día en que Briege comience a edificar su propio reino en lugar del Reino del Señor.

(Tomado del libro "Los milagros sí ocurren", de Sister Briege McKenna)


lunes, 11 de mayo de 2009

Prójimo y próximo - Ramiro Pellitero

Prójimo y próximo
Ramiro Pellitero
Profesor de Teología pastoral en la Universidad de Navarra


Estos días comenzamos a conmemorar el 40 aniversario de la muerte de Romano Guardini, fallecido en Munich, el 1 de octubre de 1968. En una conferencia pronunciada en esa misma ciudad, en 1956, el ilustre profesor italoalemán explicó la diferencia que, según el Evangelio, hay entre el "prójimo" en apuro y el "próximo". No se debe entender el prójimo sin más en el sentido del miembro de la propia familia, del amigo o cercano en el grupo social o cultural, es decir, aquél con el que nos unen estrechos vínculos de sangre, intereses o simpatía; porque en realidad, este pertenece a uno mismo, al dominio de lo propio. En cambio, fuera de ese ámbito, las necesidades de los "ajenos" se interpretan frecuentemente como un desafío al propio bienestar. Sin embargo, en opinión de Guardini y algunos otros, este necesitado no tan "próximo", tiene una tarea importante dentro del conjunto de la existencia: "defender a los que no sufren –a los sanos, enérgicos, bien acomodados– de los peligros del egoísmo, de la despreocupación, de la dureza, y aun de la crueldad".

Con ejemplos bien concretos de la historia reciente, Guardini argumenta diciendo que la frase "ahí hay una persona en apuro; por tanto, debo ayudarla", no es un sentimiento natural o espontáneo, por mucho que lo pretenda la mentalidad común de la época moderna. Y la cuestión estriba en que para ser verdadera la admonición interior que expresa, debe ser percibida ante toda persona: "Es decir, no sólo ante la persona estrechamente ligada a nosotros, simpática, sino también ante aquel que no logra serlo; no sólo ante la persona dotada y hermosa, sino también ante el mediocre, y aun el retrasado; no sólo ante el rico y el cultivado, sino también ante el pobre y el mísero. Si esa frase ha de ser cierta, la admonición debe atravesar por medio de toda distinción, y dirigirse a algo que determine al hombre como tal, sea como sea por lo demás. Y si, no obstante, han de notarse distinciones, entonces, que sea según este principio: Cuanto más pobre y pequeño el hombre, más apremiante es la obligación de ayudarlo".

Para aclarar la perspectiva cristiana, hay que recordar ante todo que, con la parábola del buen samaritano, Jesús rompió todas las fronteras de pueblo y grupo social, riqueza y cultura, para enseñar que el prójimo es que el necesita de ayuda, sea quien sea, y no como un principio vago o abstracto, sino aquél necesitado que está ante mí, aquí y ahora, porque el Padre del cielo lo ha puesto en el camino de mi vida.

Pero con eso –observa agudamente Guardini– todavía no se ha comprendido en profundidad el Evangelio; porque Jesús afirma que Él mismo aparece en esos "más pequeños", más necesitados (Mt 25, 40), precisamente en ellos, que no pueden aducir ninguna de las diversas razones naturales para mover el interés de ayudar: ni admiración, ni simpatía, ni utilidad. En el fondo, todo ello nos está diciendo que Jesús nos ha hecho hermanos de todas las personas del mundo, hijos e hijas de Su Padre. Y desde esta última definición de la persona (hijo de Dios en Cristo) y del mundo (llamado a ser la fraternidad de los hijos de Dios), que señala el horizonte pleno del "mandamiento nuevo" (Jn 2, 8), se decide todo lo definitivo (Mt 25, 34-40).

Situándose en la línea guardiniana, escribe Benedicto XVI en Jesús de Nazaret: "La fuerza de la renuncia y la responsabilidad por el prójimo y por toda la sociedad surge como fruto de la fe". Y más adelante "Yo tengo que convertirme en prójimo, de forma que el otro cuente para mí tanto como yo mismo… Tengo que llegar a ser una persona que ama, una persona de corazón abierto que se conmueve ante la necesidad del otro. Entonces encontraré a mí prójimo, o mejor dicho, será él quien me encuentre". De esta manera, el Evangelio abre a "una nueva universalidad basada en el hecho de que, en mi interior, yo soy hermano de todo aquel que me encuentro y que necesita mi ayuda".

¡Hay a nuestro alrededor, observa el Papa, tantas personas explotadas y maltratadas (como las víctimas de la droga, del tráfico de personas, del turismo sexual), personas destrozadas interiormente, vacías en medio de la riqueza material! Eso nos afecta y nos llama a tener los ojos y el corazón de quien es prójimo, y el valor de amar al prójimo. "Lo conseguiremos –concluye– si somos prójimos desde dentro y cada uno percibe qué tipo de servicio se necesita en mi entorno y en el radio más amplio de mi existencia y cómo puedo prestarlo yo". Ahí está la verdadera proximidad del prójimo.

(Tomado de Alfa y Omega)

lunes, 4 de mayo de 2009

El "mundo" contamina a la Iglesia y a sus ministros - Benedicto XVI

El "mundo" contamina a la Iglesia y a sus ministros
Benedicto XVI


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 3 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Al ordenar este domingo diecinueve sacerdotes, Benedicto XVI constató que "el mundo", entendido en el sentido evangélico, también contamina la Iglesia.

En la homilía de la celebración eucarística, presidida en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el pontífice ofreció pistas para vivir una vida de santidad a los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma.

La mitad de los hasta ahora diáconos procedían de la ciudad eterna o de su provincia; otros tres eran italianos, y seis de diferentes países: Nigeria, Haití, Croacia, República Checa, Chile y Corea del Sur.

El Papa les alentó a vivir una vida de entrega total a Dios, como la de los apóstoles que cambiaron el curso de la historia anunciando la salvación en el nombre de Cristo.

"El discípulo, y especialmente el apóstol, experimenta el mismo gozo de Jesús al conocer el nombre y el rostro del Padre; y comparte también su mismo dolor al ver que Dios no es conocido, que su amor no es intercambiado", explicó el Santo Padre.

"Por una parte exclamamos, como Juan en su primera Carta: 'Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!'; y por otra parte, con amargura, constatamos: 'El mundo no nos conoce porque no le conoció a él' (1 Juan 3,1)".

"Es verdad -reconoció el Papa-, y nosotros, los sacerdotes, lo sabemos por experiencia: el 'mundo', en la acepción de Juan, no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte, porque de hecho no conoce a Dios; y en parte, porque no quiere conocerlo".

"El mundo no quiere conocer a Dios y escuchar a sus ministros, pues esto lo pondría en crisis", aclaró.

El mundo, dijo, insistiendo en el sentido evangélico de este término, " insidia también a la Iglesia, contagiando a sus miembros y a los mismos ministros ordenados".

El "mundo", subrayó, "es una mentalidad, una manera de pensar y de vivir que puede contaminar incluso a la Iglesia, y de hecho la contamina, y por tanto exige constante vigilancia y purificación".

"Estamos 'en' el mundo, y corremos también el riesgo de ser 'del' mundo. Y, de hecho, a veces lo somos".

Para poder tender a la entrega total a Dios, a la santidad, el Papa recomendó a los nuevos sacerdotes vida de oración, "ante todo, en la santa misa cotidiana".

"La celebración eucarística es el acto de oración más grande y más alto y constituye el centro y la fuente de la cual también las demás formas de oración reciben la 'savia': la liturgia de las horas, la adoración eucarística, la lectio divina, el santo Rosario, la meditación".

"El sacerdote que reza mucho y reza bien, va quedando progresivamente despojado de sí mismo y queda cada vez más unido a Jesús, Buen Pastor y Siervo de los hermanos", aseguró el Papa.

"En conformidad con él, también el sacerdote 'da la vida' por las ovejas que le han sido encomendadas", concluyó.



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