(San Agustín Obispo, Confesiones)
Mons. Antonio Marino
Homilía del Sr. Obispo de Mar del Plata correspondiente al Domingo 28 de Agosto del 2011, fiesta de san Agustín de Hipona, en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos.
Queridos hermanos:
La Orden de los Padres Agustinos Recoletos festeja hoy con santo regocijo a su padre y patrono, San Agustín. Es por esta razón que en esta parroquia regida por estos religiosos, celebramos la Misa propia del santo, pese a la coincidencia con el día del Señor. Agradezco al P. Darío Quintana (querido exalumno) y al P. Alejandro por su cordial invitación.
San Agustín es un verdadero gigante en la historia de la Iglesia. Más aún, podemos decir en la historia de occidente. Sin duda, el más grande entre los Padres de la Iglesia latina. Un gigante que sigue teniendo mucho para decirnos a nosotros, tan alejados de él por el tiempo transcurrido. Al leer el libro de sus Confesiones, descubrimos que, a pesar de los siglos que nos separan de él, sigue siendo una personalidad entrañable, a quien sentimos bien próxima a nosotros y casi atemporal.
En él se dio una conjunción admirable del artista, del intelectual, del pastor de almas y del santo. Fue, en efecto, el artista sensible, para quien la belleza suprema era un poderoso imán; el intelectual de “corazón inquieto” y de pasmosa agudeza, sediento de verdad, que supo remontarse hasta el Dios uno y trino, fuente primera de toda verdad, para descansar finalmente en ella. Fue igualmente el pastor de almas, modelo de caridad pastoral y celo apostólico, cuyo ejemplo nos sigue estimulando. En su vida y en sus obras, se nos muestra como el santo enamorado de Dios, o más bien vencido por su amor. Su santidad personal se nutre de una búsqueda incesante de la verdad y la belleza, de cuya contemplación vive, y que él convierte en alimento de sus fieles.




