viernes, 27 de febrero de 2009

Entre Patología Psiquiátrica y Satanismo Cultural (II) - Tonino Cantelmi


Entre patología psiquiátrica y satanismo cultural (II)
Entrevista al presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos sobre los trastornos de las percepciones y la fragilidad del hombre contemporáneo


ROMA, miércoles 25 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- La actual crisis de las relaciones interpersonales explica la fragilidad psíquica de las personas en estos momentos, considera el presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos.

El doctor Tonino Cantelmi, en la segunda parte de esta entrevista concedida a ZENIT (Cf. 24 de febrero de 2009), desvela los escenarios de depresión, malestar y angustia que a menudo abren las puertas al satanismo, como respuesta fácil e inmediata a la búsqu eda del sentido de la vida.


-En la anterior conversación hablábamos de los orígenes del delirio, pero hay otro fenómeno que generalmente se mezcla con el delirio, el trastorno de la percepción...

-Cantelmi: Sí, y las percepciones pueden ser de diversos tipos: tenemos ilusiones, alucinaciones, las paraedolias y las pseudoalucinaciones. Las ilusiones, que son errores compatibles con el estado emocional del sujeto, pertenecen a la humanidad de nuestro ser, no dan lugar a patologías. Son las alucinaciones las que dan lugar a patologías. Cuando se trata de paraedolias, veo una mancha en la pared y me parece un animal, son pseudoalucinaciones. Muchos no hablan de oír voces, pero lo comprendes porque mientras les hablas parece que estén escuchando otra cosa. Quizá la voz le está diciendo: "Te puedes fiar" o "no te fíes".

Aquí nos encontramos ante una falsa percepción sensorial no asociada a estímulos externos. Puede incluso darse una interpretación delirante de la experiencia alucinatoria. Algunas alucinaciones que acompañan el adormecerse se llaman hipnagógicas y se dan también en contextos normales. Podemos tener formas de alucinación cuando nos dormimos o nos despertamos, pero no son patológicas. Las alucinaciones pueden también ser de mando: las más frecuentes son las auditivas; las visuales se dan sobre todo en los estados de excitación maniacal, en la cual el sujeto ve e interactúa con divinidades; las olfativas, las más frecuentes, está ligadas a alucinaciones relativas al olor de azufre, y las táctiles son muy interesantes y muy extendidas: se tiene la sensación de que alguien o algo, algún insecto, alguna realidad o entid ad tienen que ver conmigo. Especialmente si hay una estructura de personalidad histérica, lo más frecuente es la percepción de relaciones sexuales.

La esquizofrenia es una patología inmensa. Es el gran enigma de la psiquiatría. Sobre la esquizofrenia tenemos muchísimo conocimiento pero no tenemos ni conocimientos definitivos ni intervenciones farmacológicas o terapéuticas resolutivas. Hay un gran número de pacientes esquizofrénicos con las formas más extrañas, más extravagantes, más clamorosas, más escondidas. La vieja histeria se ha descompuesto, por la actual nosografía, en varios grupos sintomáticos: Los trastornos somatoformes, el trastorno histriónico de personalidad, y la fuga psicógena.

Actualmente, asistimos a una trasformación de los trastornos de la ansiedad hacia trastornos somatoformes, es decir síntomas físicos de todo tipo que no se incluyen en patologías médicas de origen psicológico. Un ejemplo es la ceguera histérica, cuando alguien que no ve (y recupera la vista en la noche de Pascua) como le sucedió a una paciente mía histérica. Es un caso específico que he seguido personalmente. A otro tipo de histeria lo hemos llamado trastorno de personalidad histrionico, en personas especialmente sugestionables, necesitadas de atenciones y muy dependientes. Otros trastornos histéricos los hemos convertido en la fuga psicógena: el sujeto de repente se escapa de casa y ya no recuerda nada, tienen amnesia sobre lo que han hecho; o el sujeto olvida todo lo que le sucedió sin un evento traumático.

Luego están los trastornos de personalidad. Gran parte de ellos contaminan a muchas de las personas que vienen a pedir ayuda. Todas las formas disociativas, los trastornos de control de los impulsos. Nuestra sociedad, que es extremadamente eficiente, hipercontrolada, ve el incremento del trastorno del control de los impulsos. El sujeto pierde el propio control de repente, en contextos impropios. Se hace agresivo y deshace todo y no logra soportar la tensión y grita. En general, tiene que ver con el área de la agresividad, las formas de transdisociación. Son sujetos que afrontan formas de suspensión de la conciencia según un fundamento disociativo. Se da por ejemplo en quien usa mucho el ordenador.

Un cuadro sobre el que a menudo los padres piden iluminación es el del niño incontenible, que nunca está quieto, que no escucha, que no controla los impulsos, es el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, un cuadro de un niño vivaz que parecería ser presa de un espíritu que le hace hacer mil cosas. Los progenitores no lo gran contenerlo. El niño en realidad tiene un déficit de atención, es tan veloz que no logra mantener la atención un segundo en lo que le estoy diciendo. Si entra en un supermercado, pone patas arriba todo el supermercado porque se siente atraído por todo con una velocidad extraordinaria.

Algunos que tienen hiperactividad -que no se asocia al retraso mental-- se han convertido en verdaderos genios: como es el caso de Mozart. La sociedad actual asiste a un incremento del número de niños hiperactivos, incontrolables, como si tuvieran un muelle que salta de repente. Además, mientras antes nos impresionaba el abuso de un adulto sobre un niño, hoy estamos impresionados por los abusos de los niños hacia otros niños, un fenómeno muy significativo.

-¿En qué se basa la fragilidad del hombre actual?

-Cantelmi: Hay raíce s que un psiquiatra nota y que están en la base de esta nueva fragilidad de nuestro tiempo, ligada sobre todo a la crisis de las relaciones interpersonales. El tercer milenio se caracteriza por una relación "tecno-mediatizada". Hoy no hay nada más difícil, más complejo, más incomprensible que una relación interpersonal estable y duradera. Se teoriza, por ejemplo, sobre la "polifidelidad", es decir la imposibilidad de ser fieles a una sola persona.

"Be happy", un sitio de psiquiatría cosmética, se dirige a las mujeres y afirma que la idea romántica de un hombre durante toda la vida es una idea hoy imposible; si sois románticas, podéis ser entonces "polifieles", fieles a varios hombres. Por tanto, fiel a tu marido en cuanto madre, fiel a tu jefe en cuanto mujer de carrera, fiel a tu amante más joven que tú, en cuanto mujer transgresora.

No sólo es imposible que tú, en la plenitud de ti mismo, puedas darte a otra persona sino que es también imposible que puedas darte a otra persona por largo tiempo. Se teoriza así la monogamia intermitente: fiel sí, pero por poco tiempo. La "polifidelidad" y la monogamia intermitente son sólo dos ejemplos de cómo hoy se considera frágil la dimensión afectiva.

Las raíces de esta crisis se pueden encontrar en la búsqueda exasperada de emociones: estoy bien contigo porque experimento emociones intensas; no siento nada por ti y por esto busco nuevas emociones. La relación interpersonal se convierte por tanto en algo inmediato, no tiene pasado ni futuro. Esto explica la búsqueda de comportamientos compulsivos, de dependencias comportamentales, el uso de la cocaína, etc.

Hay en internet un vídeo que reúne todo esto: la búsqueda exasperada de emociones mediante la cocaína, a través de la transgresión, la imposibilidad de entrar en relación con otro, la soledad, la ambigüedad y el narcisismo. Este vídeo no comercial dice exactamente, aunque en modo extremo, hacia dónde vamos. Lo ha puesto en la red Marylin Manson con una serie de pequeños signos satánicos, transgresores a su modo. Se ve a un hombre solo, desesperado, que busca contactos, este hombre se ha cortado el corazón (el 'cutting' es un signo satánico), es un hombre ambiguo, ni hombre ni mujer, andrógino; ha profanado la Biblia, esnifando sobre ella cocaína. Gracias a este poco de cocaína, entra en una relación sexual de tipo impersonal, en la que no hay ya personas sino sólo trozos de carne. Lo que aparece es un mundo hecho de todo, donde el otro es una ocasión para masturbarse; es el h ombre que se está cerrando todavía más en sí mismo y acaba muriendo en una especie de suicidio.

La otra raíz de la fragilidad es la ambigüedad, la renuncia al propio papel. El tema de la ambigüedad hace saltar por los aires la responsabilidad, el papel de la pareja. Hoy todo es fluido, no hay masculino y femenino.

Por último, la otra gran raíz es el desarrollo del narcisismo. El hombre de hoy sufre, está en crisis por su incapacidad de relación con el otro y se dirige hacia un mundo hecho de tristezas, depresión, compulsiones y trastornos de la personalidad. La tecnología promete la salvación haciendo comprender que todos estos problemas se pueden resolver, renunciando a la relación cara a cara, y proponiéndole un mundo virtual, lleno de emociones, narcisismo, ambigüedad y enmascaramiento.


Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín


martes, 24 de febrero de 2009

Entre Patología Psiquiátrica y Satanismo Cultural (I) - Tonino Cantelmi


Entre patología psiquiátrica y satanismo cultural (I)
Entrevista al presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos sobre los trastornos de las percepciones y la fragilidad del hombre contemporáneo


ROMA, lunes 23 febrero 2009 (ZENIT.org).- Al día de hoy, entre las diversas formas de desviación juvenil, se asiste a la expansión del cada vez más preocupante fenómeno del satanismo cultural, con la complicidad de la fácil disponibilidad de contenidos esotéricos en internet y la falta de valores fuertes en la familia. 


Está convencido de ello el doctor Tonino Cantelmi, psiquiatra y presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos (http://www.aippc.net/), coautor con la psicoterapeuta Cristina Cacace del libro en italiano "El libro negro del satanismo" ("Il libro nero del satanismo", editorial San Paolo), que habla de una verdadera invasión de los llamamientos a la cultura satánica a través de libros, revistas pero sobre todo la blogosfera y el cine.


Cantelmi pone en guardia en concreto sobre los nuevos dramáticos escenarios que esperan al hombre en el próximo decenio, y que no serán ya paraísos opiáceos sino temáticos: Second Life, los 'chat', internet, facebook, etc proyectan una perspectiva de humanidad deprimidida, más compulsiva.


En esta entrevista concedida a ZENIT, Cantelmi explora el confín entre posesiones demoníacas y psicopatologías.



-¿Nuestra sociedad hipertecnológica está de verdad tan fascinada por el satanismo?

-Cantelmi: La verdadera cuestión es: ¿nos encontramos ante crueles aduladores de Satanás o ante frágiles hijos de los tiempos actuales? Según nuestros cálculos, en Italia hay unas cinco mil personas que están afectadas directamente con un tema satanista, pero estamos asistiendo a un satanismo cultural y al desarrollo de un satanismo ateo, en el que Satanás es la ocasión para un ulterior encubrimiento, es una evolución.



Si hasta el otro día el satanismo se escondía tras las sombras de las ciudades o en pueblos, hoy, en red, el satanismo ha adquirido pleno derecho de ciudadanía: se ha convertido en un producto de consumo. 



Nuestros jóvenes son atraídos por una serie de creencias, sectas, religiones diferentes. En el muestrario examinado, en el 76% de los casos, se interesan por la magia, cartomancia, ritualismo, iniciación, esoterismo; mientras que el contacto con material satánico es facilísimo en el 78%, sobre todo a través de la música, cinematografía, libros e internet.

Respondiendo a preguntas más específicas, más de la mitad de los jóvenes confiesa que tiene curiosidad por el satanismo; un joven de cada tres declara sentirse atraído; el 10% dice que si Satanás le asegurase la felicidad no tendría dificultad para seguirle. Signo este de infelicidad y del sufrimiento que hay en el mundo actual. Una frase muy difundida en la red, en todas las páginas introductorias de sitios satánicos, es de John Milton extraída de "Paraíso Perdido": "Mejor soberanos en el infierno que siervos en el paraíso".

-¿Se puede hablar por un lado de fenómenos sobrenaturales y por otro de patologías psiquiátricas? ¿Existe una zona gris de confín en la que estos elementos se confunden?



-Cantelmi: En un estudio llevado a cabo entre una decena de personas, entre las cuales -según exorcistas- había seguramente fenómenos sobrenaturales, emergieron también problemas psiquiátricos. La tarea se complica muchísimo si el problema es distinguir entre personas que sufren enfermedades psiquiátricas y las que viven experiencias sobrenaturales. Lamentablemente la fragilidad psíquica es un modo de entrada extraordinario de sufrimientos de todo tipo.

Esto indica que psiquiatras y exorcistas deben colaborar. Muchos psiquiatras son indiferentes, relegan el mundo del exorcismo al de la superstición; la psiquiatría y la psicología son ciencias relativamente jóvenes que han tenido que luchar para definir sus pro pios estatutos epistemológicos y que tienen muchas áreas fronterizas. Ya sólo establecer lo que es normal y lo que es patológico exige aportaciones de la antropología y de la filosofía.

Freud, que para nosotros es como prehistórico, categoriza el fenómeno religioso dentro de los problemas neuróticos; tiende a no ver en ellos consistencia, realidad; tiende a ver su aspecto de vivencia neurótica. Precisamente en estos momentos estoy denunciando la discriminación que los pacientes creyentes sufren en las psicoterapias porque sus valores son a menudo ridiculizados por muchos terapeutas o en la mayoría de las veces ignorados.

En 1999, fundamos la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos con el objetivo de ayudar a la psicología y a la psiquiatría dialogar con otras ciencias, con la antropología y con la teolog&ia cute;a, convencidos de que una psicología honesta puede enriquecerse con aportaciones diferentes.



Una cosa que hay que combatir son los sincretismos, es decir los "psicosantones", los psiquiatras, los psicólogos que bendicen, que rezan con sus pacientes. ¡El psiquiatra debe ser psiquiatra!

Creo, además, que nosotros los psiquiatras no podemos explicar toda la realidad humana. He descubierto que los exorcistas son personas muy avanzadas. Logran señalar el sufrimiento psíquico y a encomendar con confianza sus pacientes al tratamiento del psiquiatra. Los exorcistas están absolutamente abiertos a la aportación de los psiquiatras.



-¿Qué tipo de problemas psíquicos puede simular la posesión demoníaca?



-Cantelmi: Entrando en lo especifico de la psiquiatría, se abren ante nosotros dos grandes ámbitos: el delirio y las alucinaciones. Llamamos delirio al trastorno del pensamiento, mientras que las alucinaciones son un trastorno de las percepciones. Son dos áreas psicopatológicas desde el punto de vista psíquico: el pensamiento es un proceso mental que comporta la manipulación de símbolos; se da a través de la formación de conceptos, de mecanismos de abstracción, de generalización, del razonamiento, procesos elaborados que usan reglas para llegar a resultados concretos.

Los psiquiatras distinguen dos grandes áreas de síntomas en lo que se refiere a los trastornos del pensamiento: los de contenido que se refieren a las ideas y empeñan toda el área del delirio, y los formales que se refieren al modo en el que estas ideas se unen.


¿Cómo se identifica el delirio? Ante todo hay que de cir que el delirio es inmodificable, no se puede superponer a la crítica, se caracteriza por un contenido no coherente con la realidad. Hay delirios fácilmente detectables y otros en cambio mucho más consistentes y mucho más difícilmente detectables.



El delirio puede ser estrambótico, privado de lógica, o sistemático, y por tanto con una lógica interna. El delirio puede ser de varios tipos: de influencia, de referencia, de persecución, de grandeza, de celos -el cónyuge es un traidor-, erotomaníaco -una persona importante está enamorada de mí-, hipocondríaco, somático -siento que mi hígado es de cristal-, místico, de culpa, de ruina, nihilismo -el paciente está convencido de que está muerto-.




El delirio es un síntoma de varias patologías, por ejemplo, a la excitación maníaca y aquí las cosas se complican porque el paciente en este estado es un paciente inteligente, activo, propositivo, que quizá tiene un delirio de grandeza y que quizá tiene incluso alucinaciones, ve cosas, oye voces, se construye una realidad, la articula y la explica bien. Puede ser convincente y puede resultar muy difícil captar estos aspectos. En un delirio de influencia, el sujeto siente que en su cabeza se meten pensamientos, está convencido se ser teledirigido.



Gran parte de los delirios son de persecución: el sujeto interpreta que acontecimientos y hechos tienen lugar contra él. Otra característica es que este contenido es siempre interpretado como autorreferencial: pasa un coche y toca la bocina, para mí, si estoy delirando, es una señal, confirma lo que estoy pensando, es decir refiero a mí mismo una serie de experiencias casuales.


Algunos delitos se esconden, hay gente que delira y se lo guarda. Hoy la sociedad competitiva desarrolla más delirios de persecución, de amenaza, de agresión, pero el punto importante es que el delirio no está sólo, se acompaña con trastornos de las percepciones, que en general confirman el delirio. Por ejemplo, en el delirio de envenenamiento (hay alguien que me está envenenando), cuando pruebo cierto alimento noto el sabor del veneno, tengo una alucinación gustativa, percibo su olor. Tuve un paciente que echó abajo una pared porque tenía una alucinación olfativa, olía a azufre y estaba convencido de que en aquella pared estaba el demonio. 


Las alucinaciones visivas pueden ser de dos tipos: veo que se me aparece la Virgen o no la veo, pero mi cerebro construye una imagen, tiene alucinaciones olfativas, gustativas, visuale s, táctiles...


Los más frecuentes son los delirios auditivos, es decir, cuando oigo voces que comentan mi actuación, que me ofenden, que me agreden, que no me dejan en paz, que me mandan hacer algo, voces teológicas que me dan el sentido de lo que estoy haciendo, voces que interpretan a los demás, voces que indican un comportamiento. Entonces, puedo sentirme perseguido por una persona, siento que su mirada me está diciendo muchas cosas, oigo que es una voz varonil, es la voz de Dios.

Entre las perturbaciones del pensamiento está también la ensalada de palabras, el hablar asociando ideas y conceptos por asonancia, sin ni siquiera conocer su sentido. En la esquizofrenia, el sujeto inventa palabras, neologismos, habla con ritmo y parece que verdaderamente habla otra lengua, aún no teniendo ninguna pertinencia con otra lengua.


Los trastornos formal es del pensamiento pueden también ser positivos: el sujeto habla mucho, de manera detallada; se da también el fenómeno de la fuga de las ideas, es decir, se bloquea porque las palabras no logran ya seguir su pensamiento, que va velocísimo. O la incapacidad para hacer asociaciones mentales (el sujeto parte de un punto y no llega nunca a decir lo que tiene que decir). Está luego la glosolalia, es decir la expresión de mensajes reveladores, con palabras incomprensibles, típico de los esquizofrénicos, cuando el sujeto está convencido de tener un anuncio para la humanidad. O la ecolalia, es decir la imposibilidad de hablar si no es repitiendo lo que otros dicen. Se da también un eco de los gestos, cuando las personas no hacen otra cosa que repetir los gestos que ven hacer.

Luego están los trastornos negativos, como el bloqueo de las ideas: el sujeto responde siempre del mismo modo, tiene pob reza de elocución. El punto álgido de los trastornos formales del pensamiento es el trastorno obsesivo que se caracteriza por pensamientos, impulsos, imágenes que yo siento como extraños y trato de alejar, pero sin lograrlo, y para hacerlo tengo que recurrir a ritos, compulsiones. Tengo un paciente obsesivo que mientras recita Laudes por la mañana, empieza a pensar en una persona. El pensamiento obsesivo, que es un pensamiento incluso mágico, se le insinúa y le dice: "Aquella persona hoy morirá", "soy responsable de la muerte de esa persona", "si me sucede en este salmo, lo repetiré nueve veces", piensa mi paciente.


Muchas personas obsesivas sienten a menudo el impulso de reír en un funeral y blasfemar en una iglesia. En realidad, el paciente obsesivo no lo hace nunca, no cede, pero sufre por ello y lo combate. porque luego su vida está hecha de impuls os que son la cara comportamental de las obsesiones. La vida de un obsesivo se transformará con el tiempo en una vida terrible y dolorosa de compulsiones. Desde siempre este tipo de psique que ya Freud definía como "parásita" ha penetrado en la humanidad y desde siempre la obsesividad ha sido considerada una locura lúcida pero de gran sufrimiento.



Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín


miércoles, 4 de febrero de 2009

El Borges que no nos muestran - Horacio Boló


El Borges que no nos muestran
Horacio Boló



Un bell morire tuta una vita honora
Dante Alighieri



Han pasado veinte años desde que muriera en Ginebra Jorge Luis Borges, uno de los más grandes escritores, no sólo argentinos, sino de la lengua castellana y una figura universal. ¿Qué podríamos decir que no se haya dicho en innumerables reportajes, ensayos, biografías y conferencias? No mucho, pero sí algo que no nos muestran con frecuencia.

Hay que reconocer que son muy pocos los que en realidad leen a Borges y entre éstos sólo una minoría lee su poesía y creo que es allí donde se encuentra lo más excelso y lo más profundo de su obra. No me considero en condiciones de analizarla como crítico literario porque carezco del talento y la formación para hacerlo. Y dentro de su poesía voy a mostrar a Borges en su diálogo con Dios y con Cristo, que muchos tratan de ignorar porque prefieren sus retruécanos, sus juegos verbales y su aguda inteligencia. Pero hay un Borges más profundo. Veamos algunos de sus versos donde aparece su universo religioso.

(Las citas están tomadas de la edición “Jorge Luis Borges, Obra Poética,” 20ª. Edición, Emecé Editores, Buenos Aires 1989.)

Con verdadera humildad le agradece a Dios lo que ha recibido:
“Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.”
(Versos de catorce, pág. 83)

“Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.”
Intuye a Dios en el acontecer y en la creación:
“Algo que no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas,”
(Poema de los dones, pág. 118)

“Acaso cada hormiga que pisamos
es única ante Dios, que a precisa
para la ejecución de las puntuales
leyes que rigen Su curioso mundo.”
(Poema de la cantidad, pág. 389)

“Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad.....”
(Los espejos, pág. 126)

Y en otro de sus poemas sobre el espejo, pág. 551 dice:
“Yo temo ahora que el espejo encierre
el verdadero rostro de mi alma,
lastimada de sombras y de culpas,
el que Dios ve y acaso ven los hombres.”

Escribió varios poemas inspirados en el Evangelio. En el poema Lucas, XXIII (pág. 156), basado en su meditación del diálogo entre Cristo y el Buen Ladrón en la Cruz:

“oyó... que el que estaba muriéndose a su lado
era Dios y le dijo ciegamente:
acuérdate de mí cuando vinieres
a tu reino, y la voz inconcebible
que un día juzgará a todos los seres
le prometió desde la Cruz terrible
el Paráiso.”

Volverá a referirse a este episodio en “Otro poema de los dones”: “Gracias quiero dar al divino laberinto... por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz,” y en “El oriente” pág 467. “...pero las gentes / de las generaciones de la tierra / no olvidarán la sangre y la plegaria / y en la colina los tres hombres últimos.”

Vale la pena leer su heterodoxo pero interesante “Fragmentos de un Evangelio Apócrifo” fruto de sus lecturas del sermón e la Montaña.

He aquí otras citas de sus versos que expresan su esfera religiosa.
“... la perfecta
forma que supo Dios desde el principio”
(Poema conjetural, pág. 187)

“... estas palabras,
que son mi pobre traducción temporal de una sola palabra:”
(Mateo XXV, 30, pág. 194)

“Detrás del nombre hay lo que no se nombra;
hoy he sentido gravitar su sombra..”
(Una brújula, pág. 196)

“... Dios quiere andar entre los hombres
y nace una madre, como nacen los linajes que en polvos se deshacen,
y le será entregado el orbe entero,”
( Juan I, 14 pág. 216)

“Será (me digo entonces) que de un modo
secreto y suficiente el alma sabe
que es inmortal y que su vasto y grave
círculo abarca todo y puede todo.”
(Composición escrita..... pág. 226)

¿No podríamos hacer nuestra esta plegaria suya?:
“Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.”
(James Joyce, pág. 326)

Pero vivió su relación con Dios en un profundo drama que por momentos lo llevó a una noche oscura, como se ve en ese poema terrible “Cristo en la Cruz” (pág. 645), escrito en Kyoto dos años antes de su muerte, donde dice: “Cristo en la cruz... No lo veo / y seguiré buscándolo hasta el día / último de mis pasos por la tierra.”

Su drama religioso no sólo está presente en su poesía sino en su vida. Durante las exequias de su madre Borges le dijo al sacerdote que lo acompañaba en el cementerio de la Recoleta: “cuando yo muera, quiero hacerlo en el seno de la fe de mi madre.” En sus últimos años concurría a presenciar los oficios litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa Griega y esto debió ser importante para él ya que María Kodama pidió especialmente que este lugar fuera incluido en un circuito turístico de Buenos Aires basado en la vida de Borges. El día 13 de junio de 1986 el Padre Pierre Jaquet, párroco de San Marcos, en los suburbios de Ginebra, fue llamado para asistir espiritualmente a un enfermo grave, y como el mismo sacerdote lo manifestó, se encontró frente a un anciano lleno de amor, muy debilitado, pero que en forma manifiesta entendía lo que se le decía, asociándose a la oración y al sacramento de la Reconciliación de la Iglesia Católica. Este mismo sacerdote presidió las exequias en una celebración ecuménica en la vieja catedral católica, hoy protestante, de Ginebra y luego bendijo la tierra de su sepultura en el camposanto de Plainpalais. En su poesía y en su muerte contemplamos el misterio de un alma.

EL ANGEL

Que el hombre no sea indigno del Ángel
Cuya espada lo guarda
Desde que lo engendró aquel Amor
Que mueve el sol y las estrellas
Hasta el Último Día en que retumbe
El trueno en la trompeta.
Que no lo arrastre a rojos lupanares
Ni a los palacios que erigió la soberbia
Ni a las tabernas insensatas.
Que no se rebaje a la súplica
Ni al oprobio del llanto
Ni a la fabulosa esperanza
Ni a las pequeñas magias del miedo
Ni al simulacro del histrión;
El Otro lo mira.
Que recuerde que nunca estará solo.
En el público día o en la sombra
El incesante espejo lo atestigua,
Que no macule su cristal una lágrima.

Señor, que al cabo de mis días en la Tierra
Yo no deshonre al Ángel.

Jorge Luis Borges



martes, 3 de febrero de 2009

¿Arte transgresor o resentimiento incontrolable? - Mons. Héctor Aguer



¿ARTE TRANSGRESOR O RESENTIMIENTO INCONTROLABLE?
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 11 de noviembre de 2004



En el mundo del arte ocurren cosas raras. Un jurado compuesto por quinientos expertos, que debían decidir acerca del premio Turner, que dicen que es importante en Gran Bretaña, eligió como obra más significativa del siglo XX un mingitorio de porcelana que salió primero superando a la Señorita de Avignon, el famoso cuadro de Picasso.

¿Ustedes creen que se puede llamar obra de arte por ejemplo a un conjunto de santitos de esos que se compran en la santería de serie acomodados sobre una sartén como si se estuvieran friendo o un cristo arrancado de la cruz y depositado sobre una plancha sobre la que se asan bifes o una reproducción del juicio final de Miguel Ángel salpicado de excrementos de pajaritos?

Algunos dicen que estas cosas son arte trasgresor. En realidad como trasgresión es bastante pueril y parece más bien una manifestación de cierto encono o resentimiento incontrolable. Como se dan cuenta me estoy refiriendo a esta muestra que ha dado tanto que hablar en las últimas semanas en Buenos Aires.

Lo que me gustaría aclarar es que en la Argentina de hoy existen cenáculos intelectuales y culturales muy restringidos y que se representan a sí mismo. Están muy cargados de ideología y de resentimientos pero que con gran facilidad disponen de fondos económicos y gozan del favor político.

Uno puede preguntarse si el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hubiera permitido en su centro cultural de recoleta una exposición en la cual siquiera implícitamente se hiciera elogio de la dictadura o se hiciera mofa de la Shoa o de los signos sagrados carísimos para algunas minorías religiosas que conviven con nosotros.

¿Cómo se puede pensar que se le otorguen tres meses de las mejores salas en ese Centro de Exposiciones a una muestra que vulnera los sentimientos entrañables de la inmensa mayoría de los argentinos que son católicos?

Esta actitud del Gobierno de la Ciudad indica un avance un tanto peligroso. ¿Cómo lo podríamos describir? Se trata quizá de un intento por empezar a discriminar a las mayorías que suelen ser siempre silenciosas. En ese caso poco de democracia se notaria en esto y, en realidad, lo que se observa es más bien el avance de un totalitarismo menos encubierto.


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

La clave está en la Doctrina Social de la Iglesia - Mons. Héctor Aguer




LA CLAVE ESTA EN LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 20 de noviembre de 2004



Quería comentarles que hace pocas semanas se presentó oficialmente, en Roma, el “Compendio de Doctrina Social de la Iglesia” que es una especie de Catecismo Social en el cual se ofrece un resumen de la enseñanza de la Iglesia sobre la persona humana, la familia, las relaciones sociales, el papel del Estado, el funcionamiento de la economía, la dignidad de la vida política. Es todo lo que englobamos en el concepto de Doctrina Social de la Iglesia.


Este importante trabajo de la Comisión Pontificia de Justicia y Paz que preside el cardenal Renato Martino y que él mismo presentó, estará esta semana en la Argentina y lo presentará en la ciudad de La Plata.


Para poner una especie de frontera digamos que su formulación moderna arranca con la encíclica de León XIII, “Rerum novarum”, y su último jalón es la “Centesimus Annus" de Juan Pablo II. Pero hay numerosos documentos de otro tipo que han ido elaborando un cuerpo de enseñanzas a la luz del Evangelio y de la ley natural.


Juan Pablo II enseñó que la Doctrina Social de la Iglesia es un aspecto de la teología moral que tiene que ver con la orientación de la actividad humana y con el carácter que ésta tiene cuando se trata de hacer rectas y justas las diferentes actividades del hombre y de las relaciones sociales.


En este Compendio aparece la dignidad de la persona humana y sus derechos; los deberes del hombre para con la sociedad; la estructura orgánica de la sociedad; el rol del Estado; la moralidad propia de la vida económica y de la actividad empresaria; el significado del trabajo en el conjunto de la actividad humana y por tanto en el sistema de la producción; y mucho más.


Podemos decir, en síntesis, que en este importante Compendio aparecen todos los principios que sirven para iluminar y orientar la justicia y la caridad de este mundo tan complejo y frecuentemente tan conflictivo de las relaciones sociales.


Es muy importante recordar que si bien la Doctrina Social de la Iglesia es un aspecto de la cosmovisión cristiana, no es simplemente pura teoría. Diría que son principios teórico-prácticos y la Iglesia está pidiendo, como reclamando, llevarlos a la acción.


Por eso hablo de teología moral que es la que expresa la finalidad del hombre, el sentido de la libertad, la orientación de las conductas, las virtudes, pero al mismo tiempo está ofreciendo el horizonte teórico, la contemplación del conjunto para que luego uno actúe concretamente guiado por esos principios.


Así ocurre en el orden social porque la Doctrina Social de la Iglesia va dirigida especialmente a aquellos agentes sociales capaces de ponerla en práctica y de modo especial al mundo de la economía, de la empresa, del trabajo y al mundo de la política, que deben ser los gestores del bien común.


En este concepto de bien común tenemos la clave de esta cosmovisión cristiana aplicada al orden social


Dentro de poco estará la traducción castellana de este Compendio de Doctrina Social de la Iglesia y seguramente podremos volver sobre el tema y hacer algo para difundirlo. Porque lo que no se conoce no se aprecia y es muy difícil que eso luego sea asumido y reconocido como un foco de luz a partir del cual podemos comprender los problemas y orientar su solución.




Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Los argentinos y la eucaristía - Mons. Héctor Aguer



LOS ARGENTINOS Y LA EUCARISTÍA
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 21 de agosto de 2004



Dentro de pocos días comenzará, en Corrientes, el Congreso Eucarístico Nacional y luego, en octubre, en Guadalajara, México, tendremos el Congreso Eucarístico Internacional iniciando el año que el papa Juan Pablo II ha declarado como “Año de la Eucaristía”, que terminará en septiembre del 2005, en Roma, con el Sínodo de los Obispos que tratará, precisamente, este tema vital para la Iglesia y para los cristianos.

Se trata de signos elocuentes que nos interpelan. Se nos propone de nuevo la Eucaristía como fuente y culminación de la vida cristiana y por eso les pido que reflexionemos un momento: ¿cómo nos hacemos cristianos? Nos hacemos cristianos cuando recibimos la palabra de Dios que suscita nuestra fe por la gracia del mismo Dios o bien cuando en la fe de la iglesia somos bautizados.

Hay un itinerario que nos permite alcanzar la condición cristiana: el bautismo, la confirmación y la Eucaristía son los sacramentos llamados “de iniciación”, pues nos inician en la vida cristiana. El bautismo es el nacimiento o como la regeneración, la confirmación, el sello del Espíritu Santo que completa el bautismo como acceso a la plenitud a la madurez y la eucaristía es el fin de la vida cristiana y por eso se repite asiduamente.

Comulgamos permanentemente. Debemos comulgar a lo largo de nuestra vida y por eso la vida cristiana tiene que ser una vida eucarística y es sobre esto que tendríamos que reflexionar.

Me gustaría plantear dos problemas que tienen que ver con la condición religiosa de los argentinos.

En primer lugar, y me gustaría ser claro, la Argentina es un país donde la inmensa mayoría de los bautizados en la Iglesia Católica no van a misa y, entonces, se privan del encuentro semanal con Cristo, de esa participación en el sacrificio que es la renovación, la actualización del mismo sacrificio pascual de nuestra redención.

Y, entonces, ¿cómo es posible que puedan vivir plenamente su condición cristiana? Las convicciones de fe no pueden sostenerse ni tampoco el compromiso y el empeño de una vida de acuerdo a las huellas de Cristo, de acuerdo al Evangelio. Aquí hay algo muy serio para revisar en lo que podríamos llamar la situación religiosa general de nuestro pueblo argentino que, en su inmensa mayoría, es bautizado en la Iglesia Católica.

El segundo problema es el siguiente: la mayor parte de las familias católicas, bautizadas, todavía envía a sus niños a la catequesis para hacer la primera comunión pero resulta que, muchas veces, en una enorme cantidad de casos esa primera comunión acaba siendo la única comunión de la vida.

Todos los años advertimos, en nuestras parroquias y capillas, multitudes de niños que pasan por allí y desaparecen, quizás para siempre, y están encomendados sin duda a la gracia de Dios. Aquí hay otro problema pastoral muy serio que quiere decir que la Eucaristía no ha sido vivenciada personalmente como el fin de la vida cristiana.

Esto quiere decir que hay muchísimos católicos que conciben su relación con Cristo al margen de la Eucaristía, al margen de la misa dominical, al margen de la comunión frecuente.

Me parece importante plantear estos problemas porque, frecuentemente, a los obispos se nos reclaman palabras de orientación y que ofrezcamos soluciones ante las grandes dificultades por las que pasa nuestro país, y quizás se nos tendría que reclamar que pudiéramos resolver estos problemas pastorales vitalísimos de los cuales depende la coloración religiosa de un pueblo y también de otros problemas humanos que nos afectan. Creo que hay que pensarlo bien.


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

El Mensaje de Luján - Mons. Héctor Aguer

El Mensaje de Luján
Mons. Héctor Aguer


Homilía en la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján, con ocasión de la peregrinación Arquidiocesana, el Sábado 15 de Mayo del 2004.


Desde 1630, cuando estos pagos eran todavía pampa abierta, la Virgen María ha sido venerada aquí en la presencia silenciosa de una imagen de su Pura y Limpia Concepción. Hoy la llamamos Nuestra Señora de Luján. En el origen de esta devoción tan argentina, tan bonaerense, no se encuentra una aparición deslumbrante de la Madre de Dios, sino un acontecimiento providencial, que fue reconocido e interpretado como un milagro por los primeros testigos, pero que no deja de ser un hecho sencillo, discreto, cotidiano.

Todos conocemos la historia del carretón atascado junto al río a causa de un impedimento inexplicable, misterioso; sabemos que sólo pudo continuar la marcha cuando quedó en tierra el cajoncito con la preciosa carga. Aquel acontecimiento fue el desenlace o la conclusión de una cadena de hechos, al parecer fortuitos, que en realidad iban siendo recogidos, ensamblados, por la mano suave y prodigiosa de la Providencia.

Es la historia de Luján; historia –digo– no leyenda, ni mito. A comienzos del siglo XVII los reinos de España y Portugal estaban unidos bajo el gobierno de un mismo soberano, y esta circunstancia había favorecido el libre comercio entre los respectivos dominios americanos. Por eso pudo don Antonio Faría de Sá, un portugués que vivía en Córdoba del Tucumán, pedir a un amigo suyo del Brasil una imagen de María para entronizarla en su estancia. De allá vino, pues, el dichoso encargo, conducido por un tal Andrea Juan desde el puerto de Pernambuco al Río de La Plata. Otros nombres van incorporándose a la crónica al paso que se encadenan los hechos para diseñar la historia de Luján: Bernabé González Filiano, propietario del campo que seguía llamándose “estancia de Rosendo”, en cuyas cercanías se produjo el milagro y donde tuvo su primera morada la santa imagen; el negro Manuel, su piadoso servidor desde entonces y por muchos años; doña Ana de Matos, que la trasladó hasta aquí, donde se fue formando y poblando la Villa de Luján de la que María es reconocida fundadora; don Juan de Lezica y Torrezuri, que edificó un templo nuevo, admiración de toda la campaña bonaerense; finalmente, ya más cerca de nosotros, el Padre Salvaire, que impulsó la construcción de esta magnífica basílica.

Desde el comienzo, la presencia lujanense de la Madre de Dios dispensó mercedes abundantes; y así hasta el día de hoy. Por eso venimos a Luján. ¡Sí, sabemos con certeza que aquí abundan las gracias! ¿Quién no lo ha experimentado? Gracias de sanación del alma y del cuerpo, innumerables y a veces diminutas gracias de consolación, de alivio, de reconciliación, de serena esperanza, de alegría y de paz. Grandes favores, todos ellos, para los pobres. Pero el regalo mayor es la presencia misma de la Madre, cálida y cercana, junto a sus hijos.


La Virgen de Luján, Patrona de la Argentina - Mons. Héctor Aguer

La Virgen de Luján, Patrona de la Argentina
Mons. Héctor Aguer


Reflexión del Arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 8 de mayo del 2004.


Amigos, hoy 8 de mayo, es la Fiesta de Nuestra Señora de Luján. No podemos ignorar que hoy es el gran día de la Patrona de los Argentinos y por eso quiero ocupar estos minutos con ustedes recordando algo de la historia de Luján.

Un portugués de Sumampa, Antonio Faria de Saá le pidió a un amigo suyo residente en Brasil que le enviara una imagen de la Pura y Limpia Concepción y éste le envió dos que llegaron a la zona del Plata. Seguramente conocen la historia del carretón y del milagro, eso que llamamos sí, sencillamente el milagro: una de esas imágenes, así lo entendemos, porque así lo entendió la gente sencilla de ese 1630, quiso quedarse allí junto al río de Luján.

En ese momento se la depositó en una estancia, la estancia de Rosendo, donde recibió un culto algo privado durante cuarenta años. Luego la estancia cayó en el descuido y doña Ana de Matos la llevó a su propiedad no lejos de allí y muy cerca del sitio actual. Así comenzó a recibir un culto público tal que aquel lugar de doña Ana se convirtió en el inicio de la famosa Villa de Luján de la cual, la fundadora, como seguimos creyendo y diciendo nosotros, ha sido la Santísima Virgen, hasta que en 1871 comenzó la edificación de la actual basílica.

Bajo el magisterio de Santo Tomás de Aquino - Mons. Héctor Aguer

Bajo el Magisterio de Santo Tomás
Mons. Héctor Aguer


Homilía en la Misa de inauguración del año académico en el Seminario Arquidiocesano, 
7 de Marzo del 2003.


El 7 de marzo de 1274 moría Santo Tomás de Aquino en el monasterio de Fossanova, después de haber ofrecido a los monjes cirtercienses que lo asistían en su enfermedad, en señal de agradecimiento, un sucinto comentario al "Cantar de los Cantares". Declaró el altísimo poema con aquella unción honda y apacible con que solía aproximarse a la Sagrada Escritura. Durante mucho tiempo fue el 7 de marzo el día de la memoria litúrgica del Santo y aquí, en el lejano sur, se hacía coincidir con la fecha de la apertura del año académico en los seminarios. Con la aprobación de la Santa Sede nosotros hemos retomado esa tradición tan significativa. ¿Por qué significativa? Corresponde explicar su sentido.

Santo Tomás ha recibido elogios enormes a lo largo de los siglos. Pablo VI da razón de este hecho en la Carta "Lumen Ecclesiae" al retomar uno de los títulos: lumbrera de la Iglesia y del mundo entero. ¿A qué se refiere exactamente esta alabanza encarecida? El Papa explica los motivos: el Aquinate es un maestro en el arte de pensar, un guía seguro en la ardua labor de conciliar los problemas filosóficos con los teológicos, más aún, para plantear correctamente el saber científico en general. Su obra puede ser presentada como una respuesta, un feliz hallazgo en la búsqueda de armonía entre la fe y la razón; lo ha logrado evitando dos escollos que se repetirían luego en la historia del pensamiento.

Ante todo, la solución tomista descarta un sobrenaturalismo extremo, y por tanto falso, del cual se sigue el fideísmo que frena las legítimas aspiraciones de la razón humana. Santo Tomás reconoce una cierta autonomía a los valores e instituciones del mundo y recuerda que la fe es un pensar asintiendo, o un asentimiento que incluye la cogitatio y con ella una inquietud del pensamiento. Rechaza también el naturalismo, y su derivación securalista, que encierra al intelecto en la “aquendidad” de la inmanencia, para afirmar la trascendencia y supremacía del fin último al que deben dirigirse y subordinarse las cosas del mundo. La síntesis tomista es una filosofía del ser y una teología del Ser divino, y ambas vertientes confluyen para superar los escollos señalados en una formulación precisa y luminosa: la gracia no destruye ni violenta a la naturaleza, sino que la asume, la sana y perfecciona; la naturaleza, por su parte, se subordina a la gracia, la razón a la fe, el amor humano a la caridad. En la armonía de este orden teándrico el hombre alcanza su verdadera estatura, asegura su dignidad de imagen y semejanza de Dios.

Esta aventura intelectual la acometió el robusto fraile dominico con un corazón de niño ante los inefables misterios de la fe, de rodillas ante el crucifijo, al pie del altar, implorando la luz y la pureza que dan acceso a la contemplación de Dios, a la theologia, que es discurso sobre Dios y conversación con él, palabra dirigida a él. Recibió el don de la sabiduría, de aquella sabiduría que brota del amor y que se manifiesta en lágrimas de gozo y de paz. Pocas veces en la historia de la ciencia cristiana se verificó tal unidad de pensamiento y vida, de estudio y oración, con una destinación eminentemente apostólica: contemplari et contemplata aliis tradere, contemplar y transmitir a los demás lo contemplado.

La Ambigüedad de los Medios con la Iglesia - Mons. Héctor Aguer

La Ambigüedad de los Medios con la Iglesia
Mons. Héctor Aguer


Reflexión de Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, en el programa televisivo “Claves para un Mundo Mejor”, el sábado 18 de enero del 2003.


Cada tanto se oye hablar sobre la independencia real o presunta de los medios de comunicación. Digo real o presunta porque siempre queda flotando una duda: ¿se trata efectivamente de independencia o se trata de una declamación que se usa para reivindicar una irrestricta libertad de expresión?.

Cada tanto se hacen criticas al respecto y se dice que los medios, tal o cual, dependen de algún poder económico o de tal ideología que tiñe las noticias y los comentarios, aun en las cosas más banales. Me parece oportuno hablarles acerca de la ambigua actitud de los medios de comunicación respecto de las cosas de la Iglesia.

En general los medios aprueban aquellas intervenciones de los Obispos, desde el magisterio de la Iglesia, referidas a cuestiones políticas, económicas y sociales, en especial si se piensan que pueden ir o ser dirigidas contra el gobierno. Se elige la Doctrina Social de la Iglesia de acuerdo a la elección ideológica del medio en aquellos puntos que convienen destacar o silenciar.

Pero por otro lado todos tenemos experiencia de escuchar o de leer como se destacan con gran relieve aquellos hechos o enseñanzas que pueden parecer escandalosos y que pueden suponer que implican un desprestigio para la Iglesia. Esto suele servir para evocar tantas cuestiones que los periodistas suelen desconocer. En las cuestiones teológicas, filosóficas, disciplinares, se revela que hay una gran ignorancia respecto a la naturaleza de la Iglesia y de su misión.

lunes, 2 de febrero de 2009

Los malos periódicos - P. Félix Sardá y Salvany



LOS MALOS PERIÓDICOS
P. Félix Sardá y Salvany
Artículos publicados en "Propaganda Católica", t. II, pág. 229/242.




I.


Creo, lector, que si Satanás hubiese de encarnarse en algo digno de su perversidad y de su odio a Dios y al género humano, encarnaríase en un mal periódico. Recorriendo con la imaginación lo mucho malo que sobre la haz de la tierra ha vomitado el infierno desde el pecado de Adán hasta las blasfemias de hoy día, nada encuentro tan diabólicamente corruptor como un periódico impío. Así deben de haberlo conocido también los enemigos de nuestra fe y de la felicidad del pueblo, cuando tan buena maña se han dado en llenar el mundo de esta funesta mercancía. El género abunda, mi buen amigo, y del mismo modo que no son los solos ladrones los que van al presidio, pues no pocos andan y triunfan por calles y plazas, así no sólo es enemigo tuyo y de tu fe el papelucho prohibido por la Iglesia; muchos llevas cada día entre manos merecedores de tu execración. Voy, pues, a hablarte en general de los malos periódicos. El periódico se reduce a cuatro o más páginas de papel, bien O mal redactadas, peor o mejor impresas, que se introducen cada mañana en el hogar, en el taller o en el almacén de tres, cuatro o cinco mil hijos del pueblo. El periódico es, pues, un huésped que admites todos los días en tu casa, para comer con él desde el desayuno hasta los postres de la cena, para que con el mismo conversen familiarmente, íntimamente, tu mujer, tus hijos y tus dependientes. Es un desconocido a quien abres cada día la puerta para que una vez dentro de tu habitación diga lo que se le antojare, enseñe lo que convenga o no convenga, instruya o desmoralice, sin que nadie te vaya a la mano. El tal desconocido puede contarle hoy a tu hija una anécdota infame que robar a a su corazón la inocencia, y hará salir a su rostro los colores de la vergüenza. Puede enseñarle a tu hijo a despreciar a Dios, a ridiculizar al sacerdote y a sacudir el yugo de los santos deberes de la familia, A tu dependiente le dirá tal vez que es necesaria la emancipación del obrero y el exterminio de los tiranos como tú, que ejercen la feroz tiranía de ser más ricos que él o más industriosos. Predicará, en fin, lo que le diere la gana, en verso o en prosa, en gacetillas ligeras o en graves artículos, en cuento, en historia y aun en anuncios; que el diablo es tan sagaz que hasta de esto sabe sacar su provecho el maldito. Y tú descansarás tan tranquilo en la seguridad de que diste a los tuyos excelente educación, de que en casa no falta el Rosario, y se va a Misa los días de guardar, y se observan todos los Mandamientos. Y ¡no adivinarás de dónde le vino a tu hijo aquel arranque de insubordi-nación o aquella máxima perversa que le oíste, o a tu hija aquella su desenvoltura y ligereza de cascos que la van volviendo tan desemejante a su madre! ¡Cáspita con los cortos de vista! ¡Y averiguarás solicito con quien se acompaña el muchacho en sus juegos, o a quien mira la niña o a quien dejó de mirar, sin tener en cuenta que aquellas cuatro páginas de mal papel que cautelosamente se te introducen por debajo la puerta pueden ser la verdadera causa de todos tus disgustos! Todo este peligro tiene un periódico malo. Pero ¿cómo, me dirás, puede caber en ser tan insignificante tanta malicia? Sencillísimo. ¿Has oído decir lo del refrán de que la gota cava la piedra? Pues bien; el periódico ruin es una gota también, pero una gota de veneno corrosivo capaz de hacer mella en los corazones de mejor temple, sobre todo si los halla desprevenidos; es una gota, pero gota que cae sin cesar cada día, cada día, sabiendo que la constancia, así en el bien como en el mal, obra prodigios, Y si el periódico, con ser perverso, sabe presentarse con los atavíos del buen decir y con el atractivo del gracejo, es entonces gota de veneno azucarada que tragarán, no sólo con facilidad, sino hasta con delicia, cuantos en el mundo suelen no guiarse por otro criterio que el del paladar, que son innumerables. ¡Espanto causa pensar con qué ligereza se abren las puertas del honrado hogar a ese enemigo doméstico, silencioso autor de la mayor parte de los desastres morales que lamentamos en la patria y en la familia! ¡Irrita la glacial indiferencia con que los padres bonachones miran en manos de sus hijos o en el taller de sus dependientes aquellas páginas venenosas en que se enseña el desprecio de todo lo respetable, desde la Suprema autoridad de Dios hasta la de los últimos delegados en la tierra! Y a una observación cualquiera que sobre esto se haga se contesta con la mayor tranquilidad, y soltando tal vez la carcajada: ¡Oh! ¡es un periódico! ¿Quién va a hacer caso de los periódicos? ¡No seáis intolerante!


Tú, lector, has sido también acaso uno de los cortos de vista a quienes así he oído hablar. Y has abierto diariamente la puerta de tu domicilio a alguno o algunos de esos desconocidos, dispuestos a envenenar el corazón de tus hijos, que por otra parte quisieras conservar tan puros e inocentes. Y no sólo le has abierto la puerta, sino que le has invitado, y le has dado dinero encima para que viniese a ejercer entre los tuyos su negro oficio de corromper. ¡Infeliz! - Pero vos, señor, anatematizando los malos periódicos, parece envolvéis en vuestra excomunión mayor a todos indistintamente. El género abunda, habéis dicho; ¿cómo he de distinguir, pues, el legítimo del averiado? ¿Qué marca distingue a ese contrabando? - La pregunta o las preguntas están, lector amigo, muy en su lugar. Ten alguna paciencia, y sobre esto voy a decirte en este Opúsculo cosas curiosas. Aquí verás pintados con sus pelos y señales los malos periódicos, de quienes debes guardarte como del mismo diablo que en ellos te viniese empapelado!



II.


Acabo de prometerte algunas señas con que distinguir fácilmente a los periódicos de buena ley de los perversos o averiados. Tarea importante y de urgente necesidad en los tiempos en que vivimos, pero también enojosa hasta cierto punto, y repugnante y antipática según como se la considere. A más de cuatro lectores les veo torcer el gesto, y arrugar la frente doliéndose de que un periodista (que lo soy, aunque indigno) se meta a acusador de algunos de sus colegas, denunciándolos a la opinión pública como sospechosos, y excitando contra ellos la indignación de las gentes honradas. Tremenda es la imputación, y bastara ella sola para que soltase yo al momento la pluma cual si quemase mis dedos, a no estar persuadido, y mucho, de que no me coge de frente ni de través el feo dictado de delator. No, porque no voy a designar personas: ni siquiera nombraré periódicos determinados. Si alguno por desgracia se halla comprendido entre los que yo reprobaré como detestables, conste que no soy yo quien tengo la culpa. En su mano está no caer bajo la censura de los que como yo reprueban con franqueza lo que merece ser reprobado. Los malos periódicos se dividen en dos clases: la de los descarados y la de los hipócritas. La primera es poco abundante, y por muchas razones la menos temible. La segunda es numerosa, y por distintos conceptos la más funesta. Descarados: llamo así a los que paladinamente y sin rebozo manifiestan el plan de combatir la Religión y las buenas costumbres. Los tales suelen negar claramente a Dios, a Cristo y a la Iglesia; en Religión suelen ser ateos, en moral sensualistas, en política demagogos, en economía apóstoles del Socialismo. El odio a Dios y el odio a la sociedad suelen ser las musas ocultas que inspiran sus venenosos artículos: la obscenidad y el escándalo su salsa y sus recursos oratorios. No se sabe de ellos a punto fijo si corrompen las costumbres para extraviar las inteligencias, o si, viceversa, pervierten las inteligencias para corromper las costumbres: de tal suerte andan allí a una revueltos el error y la inmoralidad. No es simpática esta especie; su deformidad la hace repugnante aun a los más desalmados. Los que con tales armas procuran combatir la Religión y la moral se muestran verdaderos aprendices en el oficio; suelen ser jóvenes inexpertos, o viejos a quienes el furor ciega hasta el punto de desconocer los más triviales rudimentos de la estrategia. Acostumbran aparecer únicamente en épocas de público trastorno; no escriben para la discusión, ni siquiera para la lectura sosegada, sino para producir la impresión del momento, o para desahogar la bilis largo tiempo comprimida. Se les conoce hasta por el título, y respecto de ellos es imposible la equivocación. Su vida suele ser corta: agotado el diccionario de los insultos y de las desvergüenzas, vuelven como la serpiente al antro de donde salieron, sin dejar al parecer rastro ni huella. ¿Quién no ha tenido la desgracia de alcanzar alguno o algunos de estos periódicos en los últimos años? ¿Quién no los ha leído con verdadero estremecimiento, cual si el veneno que de sus columnas chorrea debiese matar con solo el contacto? Todavía circulan entre nosotros tales monstruos de perversidad, introduciéndose con preferencia en el taller del pobre, porque saben que la víctima está allí más desprevenida, y la caza es por consiguiente más segura.


¡Rasgad, rasgad, hijos del pueblo. la pagina impía que os dice lo que jamás en vuestra vida quisierais oírles a vuestros hijos y a vuestra mujer!, ¡rasgad el papel infame que intenta haceros felices predicandoos el odio como único sentimiento digno de vuestro corazón! He paseado mis ojos con horror por estas producciones de infierno, y no he podido hallar otra palabra con que compendiar sus horribles doctrinas que esta: aborrecer. Aborrecer a Dios, porque refrena mi fiero antojo; aborrecer a la Iglesia, porque me habla de Dios; aborrecer a la Autoridad, porque me obliga a obedecer la ley; aborrecer a los ricos, porque no he sabido o no he podido hacerme del número de ellos. Aborrecer, en una palabra, todo lo que sobrepuje de una línea el bajo nivel de mis ruines sentimientos. ¡Y eso a título de dignidad, de emancipación social y de no sé cuántas otras cosas! ¡Y con esto se pretende educar al pueblo, ilustrarle, ennoblecerle, redimirle, emanciparle! ¡Falsos apóstoles! ¡Mirad vuestra obra! Mirad los pueblos modernos sin Dios y sin ley, desgarrándose a sí mismos las entrañas en el ciego delirio de la desesperación provocada por tantos años de lectura subversiva! Y el ariete que ha logrado conmover hasta los cimientos el poderoso edificio, no lo dudéis, es en primer lugar el periódico ruin. Pero no es sólo al periódico descarado a quien hay que hacer merecida justicia. Le cabe la parte peor, por su mayor grado de perversidad, al periódico hipócrita.



III.


El periódico malo por excelencia es el periódico hipócrita. La casta abunda; señal evidente de que el enemigo ha conocido desde lejanos tiempos ser ésta el arma más poderosa que podía esgrimir contra la verdad. El periódico impío es arrojado con desdén ó con indignación por el hombre a quien las pasiones ó los errores no han acabado de corromper completamente; de donde se sigue que, por regla general, el lector de un periódico descaradamente perverso poco tiene ya que perder en punto a moralidad y sanas creencias. No así el periódico hipócrita. Este es una celada, un lazo constantemente tendido a la gente de bien; es una emboscada pérfida escondida al abrigo de frases moderadas, y quizás, quizás devotas y compungidas; es una arma cargada con pólvora sorda que hiere y mata sin ruido, sin que la víctima haya podido muchas veces precaverse, y, lo que es peor, sin que frecuentemente ella misma se aperciba del daño recibido. El efecto del periódico hipócrita es lento como el de ciertos venenos que debilitan paulatinamente, y dan al estrago que causan todas las apariencias de una enfermedad natural. El desdichado que de buena fe traga diariamente la toma funesta que cautelosamente le va administrando desde su redacción un enemigo sagaz, siente entibiarse insensiblemente sus creencias; el fervor de otros días va pareciéndole exageración mujeril; los generosos arranques del alma cristiana le parecen ya rasgos de grosera intolerancia. El mísero envenenado no acierta a ver la mano infame que va apagando en su corazón todo el fuego de las convicciones arraiga-, das, para darle en su lugar cierta condescendencia (hoy muy en boga) con todas las opiniones, que así empieza a llamar él a las creencias; cierto justo medio como excelente criterio en todas lis polémicas; ciertos respetos por los derechos del libre pensamiento, no muy avenidos con la caridad evangélica que manda, sí, amar a los adversarios, pero también aborrecer con odio cordial sus perniciosos errores, y detestarlos y combatirlos sin tregua. La sociedad actual, atosigada por el influjo de los periódicos hipócritas, débeles, lectores míos, su decaimiento moral, su falta de convicciones sinceras, su profunda indiferencia para todo lo que no sea cuestión de intereses materiales. ¡Ah! ¡pluguiese al cielo que todos los periódicos hostiles a la verdad estampasen cada día al frente de sus números el satánico «guerra a Dios,» que sólo unos pocos han tenido la franqueza de proferir! ¡Cuántos espíritus hoy traidoramente seducidos, rasgarían con horror el impío artículo que hoy sin escrúpulo devoran! ¿Por qué no han de tener nuestros enemigos la franqueza del mal, corno tenemos nosotros la franqueza del bien? ¿Por qué? ¿Quieres saberlo, lector? Apuntado te lo dejé hace poco. Porque el diablo, que es muy listo, porque es muy viejo, sabe de estrategia como cien Moltkes y mucho más. Medrado estoy, señor mío, y ahí donde me ve, póneme vuestra merced con esta advertencia en muy buen aprieto. Si tan listo y tan disfrazado anda culebreando el enemigo entre nosotros, ser a cosa de que andemos los hijos del pueblo siempre recelosos y desconfiados, sin atrevernos a tender la mano a periódico alguno que no muestre antes el visto bueno del fiscal eclesiástico. ¡Y digo! ¡bonitos están los tiempos para censuras y fiscales! Al vapor se escriben los periódicos, y al vapor me los venden o me los dan en plazas y paseos, y léolos yo al vapor, sin tener tiempo de meterme en profundas investigaciones. Y luego, si el veneno anda allí tan desleído o tan azucarado, ¿quién diablos se libra de él, como no tenga muy finos paladar y olfato? ¿Decididamente quieres, lector sencillo, algunas reglas prácticas para discernir en lo posible a los enemigos de los amigos en este campo de batalla de la prensa periódica? Vaya en gracia, pues; voy a ser franco, y, como dice el refrán, a quien Dios se la diere San Pedro se la bendiga.



IV.


¿Quién es capaz de describir el periódico hipócrita? ¿A quién se le ocurrirán, para presentarlos en lista, los mil y un disfraces de que echa mano cada día para seducir a los incautos y obtener entre ellos cierto crédito de honradez, cierta reputación católica que le permita ser introducido como amigo allí donde precisamente desea ejercer en mayor grado su maléfica influencia? ¿Quién podrá enumerar las fervientes protestas de religiosidad (a toda prueba), de sumisión a la Iglesia, de respeto a su Cabeza, que constituyen tal vez la máscara de sus siniestras intenciones? Voy a describirte, lector curiosísimo, dos tipos de esta familia infernal: en ellos verás reunidos los rasgos y distintivos que caracterizan a todos los demás. Como en todos los ramos de la humana industria, hay aquí una división que señalar; la de los torpes y la de los hábiles. El hipócrita torpe se conoce a la legua; a cada paso que da levántasele por su descuido una punta u otra del disfraz, y descubre sus interioridades. El hipócrita hábil es más reservado; rara vez se le coge desprevenido; hay que sorprenderle con gran cautela, hay que observarle por mucho tiempo y con gran detención, haciéndose cargo de todos sus detalles, para llegar a conocerte al través del antifaz. ¡Mírale al hipócrita torpe! Encabeza su número con las Cuarenta Horas, Corte de María y Santos del calendario. Tiene su sección de anuncios religiosos, e inserta con frecuencia descripciones de los actos del culto más extraordinarios. Esto es el barniz, la máscara, la saya de fraile que le cubren. ¿Quieres ver el rostro verdadero y los cuernecitos de Satanás asomando debajo del negro capuz? Lee la gacetilla, las correspondencias, el fondo; a caza siempre de anécdotas que puedan poner en ridículo el buen nombre de un ministro del altar; elogios a todas horas para toda disposición legal que tienda a mermar la legítima influencia de la Iglesia sobre la sociedad; en todo conflicto entre la Iglesia y la Revolución siempre dando su voto favorable a la Revolución y condenando las demasías (así las llama) de la Iglesia. Abogado incansable del matrimonio civil que la Iglesia ha condenado; campeón decidido de la inicua desamortización que tiende a envilecer la obra de Dios; rabioso enemigo de las Órdenes religiosas, que son las niñas de los ojos del Catolicismo, no hay patraña que no invente, ni escándalo que no propale, ni calumnia que no halle acogida en sus desvergonzadas columnas. Uno de los tales difamó un día en una de sus correspondencias a dos ilustres Comunidades de Paris. Si lo que en aquella asquerosa página se dijo de ilustres señoras y de distinguidos caballeros se hubiese dicho de la madre y de la esposa y de las hijas del periodista, éste hubiera acudido a los tribunales o hubiera desafiado a muerte al autor de tan grosera villanía. Pero como el ultrajante es un periódico, y los ultrajados visten hábito de Religión, el que autorizó en el suyo la vil calumnia paseaba tranquilamente y sin rubor por las calles como los demás hombres honrados. En nombre de la moral, siquiera sea la universal o revolucionaria, en nombre del decoro público, en nombre del derecho que tiene cada uno a su fama, lo digo hoy en alta voz para que todos me oigan y para arrancarles la ilusión a muchos crédulos lectores. ¡Las Cuarenta Horas, el Santo del día, la visita de la Corte y los anuncios religiosos del que así se porta, no son sino máscara torpe y mal disimulada del odio más feroz contra el Catolicismo! O sino, dígaseme con lealtad y franqueza: ¿se puede ser católico y andar espiando, acechando, aprovechando a todas horas todas las ocasiones de vilipendiar y hacer una guerra mortal al Catolicismo? ¿Se puede ser católico y cantarle todo el día el trágala a la Iglesia de Dios? ¿Se puede ser católico y estar cada día al lado de sus enemigos en esta fiera lucha que está sosteniendo hoy de un confín a otro de Europa? ¿Se puede ser católico y poner en ridículo la convocación del sagrado Concilio antes de reunirse, y burlarse de su suprema autoridad una vez reunido, y declarar guerra sin cuartel al sus decisiones después de promulgadas? ¿Se puede ser católico con estas condiciones? Puede que sí, pero no de nuestro Catolicismo, no del Catolicismo del Papa, no del Catolicismo de Cristo-Dios. La falta de habilidad de algunos de nuestros cofrades en este particular raya en lo increíble: en Semana Santa, para condescender con el sentimiento dominante en aquellos días de Religión, cantan plañideras endechas a la muerte del Salvador y dedican artículos lacrimatorios a su santa Pasión en aquellas mismísimas columnas en que ultrajaron días antes a la Iglesia fundada a costa de la preciosísima Sangre derramada por aquel mismo Salvador en aquella Pasión misma. Cargue el diablo con tanta piedad y con tan desacostumbrados fervores. A mí sólo se me antoja citar ahora un recuerdo que le viene a mi asunto como un cirio a un altar. Cuando Satanás en las vidas de los Padres del desierto se transformaba en austero solitario para seducir a aquellos insignes penitentes, lo hacía a las mil maravillas; oraba con ellos, y aun tal vez les ayudaba a cantar su mística salmodia. Pero rara vez se engañaban aquellos varones de santa memoria. Pronunciaban el nombre de Jesús, y a ese poderoso conjuro perdía la calma el maligno disfrazado, y se marchaba, rabo entre piernas, asordando la soledad con sus terribles aullidos. Los católicos de hoy tenemos una palabra poderosa con que arrancar máscaras a Satanás cuando se nos presente en habito de periodista católico. Echadle a las barbas la palabra Papa. Ese santo vocablo le abrasa la piel, como al diablo el agua bendita. Le veréis enfurecerse, perder en un punto los estribos, soltar la blasfemia revolucionaria. Entonces habéis logrado vuestro intento : habéis descubierto, como dice el refrán, que «bajo del sayal hay al.» Habréis echado por el suelo la careta de un hipócrita torpemente disfrazado. Pero, ¿y la del que se disfraza con habilidad?



V.


Te puse de manifiesto las trampas y bellaquerías del periódico hipócrita torpe; ¿cuántas veces habrás tenido ocasión de ver aplicadas en la práctica las observaciones que te hice? No es de los tales de quienes voy a hablarte ahora. Dejemos ya en paz y honrosamente retratados a los periódicos hipócritas torpes. Quiero ocuparme del periódico hipócrita hábil. Es difícil de retratar. Por más que se le aplique cien veces la máquina fotográfica, tiene tal destreza en ladearse, y toma tantas y tan variadas actitudes, que no se sabe por donde cogerle. Es necesario hallarle desprevenido, y esto sucede poquísimas veces, porque es hábil. Así que difícilmente puede darse con exactitud su perfil; bastante se hará con apoderarse de alguno de sus rasgos más salientes, para que sirva como de contraseña para reconocerle. La máscara del periódico hipócrita hábil suele ser en primer lugar la moderación. Vean Vds.: es moderado, templado y comedido hasta en la defensa de su fe atacada con frenesí y furor por sus enemigos. En el asalto de una combatida fortaleza él no se pondría de parte de los sitiadores, no, más se limitaría a recomendar la calma, la moderación y la templanza a los combatidos. A los primeros no les vituperaría la fiereza del ataque; ¿por ventura no están en su derecho legal? Pero a los defensores les tacharía de execrable sinrazón el vigor de la defensa. Una Revista salía a luz en España poco antes de la última Revolución. No quería pasar por anticatólica. Estaba magistralmente pensada y magistralmente escrita. Águilas de ojeada muy certera descubrieron en ella, al través de sus habilidades, el odio más profundo al Catolicismo. No se engañaron. Al romper la Revolución sus diques, los autores de aquellos sesudos artículos fueron los que hicieron derramar las primeras lágrimas a la Iglesia española. Eran hipócritas hábiles. El tipo que estoy sacando a la vergüenza suele tener, en segundo lugar, una palabrita que es la clave de todas sus operaciones y el secreto de todos sus equilibrios en la cuerda floja. Esta palabra dulce, blanda, acomodaticia, es la gran palabra de hoy, la gran palabra del siglo, la palabra compendio de todo el sistema filosófico de ciertas gentes. Esta palabra no es nombre, ni es verbo; es una simple conjunción, que ningún gramático reaccionario hubiese soñado llegase a tener con el tiempo tal importancia. Esta palabra mágica es el pero. Un pero, soltado a tiempo y con habilidad, es el admirable comodín con que se sale de todos los apuros y se contenta a todo el mundo. Con él se puede hacer, no como Jano, cara a dos, sino cara a ciento, como no imaginó jamás la mitología. Con un buen pero se unen cosas al parecer perpetuamente irreconciliables, como son el espíritu católico y el espíritu revolucionario, el amor a la Iglesia y el entusiasmo por sus opresores, etc. Se puede decir, como se decía no ha mucho: El Papa está en su derecho de convocar el Concilio, pero no conoce que los tiempos no están para eso. Lo de Víctor Manuel es una villanía, Pero el Non possumus del Papa es una terquedad. La Iglesia ha sido la gran civilizadora del mundo, pero en el siglo actual no debiera oponerse a la corriente de las ideas. La unidad católica es gran bien, pero no por eso queremos la intolerancia. ¿Quién no ha leído estas y otras frases por el estilo? ¿Quién no conoce a alguno o algunos de estos periódicos sabios, que se erigen en intermediarios y amigables componedores entre la Iglesia y Satanás, dando lecciones al uno y otro, y lamentando melodramáticamente que por no seguir sus prudentes consejos se perjudique a la causa de la fe, que ellos indudablemente defenderían mejor que los mismos encargados de defenderla ?¿Qué es un catolicismo con peros sino un catolicismo que es un catolicismo mutilado, sino un catolicismo falso? ¡Maldito pero, gran encubridor de traiciones y apostasías! En tercer lugar (y van tres señas), el periódico hipócrita hábil suele tener gran horror a llamarse católico a secas. No le importa que le llamen católico, con tal que se le añada algún calificativo que disminuya ó temple la acidez y crudeza de esta palabra. Así sucede con los que nunca se dejan llamar sencillamente católicos, sino católicos liberales, católicos ilustrados, etc. Notadlo bien. Pues se han fijado en esta particularidad, y no obstante es un dato importantísimo. ¿Cuál puede ser la causa de este empeño tenaz en apropiarse un catolicismo distinto del de los demás católicos? ¡Cuánto me extendería sobre este particular! Conste sólo que no hay más que un Catolicismo; el que además de esta divisa, que lo dice todo, quiere distinguirse en Religión con otra, ha de hacerse por necesidad sospechoso a sus hermanos. Derecho da para que se dude si tiene la fe de todos el que rehúsa llamarse sencillamente con el apellido de todos.


¡Lastima grande que no muchas veces se nos presenten envueltos en este odioso grupo, no sólo los hipócritas, sino también sus víctimas; no sólo los seductores, sí que los seducidos. Efectivamente. Sucede con frecuencia que con la mayor buena fe hacen causa común con los hipócritas hábiles muchos de cuyas sanas intenciones es imposible dudar. Instrumentos inconscientes de una vasta conspiración anticristiana, dan muestra en ciertos momentos de verdadero amor a la santa causa que defendemos, y se baten por ella como bravos. ¿No es por lo mismo más sensible verlos separados en otros casos de la corriente genuinamente católi-ca, y miserablemente envueltos en el tropel de sus enemigos? ¿No es ésta la historia de algunos hombres brillantes de quienes no se sabe a punto fijo si son mayores los servicios que han prestado a la Iglesia católica o las alegrías que han dado a sus enemigos? Buena fe que podrá excusar sus almas ante el tribunal terrible de Dios, pero que no será menos peligrosa para la de sus prójimos que el furor de los más descreídos. Guárdate de unos y otros, pueblo mío; los rasgos que bien o mal te he dibujado, no te dejarán engañar. Recuerda a todas horas para tu provecho y para el de tus hijos, que el periódico impío, bien pertenezca al grupo de los descarados, bien al de los hipócritas hábiles o torpes, es siempre tu peor enemigo. Es el arma privilegiada de Luzbel en el presente siglo. Es el gran conductor eléctrico de toda la electricidad infernal que conmueve en estos días al mundo. Quítense los periódicos impíos, y el mal habrá perdido en un momento sus más decididos apóstoles, y la sociedad civil sus más poderosos agitadores, y la familia cristiana el ariete que a todas horas la está sacudiendo y que acabará por cuartearla. Por eso he dedicado a tan importante materia esos breves parrafillos.



P. Félix Sardá y Salvany





Discurso a sindicalistas católicos - Benedicto XVI


Discurso del Papa Benedicto XVI a sindicalistas católicos
“La solidaridad y la responsabilidad, necesarias para superar la crisis”



CIUDAD DEL VATICANO, lunes 2 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso del Papa a los miembros de la la Confederación Italiana Sindical de los Trabajadores (Confederazione Italiana Sindacati Lavoratori, CISL), a quienes recibió en audiencia el pasado sábado por la mañana en la Sala Clementina del palacio Apostólico Vaticano.

* * *


Ilustres señores, gentiles señoras:


Con viva complacencia os acojo y saludo cordialmente a los miembros del grupo dirigente de la Confederación Italiana Sindical de los Trabajadores: saludo particularmente al secretario general, y le agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Él ha recordado que precisamente hace 60 años, la CISL daba sus primeros pasos tomando parte activa en la fundación del sindicato libre internacional y contribuía a la naciente entidad con el fundamento en los principios de la doctrina social de la Iglesia y la práctica de un sindicalismo libre y autónomo de facciones políticas y de los partidos. Estas mismas orientaciones intentáis llevar a la práctica hoy, deseando continuar extrayendo del magisterio social de la Iglesia inspiración para vuestra actuación, con el fin de tutelar los intereses de los trabajadores y de las trabajadoras y de los jubilados de Italia. Como ha afirmado oportunamente el secretario general, el gran desafío y oportunidad, que la preocupante crisis económica del momento invita a saber aprovechar, consiste en encontrar una nueva síntesis entre bien común y mercado, entre capital y trabajo. Y en este ámbito es significativa la contribución que pueden aportar las organizaciones sindicales.

En el pleno respeto de la legítima autonomía de toda institución, la Iglesia, experta en humanidad, no se cansa de ofrecer la contribución de su enseñanza y de su experiencia a aquellos que pretenden servir a la causa del hombre, del trabajo y del progreso, de la justicia social y de la paz. Su atención a las problemáticas sociales ha crecido a lo largo del último siglo. Precisamente por esto, mis venerados predecesores, atentos a los signos de los tiempos, no han dejado de proporcionar oportunas indicaciones a los creyentes y a los hombres de buena voluntad, iluminándolos en su empeño en la salvaguardia de la dignidad del hombre y de las reales exigencias de la sociedad.

En el alba del siglo XX, con la encíclica Rerum novarum, el Papa León XIII hizo una encendida defensa de la dignidad inalienable de los trabajadores. Las orientaciones ideales, contenidas en este documento, contribuyeron a reforzar la animación cristiana de la vida social; y esto se tradujo, por otro lado, en el nacimiento y consolidación de no pocas iniciativas de interés civil, como los centros de estudio social, las sociedades obreras, las cooperativas y los sindicatos. Se verificó también un notable impulso hacia una legislación del trabajo respetuosa de las legítimas expectativas de los obreros, especialmente de las mujeres y de los menores, y se obtuvo también una sensible mejora de los salarios y de las mismas condiciones de trabajo. De esta encíclica, que ha tenido "el privilegio" de ser conmemorada por sucesivos documentos pontificios, Juan Pablo II quiso solemnizar su centenario publicando la encíclica Centesimus annus, en la que observa que la doctrina social de la Iglesia, especialmente en este último periodo histórico, considera al hombre enmarcado en la compleja red de relaciones que es típica de las sociedades modernas. Las ciencias humanas, por su parte, contribuyen a que pueda entenderse cada vez mejor a sí mismo, en cuanto ser social. "Sólo la fe, sin embargo -señala mi venerado predecesor- le revela completamente su verdadera identidad, y precisamente de ella nace la doctrina social de la Iglesia, la cual, valiéndose de todas las aportaciones de las ciencias y de la filosofía, se propone asistir al hombre en el camino de la salvación (n. 54).

En su precedente encíclica social Laborem exercens de 1981, dedicada al tema del trabajo, el Papa Juan Pablo II había subrayado que la Iglesia nunca ha dejado de considerar el problema del trabajo dentro de una cuestión social que ha ido asumiendo progresivamente dimensiones mundiales. Al contrario, el trabajo -insiste- se ve como la "clave esencial" de toda la cuestión social, porque condiciona el desarrollo no sólo económico, sino también cultural y moral, de las personas, de las familias, de las comunidades y de la humanidad entera (cfr n. 1). Siempre en este importante documento se resaltan el papel y la importancia estratégica de los sindicatos, definidos como "un elemento indispensable de la vida social, especialmente en las modernas sociedades industrializadas" (cf. n. 20).

Hay otro elemento que vuelve frecuentemente en el magisterio de los Papas del siglo XX, y es el llamamiento a la solidaridad y a la responsabilidad. Para superar la crisis económica y social que estamos viviendo, sabemos que es necesario un esfuerzo libre y responsable por parte de todos; es decir, es necesario superar los intereses particulares y de sector, para afrontar juntos y unidos las dificultades que atraviesan todos los ámbitos de la sociedad, y especialmente el mundo del trabajo. Nunca como hoy se ha advertido una urgencia semejante; las dificultades que atraviesa el mundo del trabajo empujan a una concertación efectiva y más compacta entre todos los componentes de la sociedad. La llamada a una colaboración encuentra significativas referencias también en la Biblia. Por ejemplo, en el libro del Qohelet leemos: "Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante" (4,9-10). Auguro por tanto que de la actual crisis mundial brote la voluntad común de dar vida a una nueva cultura de la solidaridad y de la participación responsable, condiciones indispensables para construir juntos el futuro de nuestro planeta.

Queridos amigos, que la celebración del 60 aniversario de la fundación de vuestra organización sindical sea motivo para renovar el entusiasmo de los comienzos y para redescubrir aún más vuestro carisma original. El mundo necesita personas que se dediquen con desinterés a la causa del trabajo en el respeto pleno a la dignidad humana y del bien común. La Iglesia, que aprecia el papel fundamental de los sindicatos, os está cercana hoy como ayer, y está dispuesta a ayudaros, para que podáis cumplir lo mejor posible vuestro deber en la sociedad. En la fiesta de hoy de san Juan Bosco, deseo finalmente confiar la actividad y los proyectos de vuestro sindicato a este Apóstol de los jóvenes, que con gran sensibilidad social hizo del trabajo un precioso instrumento de formación y de educación de las nuevas generaciones. Invoco también sobre vosotros y vuestras familias la protección de la Virgen y de san José, buen padre y trabajador experto que cuidó día a día de la familia de Nazaret. Por mi parte os aseguro un recuerdo en la oración, mientras que os bendigo con afecto a vosotros aquí presentes y a todos los inscritos en vuestra Confederación.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]




Cómo echar a perder un hijo


Como echar a perder un hijo



> > Comience por dar a su hijo durante la infancia todo lo que él quiera; así crecerá con la falsa idea de que todo el mundo tiene que servirle.

> > Cuando aprenda malas palabras, celébrele "el chiste"; así creerá que es "muy gracioso" y lo estimulará a aprender otras GROSERIAS que le sacarán a usted de quicio en unos años más.

> > Nunca le dé educación espiritual; espere a que su "niño" cumpla 21 años para que "decida por sí mismo".

> > Evite usted el uso de la palabra "malo" o "pecado"; podría crearle un complejo de "culpabilidad".

> > Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, para que "aprenda bien" a dejar toda responsabilidad a los demás.

> > Déjele leer historietas, noveluchas, pornografía y cuanta cosa caiga en sus manos; así su cerebro, lleno de inmundicia, se desarrollará sin "prejuicios".

> > Tenga demasiadas "juntas" por las noches y riña con su cónyuge en presencia de sus hijos; así éstos no sentirán el "terrible choque" cuando sobrevenga el divorcio o separación.

> > Déle todo el dinero que le pida y cúmplale sus caprichos; al negárselos podría crearle un complejo de "frustración".

> > Póngase siempre de su parte contra los vecinos, profesores y cuando venga el caso, contra la policía; todas estas personas le tienen "mala idea" a su hijo.

> > Nunca se preocupe por darle buen ejemplo y cuando alguien le busque a usted y no quiera ser interrumpido, ordénele que diga que "no está" para que desde pequeño aprenda a "salir de apuros".

> > Luego de seguir estas instrucciones, prepárese para una vida "de tranquilidad". Usted se la merece. Y cuando "su niño" sea un delincuente, apresúrese a exclamar: "¿Qué pecado habré cometido, Dios mío, para merecer esto?".


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