martes, 3 de febrero de 2009

¿Arte transgresor o resentimiento incontrolable? - Mons. Héctor Aguer



¿ARTE TRANSGRESOR O RESENTIMIENTO INCONTROLABLE?
Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 11 de noviembre de 2004



En el mundo del arte ocurren cosas raras. Un jurado compuesto por quinientos expertos, que debían decidir acerca del premio Turner, que dicen que es importante en Gran Bretaña, eligió como obra más significativa del siglo XX un mingitorio de porcelana que salió primero superando a la Señorita de Avignon, el famoso cuadro de Picasso.

¿Ustedes creen que se puede llamar obra de arte por ejemplo a un conjunto de santitos de esos que se compran en la santería de serie acomodados sobre una sartén como si se estuvieran friendo o un cristo arrancado de la cruz y depositado sobre una plancha sobre la que se asan bifes o una reproducción del juicio final de Miguel Ángel salpicado de excrementos de pajaritos?

Algunos dicen que estas cosas son arte trasgresor. En realidad como trasgresión es bastante pueril y parece más bien una manifestación de cierto encono o resentimiento incontrolable. Como se dan cuenta me estoy refiriendo a esta muestra que ha dado tanto que hablar en las últimas semanas en Buenos Aires.

Lo que me gustaría aclarar es que en la Argentina de hoy existen cenáculos intelectuales y culturales muy restringidos y que se representan a sí mismo. Están muy cargados de ideología y de resentimientos pero que con gran facilidad disponen de fondos económicos y gozan del favor político.

Uno puede preguntarse si el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hubiera permitido en su centro cultural de recoleta una exposición en la cual siquiera implícitamente se hiciera elogio de la dictadura o se hiciera mofa de la Shoa o de los signos sagrados carísimos para algunas minorías religiosas que conviven con nosotros.

¿Cómo se puede pensar que se le otorguen tres meses de las mejores salas en ese Centro de Exposiciones a una muestra que vulnera los sentimientos entrañables de la inmensa mayoría de los argentinos que son católicos?

Esta actitud del Gobierno de la Ciudad indica un avance un tanto peligroso. ¿Cómo lo podríamos describir? Se trata quizá de un intento por empezar a discriminar a las mayorías que suelen ser siempre silenciosas. En ese caso poco de democracia se notaria en esto y, en realidad, lo que se observa es más bien el avance de un totalitarismo menos encubierto.


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

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