martes, 30 de agosto de 2016

La Fornicación - Mons. Héctor Aguer

La Fornicación
Mons. Héctor Aguer


Monseñor Aguer es Arzobispo de La Plata (Argentina) y Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Este artículo fue publicado originalmente en el Diario “El Día”, de la ciudad de La Plata, Argentina.



[InfoCatólica/FVN] 24/08/16.- Encabezo deliberadamente esta nota con un título chocante; lo es porque la palabra empleada ha caído en desuso y puede causar extrañeza. No cito la definición del catecismo sino la del diccionario: «tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio». Este vicio se ha convertido en algo trivial, común, insustancial. Lo llamo vicio porque el diccionario define «fornicario: que tiene el vicio de fornicar». Él o ella en principio, aunque hoy día la «igualdad de género» permite otras combinaciones, antinaturales.

Indico dos ejemplos de banalización. En la Sección Espectáculos de El Día [N. de E. El Día es el mismo diario en el que se publica la columna de Mons. Aguer] se puede seguir una crónica diaria de la fornicación en el mundo de la farándula; hay récords notables de señoritas (no estoy seguro de que sea ésta la identificación que corresponde) que cambian de «novio» cinco o seis veces al año; se supone que no se reúnen con ellos a leer la Biblia. Antes, a estos comportamientos y a las personas que los practicaban se les aplicaban otros nombres. Se puede pensar que son casos extremos, que se exhiben en un escaparate para suscitar envidia y la ilusión de llegar a imitarlos. Escándalo, como se lo llamaba antaño: inducir a otro al mal, más intenso cuando la conducta desviada es promovida como una moda. La superficialidad de esos casos resulta irrisoria: escarceos, idas y vueltas, traiciones y arrepentimientos, cada tanto algún rumor de embarazo que no se confirma. La protagonista innombrada, por supuesto, es siempre la cama. Felizmente, la mayor parte de la gente no tiene tiempo ni plata para gastar en esas placenteras ociosidades. Pero el mal ejemplo cunde, fascina, lo anormal se puede ir convirtiendo en deseable primero, luego en moralmente neutro y finalmente en normal. «Lo hacen todos», ese es el lema.

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