viernes, 13 de marzo de 2026

Vía crucis ecológico. Una parodia sacrílega de la Pasión de Cristo - Mario Caponnetto

Vía crucis ecológico
Una parodia sacrílega de la Pasión de Cristo
Mario Caponnetto

    
[ELCAMINO] Durante el tiempo de Cuaresma, los fieles católicos solemos realizar el piadoso ejercicio del viacrucis, una antigua y noble devoción que la Iglesia, con su admirable pedagogía, nos propone para mejor acompañar a Jesús en el camino de su pasión y muerte. Se trata de meditar sobre el corazón mismo de nuestra fe: de aquí la importancia de disponer de textos adecuados que expresen, del mejor modo posible, toda la hondura del misterio que se celebra.
     
Existen numerosos textos, desde los más sencillos a los más profundos en reflexiones teológicas, a menudo acompañados de excelente poesía y de una no menos excelente iconografía. Pero, más allá de la calidad, todos los viacrucis que hemos conocido nos sumergen en el drama del Calvario. 
    
Sin embargo, nos hemos enterado de que, desde hace varios años, circula en ciertos ámbitos católicos una curiosa versión de esta tan querida y apreciada devoción. Se trata de un llamado “viacrucis ecológico”, inspirado en la Encíclica Laudato Si’ del difunto Papa Francisco y promovido por algunas instituciones ecologistas como la denominada Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (REMAM) y el Movimiento Laudato Si’. Católicos por Nuestra Casa Común, este último con filial en Argentina (https://www.instagram.com/vivelaudatosiargentina/). 
    
¿Qué es el viacrucis ecológico? Tal como lo presentan sus promotores se trata de “una propuesta de oración y reflexión cuaresmal que une las estaciones tradicionales de la Pasión de Cristo con el sufrimiento de la tierra y los pobres, fomentando la conversión ecológica y el cuidado de la casa común”. Siempre según sus mentores, su propósito es “pedir perdón por los pecados contra la naturaleza, reflexionar sobre el impacto ambiental (basura, cambio climático, pérdida de biodiversidad) y comprometerse con el desarrollo humano integral”. Por otra parte, “analiza problemáticas como la escasez de agua, la deforestación y la injusticia social que afecta a los más vulnerables, identificando a Jesús en el sufrimiento de la naturaleza”. 
    
La estructura de esta novedosa versión sigue en todo el formato tradicional, a saber, un recorrido de catorce estaciones, que recuerdan el camino de Cristo hacia la Cruz, acompañado de lecturas bíblicas, oraciones y reflexiones que invitan a la reparación y a la acción, siempre en relación con el cambio climático, el grito de la tierra y de los pobres, la defensa del medioambiente y demás tópicos del ecologismo al uso. Por último, su objetivo es “transformar la mentalidad hacia una ecología integral, proponiendo acciones concretas como reducir el consumo y valorar la creación como regalo divino”. Basta una rápida consulta en las redes para constatar lo que hemos transcripto. 
    
Existen varias versiones de este viacrucis ecológico, cada una con sus respectivos textos e imágenes. Nos detendremos a examinar dos de ellas representativas de cuál es la mentalidad que guía a estos celosos defensores de la “casa común”.
    
El primero es el elaborado por el ya mencionado Movimiento Laudato Si’ que puede consultarse en la web (https://laudatosimovement.org/es/via-crucis-ecologico/). Veamos, solo a título de ejemplo, algunos de sus textos. En la introducción se lee: “El Vía Crucis Medioambiental sitúa el sufrimiento de la Pasión de Cristo en nuestro tiempo relacionándolo con el sufrimiento de la Tierra y de los pobres”. 
    
Más adelante, en la cuarta estación que rememora el encuentro de Jesús con su Madre, aparece la siguiente reflexión: “Señor, por el dolor que sentiste al encontrarte con tu madre, te pedimos que podamos atender con compasión a nuestra madre que sostiene toda forma de vida con aire, alimento y agua” (suponemos que “nuestra madre” se refiere a la tierra).
     
En la novena estación, Jesús cae por tercera vez, la reflexión no es menos asombrosa: “Señor, el peso de la cruz te hizo caer por tercera vez. También nosotros, amedrentados por la explotación desenfrenada, caemos en la angustia y la frustración. Danos la fuerza para levantarnos una y otra vez en nuestra lucha por la justicia social y climática”. 
    
Pero, quizás, la cima del despropósito la encontramos en las estaciones décima y decimoprimera: “Décima estación, Jesús es despojado de sus vestiduras: Jesús, fuiste despojado de tus vestiduras y de tu dignidad. Así también, la Tierra es despojada de sus minerales y de la capa superior del suelo, rica en nutrientes. Ayúdanos a buscar y desarrollar formas de energía renovable y a restringir nuestro consumo para que la Tierra recupere su gloriosa abundancia”. “Décimo primera estación, Jesús crucificado: Señor Jesús, nuestros modelos equivocados de progreso nos han cegado ante la maravilla y el destino sagrado de tu creación. Los conflictos por los recursos naturales son los clavos con los que te crucificamos una y otra vez. Perdona nuestra codicia y despierta en nosotros tu presencia permanente”.
    
El segundo que hemos tenido ocasión de examinar es el llamado Vía Crucis en el espíritu de Laudato Si’. El cuidado de la Casa Común. Villa Pamphili, Roma, 2020 (https://www.religiosasdelasuncion.org/attachments/article/234/VIA%20CRUCIS%20EN%20EL%20ESPIRITU%20DE%20LAUDATO%20SI.pdf). Según se aclara este texto fue tomado de An Environmental Stations of the Cross (un vía crucis ambiental, publicado en Canadá por Green Church: www.GreenChurch.ca). El recorrido de Villa Pamphili, agrega, fue trazado destacando en forma especial el papel de las mujeres.
    
Detengámonos solo en algunos tramos. Así, en la segunda estación, Jesús carga con la cruz, ilustrada con la imagen de un puente, puede leerse: “Observemos el puente y lo que hay debajo. Un símbolo de los seres humanos que cubren la tierra con asfalto. Este tipo de expansión humana ha contribuido a la extinción de criaturas. Carguemos también nosotros las cruces propias que se vayan presentando durante este camino”. 
    
No menos curioso es el comentario de la tercera estación, Jesús cae por primera vez: “El uso de combustibles fósiles y la extinción de la biodiversidad han causado la destrucción del medio ambiente. Si tenemos cuidado, podemos pasar a fuentes energéticas alternativas”. En similar línea, en la novena estación, Jesús cae por tercera vez, leemos: “Los árboles caídos, símbolo de la contaminación; la cuestión del agua y la manipulación humana. Falta un cuidado apropiado de la salud de los árboles”. 
    
En cuanto a la décima estación, Jesús es despojado de sus vestiduras, acompañada de la imagen de un árbol sin hojas, insisten los autores: “El árbol pelado, símbolo del uso humano de los recursos naturales extraídos”. Lo mismo en la duodécima estación, Jesús muere en la cruz, también ilustrada con la foto de un ciprés: “El ciprés es el símbolo de la muerte y de la vida eterna”.
    
La oración conclusiva se lleva, empero, las palmas: “Ante la muerte de la Tierra, oremos. Tú que has podido crear el universo de la nada, puedes también intervenir en este mundo y vencer toda forma de mal. La injusticia no es invencible. ¡Basta un hombre bueno para que haya esperanza! Gracias, Dios de toda la Creación, por haberte encarnado en Jesús, la persona absolutamente buena que restablece la esperanza (cf. LS 71, 74)”.
    
Repetimos, son solo algunas pocas muestras de esta extraña metamorfosis del viacrucis. No puede pedirse una mayor irreverencia e ideologización de lo sagrado. Es esta, entre otras, una de las peores herencias del ruinoso pontificado del papa Bergoglio. Los desvaríos no parecen tener límite. 
    
No dudamos en calificar este falso viacrucis de una parodia sacrílega de la Pasión de Cristo. Para estos ecologistas, al parecer, la meditación de la Pasión no ha de llevarnos a una auténtica conversión de todo lo que nos aparta de Dios a fin de alcanzar la vida eterna sino, más bien, a convertirnos en custodios de los pájaros, los árboles, el agua y de la pobre y dolorida “madre tierra” explotada por los perversos agentes del extractivismo. 
    
Cristo, el Verbo Encarnado, que por nuestra salvación bajó de los cielos y se encarnó en el seno purísimo de María, como rezamos en el Credo, aparece así reducido a la dimensión de una “persona absolutamente buena que restablece la esperanza”, pero no la esperanza de la vida eterna sino de una burda caricatura de la esperanza cristiana, demasiado humana y, encima, falsa. 
    
Nos viene a la memoria la sentencia de Vladimir Soloviev: el Anticristo vendrá como un líder pacifista, ecologista y ecumenista.
    
Dios nos ampare. 
    
    
    
    Mario Caponnetto
    Mar del Plata, 13 de marzo de 2026
    Viernes de la tercera semana de Cuaresma.
    






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