lunes, 7 de junio de 2010

Respetar y promover verdad moral en la política, pide el Papa Benedicto XVI

Respetar y promover verdad moral en la política, pide el Papa Benedicto XVI


NICOSIA, 05 Jun. 10 (ACI).- En el Palacio Presidencial de Nicosia al que llegó para la visita de cortesía al mandatario Demetris Christofias, el Papa Benedicto XVI dirigió un discurso en el que alentó a respetar y promover la verdad moral en la política a través de tres vías: actuar de manera responsable partiendo del conocimiento de los hechos, poner al descubierto las ideologías políticas que pretenden suplantar la verdad y esforzarse constantemente para fundamentar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural.

En sus palabras a las autoridades civiles y al cuerpo diplomático en los jardines del Palacio Presidencial, el Santo Padre recordó que la Iglesia aprecia el servicio público. Desempeñado con fidelidad, éste "permite crecer en sabiduría, integridad y realización personal. Platón, Aristóteles y los estoicos daban una gran importancia a esta realización –endemonia– como objetivo de la vida humana, y veían en la dimensión moral la vía para lograr esta meta. Para ellos, así como para los grandes filósofos árabes y cristianos que siguieron sus huellas, la práctica de la virtud consistía en actuar conforme a la recta razón, en la búsqueda de todo lo que es verdadero, bueno y bello".

Benedicto XVI resaltó luego la exigencia de trabajar siempre por el bien común y reiteró lo ya dicho por el querido Juan Pablo II, quien en la encíclica “Veritatis splendor” escribió que "la obligación moral nunca debería ser vista como una ley impuesta desde fuera y que reclama obediencia, sino como una expresión de la sabiduría misma de Dios, a la que la libertad humana se somete con solicitud".

Tras subrayar la importancia de la verdad en las relaciones de las personas, los pueblos y las naciones, el Papa recalcó que "la rectitud moral y el respeto imparcial por los demás y su bienestar son esenciales para el bien de la sociedad, ya que crean un clima de confianza en el que los intercambios humanos, ya sean religiosos, económicos, sociales o culturales, civiles o políticos, adquieren fuerza y vigor".

Al exponer las vías para respetar y promover la verdad moral, el Papa Benedicto XVI planteó tres formas. La primera, dijo, consiste en "actuar de manera responsable partiendo del conocimiento de los hechos. Como diplomáticos, sabéis por experiencia que este conocimiento os ayuda a identificar las injusticias y ofensas, así como a considerar de manera desapasionada los intereses de todas las partes involucradas en una determinada disputa. Cuando las partes superan sus propios puntos de vista sobre lo ocurrido, adquieren una visión objetiva y completa".

"Quienes deben resolver dichos conflictos son capaces de tomar decisiones justas y promover una auténtica reconciliación, cuando admiten y reconocen la verdad completa sobre una determinada cuestión", añadió.

"Una segunda vía para promover la verdad moral consiste en poner al descubierto las ideologías políticas que pretenden suplantar la verdad. Las trágicas experiencias vividas durante el siglo veinte han desenmascarado la inhumanidad que resulta de la supresión de la verdad y la dignidad humana. En nuestros días, asistimos a continuos intentos de fomentar supuestos valores bajo la apariencia de paz, desarrollo y derechos humanos".

Como ejemplo de esto rememoró su discurso a las Naciones Unidas en donde alertó sobre la tendencia "a reinterpretar la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el objetivo de satisfacer intereses particulares, que comprometerían la coherencia interna de la propia Declaración, apartándose de su intención original".

La tercera vía, consideró el Papa, está en el "esfuerzo constante para fundamentar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural. Esta exigencia, en el pasado, fue considerada como algo evidente, sin embargo, la corriente positivista en las teorías legales contemporáneas está pidiendo la recuperación de este axioma fundamental. Individuos, comunidades y estados, sin la guía de verdades morales objetivas, se volverían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar más peligroso para vivir".

"En cambio, respetando los derechos de las personas y los pueblos se protege y promueve la dignidad humana. Cuando las políticas que propugnamos se encuentran en armonía con la ley natural, que pertenece a nuestra común condición humana, nuestras acciones se vuelven más sensatas y contribuyen al desarrollo de la comprensión, la justicia y la paz", concluyó.

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